De tapas en Salamanca, ruta por los mejores locales

Todos sabemos que tapear en Salamanca es hacerlo en una de las mejores ciudades del mundo. Pero hoy queremos mostrarte algunos lugares donde los pinchos han dejado la tradición para convertirse en pequeñas obras de arte. Olvídate de calamares y morunos, y empieza a familiarizarte con las ‘gastro-tapas’. Sin moverte de los alrededores de la bellísima Plaza Mayor, te proponemos establecimientos indispensables para disfrutar del nuevo concepto de tapas en Salamanca. Sus pilares, la cocina de mercado con productos autóctonos y mucha, mucha creatividad.

Cuzco Bodega

Juan del Rey, 5

En el número 5 de la calle de Juan del Rey se ubica Cuzco Bodega, de los propietarios del restaurante de igual nombre. Con una carta de tapas en Salamanca de lo más variada y un servicio realmente amable, ofrecen también raciones. Nosotros probamos carpaccio de bacalao, carrillera ibérica al vino tinto; el especial de la casa, un Cuzquito -pan tostado, tomate aliñado y jamón- y una mini hamburguesa de morucha.

Carpaccio de bacalao
Carpaccio de bacalao, en ‘Cuzco’
Carrillera ibérica al vino tinto, en 'Cuzco'
Carrillera ibérica al vino tinto, en ‘Cuzco’

Oro Viejo

Plaza de San Benito, 5

Héctor Carabias cuenta con una dilatada experiencia, habiendo trabajado con algunos de los cocineros de mayor reconocimiento de España. En Oro Viejo trabaja producto de primera calidad para recuperar sabores tradicionales. Croquetas de cocido con mermelada de pimientos asados, taco de panceta asada, salsa de curri, boniato asado, encurtidos y cilantro, ceviche de salmón, leche de pomelo, canchita y tamarindo

Tapas 2.0

Felipe Espino, 10

Nuestros lectores ya conoceréis Tapas 2.0, uno de nuestros favoritos para tapas en Salamanca. Actualmente, cuentan con dos locales regentados por Jorge Lozano -en la cocina- y Soraya Sánchez -detrás de la barra-. Hemos ido probando muchos de sus pinchos en diferentes visitas. Patatas bravas, croquetas, sopas de ajo, menestra de verduras con cordero, patatas con costilla, mejillones en escabeche casero, callos y morros de ternera guisados

Tapas en Salamanca
Bali hot dog, en ‘Tapas 2.0’
Callos guisados de Tapas 2.0
Callos y morros de ternera guisados, en ‘Tapas 2.0’

iPan iVino

Felipe Espino, 10

Luis de Andrés cambió Madrid por Salamanca, pero conseguió hacerse hueco rápidamente en la gastronomía charra. iPan iVino es ya un referente de las tapas en Salamanca. Con una carta en formato de ración y media ración, su oferta de vinos es una de las más interesantes de la Ciudad del Tormes. Mollejas de ternera con curri rojo, timbal de morcilla, pera y queso de Hinojosa, burrito de secreto ibérico con achiote, verduras y guacamole, sardinas ahumadas con ajoblanco… Dispone de menú diario de lunes a viernes no festivos.

La Sastrería Del Mercado

Plaza del Mercado, 8

Mollete de carne mechada con queso fundido y trufa, burrito de pollo con kimchi y pico de gallo, ensaladilla rusa del sastre, alcachofas en tempura con parmesano y barbacoa japoLa Sastrería Del Mercado se adaptó como un guante a la oferta de tapas en Salamanca desde que abrió sus puertas. Y ya es otro imprescindible.

Las Tapas de Gonzalo

Plaza Mayor, 23

Bravas, croquetas de jamón ibérico, manitas de cerdo, steak tartar de morucha, sashimi de atún rojo… Si buscas tapas en Salamanca con vistas a la Plaza Mayor, Las Tapas de Gonzalo es tu sitio. Producto de calidad y creatividad son dos de sus señas de identidad.

Vinodiario

Plaza de los Basilios, 1

Con una de las mejores cartas de vinos por copas para tapear en Salamanca, Vinodiario cuenta, además, con una coqueta terraza. Tostas, tablas de embutidos, ensaladas muy apetecibles y propuestas como papas arrugadas con mojo picón verde o pasta fresca con parmesano y rúcula, te esperan.

¿A qué estás esperando para descubrir las mejores tapas en Salamanca?

‘El Ruedo’ (Candelario-Salamanca)

A la entrada del pueblo más bonito de Salamanca, Candelario, se encuentra el mejor restaurante de la localidad, El Ruedo. En su cocina tradicional destacan platos muy elaborados donde siempre prima el producto de mayor calidad. Verduras de temporada de su propia huerta ecológica, setas, así como carnes, quesos y embutidos ibéricos de la comarca.

Carta micológica

Destaca su amor incondicional por la micología, con presencia de diferentes especialidades con setas entre su oferta culinaria: sopa de hongos con foie y piñonesrevuelto de rebozuelos con hebras de calamartartar de amanita caesarea y trucha ahumadalagarto ibérico con oreja de Judas y hongoslomo de ciervo con angulas de monte

Tataki de salmón y rebozuelos
Tataki de salmón y rebozuelos
Boletus con jamón ibérico y parmentier de queso
Boletus con jamón ibérico y parmentier de queso

Su amplia carta está pensada para satisfacer a todos los paladares. Para quien busca opciones de ‘toda la vida’: sopa castellana con huevo escalfado, chuletillas de cabrito lechal o chuletón de morucha. Para quellos que preferimos algo distinto: tataki de salmón y rebozuelos; carpaccio de ibérico, foie y jamón; milhojas de calabacín con morcilla de Burgos, crema del Casar y galleta de cereales; ensalada de melón, menta y salmón ahumado a la crema agria; gazpacho de rúcula y manzana ácida con piruleta de queso de cabra…

Carpaccio de ibérico, foie y jamón
Carpaccio de ibérico, foie y jamón
Tartar de tomate con crujiente de queso
Tartar de tomate con crujiente de queso
Pulpo soasado sobre crema de patata y chips, en 'El Ruedo' (Candelario)
Pulpo soasado sobre crema de patata y chips

Los postres, todos caseros, no desmerecen el resto del menú: pastel de castañas y chocolate caliente, tarta de queso aromatizada con frutos del bosque, tarta de chocolate caliente con mermelada de naranja amarga y crema de leche, flan de higos o un originalísimo tiramisú ‘deconstruido’.

Tiramisú, en 'El Ruedo' (Candelario)
Tiramisú
Tarta de queso y té matcha, en 'El Ruedo' (Candelario)
Tarta de queso y té matcha, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

La bodega de El Ruedo es acorde a su oferta culinaria. Vinos de la tierra: Viñas del Cámbrico, 575 Uvas, Zamallón Osiris, Hacienda Zorita, La Zorra… También, una amplia variedad de riojas y riberas. Y pequeñas muestras del Bierzo, Extremadura, Castilla-La Mancha o Costers del Segre, todos ellos a un precio más que competitivo.

El Ruedo
Una bodega sorprendente

Un menú del día de calidad

Y, si buscas menú del día en Candelario, también está disponible de lunes a viernes, con tres primeros y tres segundos a elegir, postre, pan y vino a un precio inmejorable. Y, en fin de semana y festivos, un ‘plato del día’. 

Al frente del negocio se encuentra Pepe, que con maestría torera también atiende la barra donde degustar excelentes tapas y una amplia variedad de vinos por copas. Acompañado de su encantador hermano Félix, han apostado por una cocina distinta en Candelario y se han ganado, con creces, nuestros estómagos y el de cualquier turista que se acerca a este incomparable pueblo de Salamanca. No hay visita por nuestra parte donde El Ruedo no entre en nuestros planes.

‘El Alquimista’ (Salamanca)

Hace ya bastantes meses que nos reencontramos con ‘El Alquimista’, pero una comida familiar la pasada semana ha sido la excusa perfecta para escribir este nuevo post gastronómico sobre uno de los restaurantes con más futuro y presente de Salamanca. La pareja formada por César Niño y Sandra Martín -en la cocina y al frente de la sala, respectivamente- tiene una larga experiencia en el sector y un pasado común en ‘Mugaritz’, además de haber sido los artífices del desaparecido ‘TeVere’, local pionero en la ciudad en la denominada ‘cocina en miniatura’.

El Alquimista
Palabra de Coelho…

Aunque hace tan sólo unos días que ‘El Alquimista’ ha renovado su carta, la mayoría de platos de esta entrada siguen disponibles, ya que se han convertido en clásicos que el público demanda, como la refrescante Ensalada crujiente de queso de cabra, manzana Granny Smith y vinagreta de miel y mostaza, los delicados Raviolis de buey de mar con curry de espinacas, hierbas aromáticas y polvo de cacahuete o los contundentes Callos de ternera a la madrileña con taquitos de jamón y chorizo ibérico.

El Alquimista
Ensalada crujiente de queso de cabra, manzana Granny Smith y vinagreta de miel y mostaza

El Alquimista
Raviolis de buey de mar con curry de espinacas, hierbas aromáticas y polvo de cacahuete

El Alquimista
Callos de ternera a la madrileña con taquitos de jamón y chorizo ibérico

El Alquimista
Terrina casera de foie

Tres pescados y siete carnes son las propuestas potentes del menú de ‘El Alquimista’, donde los puntos fuertes son la ejecución y el producto, con guiños a la tierra salmantina en forma de lechazo charro, lenteja de La Armuña o patatas meneás. Raciones generosas y muy bien presentadas, como un original Calamar a la plancha con bizcocho ligero de su tinta y crema de sopa de panManitas crujientes y melosas con langostino tigre o Bola de cerdo ibérico, falsa morcilla de Hinojosa con calabaza y salsa de naranja.

El Alquimista
Calamar a la plancha con bizcocho ligero de su tinta y crema de sopa de pan

El Alquimista
Manitas crujientes y melosas con langostino tigre y vinagreta de lenteja de La Armuña

El Alquimista
Lomo de bacalao confitado con pastel de patatas meneás

El Alquimista
Bola de cerdo ibérico, falsa morcilla de Hinojosa con calabaza y salsa de naranja

El momento dulce no se queda atrás y cumple con creces la expectativas de los más golosos, con una inolvidable Tarta de manzana al momento, que se sirve caliente para contrastar con el helado de vainilla de acompañamiento, las sabrosísimas Texturas de chocolate con aceite de oliva y sal o una divertida Piña a la piña con piña.

El Alquimista
Tarta de manzana al momento con crema doble a la vainilla

El Alquimista
Texturas de chocolate con aceite de oliva y sal

El Alquimista
Cremoso de chocolate al Brandy con crema de castañas

El Alquimista
Piña a la piña con piña

La carta de vinos, donde abundan las referencias más clásicas en forma de Rioja y Ribera del Duero, deja sitio a algunos de la zona y otras D.O. menos conocidas, como las de Extremadura, Alicante o Mallorca.

El Alquimista
Habla del Silencio…

El servicio de ‘El Alquimista’, muy amable, se queda justo en fin de semana, lo que conlleva algo de tardanza en el reparto de cartas o a la hora de coger la comanda. Un mal menor que suplen con una sonrisa y buena disposición. El precio medio ronda los 25 euros por persona, lo que les convierte en una de las mejores RCP de Salamanca. Los encontrarás en el número 6 de la Plaza de San Cristóbal.

Taberna La Fernandica (Ledesma-Salamanca)

Quedan cada vez menos sitios auténticos donde disfrutar comida casera de verdad, de la que hacen madres o abuelas con mimo durante horas. Uno de esos lugares es la Taberna La Fernandica, en la localidad salmantina de Ledesma.

Una casa de comidas con tres generaciones a sus espaldas

Tres generaciones han regentado esta humilde casa de comidas donde sin rascarte el bolsillo puedes comer en abundancia platos de toda la vida. Y cuando la definimos así es porque es verdad, se trata de una típica casa de pueblo con tres habitaciones convertidas en comedores, baño y cocina de leña. No te extrañe que te sienten a la entrada de la misma, ya que siempre está lleno, pero no te importe lo más mínimo.

No hay carta ni lista de precios. Mari Tere -hija de Tere, el alma del local- te recitará los platos de memoria y te apetecerá probarlos todos: entremeses, alubias, sopa castellana, rabo de toro, chuletón, codornices, solomillo en salsa…

¡Una de huevos con limones!

La primera vez que fuimos a Ledesma descubrimos los huevos con limones, un bocado típico de los Corpus que, dicen, es perfecto para depurar el organismo tras una noche de fiesta. Desde entonces no faltan en nuestra mesa de La Fernandica cada vez que vamos. ¡Nos encantan!

Huevos con limones

Sopas de ajo, en Salamanca es habitual que lleven trozos de jamón y huevo escalfado.

Sopas de ajo

Patatas revolconas, hechas casi puré y bastante picantes, deliciosas.

Patatas revolconas

Callos de ternera

Tostón cuchifrito, crujiente y sabroso

Taberna La Fernandica (Ledesma-Salamanca)

Cordero cuchifrito

Taberna La Fernandica (Ledesma-Salamanca)

La estrella de La Fernandica es, sin duda, su mesa de quesos -barra libre- con muchas variedades de Castilla y León. Y donde, como dice Tere, hay que probar el que se sirve a la Casa Real.

Mesa de quesos

Flan y membrillo caseros a discreción (coma todo lo que quiera) antes del café de puchero y unos chupitos.

Durante toda la comida Tere se acercará a tu mesa para preguntar qué tal está todo y repetir sus frases más famosas. «¡Hijos, es que no coméis nada!» o «Come, hija, que estás más delgada que la Schiffer». Lo dicho, comida casera y trato familiar por 20 euros/persona. ¿Alguien da más por este precio?

Dato importante: no aceptan pago con tarjeta de crédito.

‘El Tostón de Oro’ (Mozárbez-Salamanca)

El Tostón de Oro es uno de esos restaurantes que no se olvidan. No sé si por el calor de la chimenea, los platos de barro, la buena compañía que he tenido siempre o, simplemente, la comida. Casera, preparada con cariño, típica de mi tierra, de mi Salamanca. Sabor a carne asada al horno de leña, a maruja, a vino tinto, al perfume de mi padre (se lo pone en sus canosas barbas y siempre se me queda en los labios cuando le beso). Esas asociaciones que hacemos los humanos, que perduran en la memoria con el paso de los años y sabes que son parte de ti, de tu vida.

Cocina casera y auténtica

El Tostón de Oro no tiene en su cocina a un chef con Soles Repsol, ni un sumiller que asesore sobre los diferentes tipos de vino de su bodega. En su lugar, un modesto comedor y una pequeña carta con las propuestas justas. Pero contundentes: pochas con chorizo, sopa castellana, mollejas de cordero, arroz con bogavante, bacalao al horno o chuletón de ternera.

En una de nuestras escapadas a Candelario, nos acercamos para que Jota lo conociera, y vaya si le gustó. Compartimos unas anchoas del Cantábrico con miel y una ensalada de maruja.

Anchoas del Cantábrico con miel
Anchoas del Cantábrico con miel

No sé si todos conocéis este verdadero manjar. La maruja o pamplina es una delicada planta que crece al borde los arroyos y regatos limpios al inicio de la primavera. Y lo hace durante muy pocos días, lo que la convierte en cotizadísima. Se aliña con ajo machacado, sal, vinagre y aceite de oliva y es un acompañamiento perfecto, sobre todo, con carnes. Tiene un cierto sabor terroso y el ajo se queda en el aliento como un demonio, pero es tan diferente a cualquier otra cosa que haya probado que me encanta.

Ensalada de maruja
Ensalada de maruja

Como su propio nombre indica, el tostón es la especialidad de la casa. Lo bordan. Con la piel tan dorada y crujiente, pero al mismo tiempo con la carne tan tierna y jugosa. En una capital grande como Madrid estaría entre los lugares que todo turista debería visitar, como el archiconocido Casa Botín.

Tostón asado
Tostón asado

Tampoco vamos a restarle méritos al cochinillo cuchifrito (primero cocido y después frito en pequeños trozos). Como veis ambos se sirven solo con patatas, ya que no les hacen falta más florituras ni acompañamientos.

Cochinillo cuchifrito

Lo regamos con un buen tinto, de los que nunca falla, un Marqués de Cáceres Crianza 2008.

Marqués de Cáceres Crianza 2008

El Tostón de Oro está en la localidad salmantina de Mozárbez, a doce kilómetros de Salamanca en dirección a Béjar. Sal de la autovía y haz un pequeño rodeo para encontrarlo. ¡No te arrepentirás!

‘La Artesa’ (Candelario-Salamanca)

Como sabéis Candelario es, después de Madrid, Salamanca y Léon, nuestra segunda casa. En ella nos sentimos como pez en el agua, paseando por sus empinadas calles, bebiendo de sus fuentes, contemplando los paisajes naturales y disfrutando de su excelente y variada gastronomía como la que ofrece La Artesa.

Ya os hemos hablado de algunos de sus restaurantes, en los que abundan los platos micológicos, guisos típicos de la zona, como el calderillo bejarano, asados o truchas de río. Pero lo tradicional no tiene por qué estar reñido con la innovación, y en La Artesa dan buena muestra de ello. La carta es completa y muy variada, con propuestas tan sugerentes como ensalada de pechuga de gallo escabechada con rulo de cabra y piñones; lomos de sardinas ahumadas sobre kumato; albóndigas de retinto con ragut de calamar o milhojas de solomillo de ternera con foie y setas

Durante la época estival habilitan una carpa en el jardín, convirtiéndolo en un coqueto y romántico espacio en el que disfrutar de los mejores manjares con el único sonido del agua de la fuente que lo preside.

Comenzamos con tres entrantes frescos, de cuidada textura y presentación, y a cada cual más delicioso.

Ajoblanco con langostinos
Ajoblanco con langostinos
Salmorejo
Salmorejo
Gazpacho de cerezas del Jerte y licor
Gazpacho de cerezas del Jerte y licor

Seguimos con bacalao confitado con crema de aceite de oliva y tripas estofadas, una tajada fresca, muy bien cocinada y contundente.

La Artesa

Atún rojo a la plancha con reducción de Módena y sal Maldon, sorprendente y delicioso.

La Artesa

Pluma ibérica con salsa de Torta de la Serena, jugosa y tierna, con el exquisito toque del queso de oveja servido en cucharita.

La Artesa

Postres ideales para los más golosos

Los postres son apetecibles cada uno de ellos, pero había que elegir… Mousse de chocolate con natillas inglesas, ideal para los adictos al azúcar.

La Artesa
La Artesa
Sorbete de mojito

Crema de mascarpone con mango helado y azafrán, genial la idea de la fruta helada y el color que adquiere la mezcla por el toque de la cotizada especia.

La Artesa
La Artesa
Chupitos de hierbas, inspirados en la Torre de Pisa, invitación de la casa

Nuestro acompañamiento, un Viña Pomal Reserva 2006, excepcional.

La Artesa
Viña Pomal Reserva 2006

La factura para tres personas fue de 112 euros, una relación calidad-precio fantástica.

En Candelario también hay restaurantes en los que se puede comer menú del día por 12 euros, como El Ruedo. Si preferís las populares carnes de la zona, no dejéis de visitar La Posada de Candelario o La Candela.

La Artesa es también un hotel rural con siete habitaciones y está situado en pleno centro del pueblo, en el número 37 de la Calle Mayor.

‘Mesón Viejo del Jamón’ (Cuatro Calzadas)

A 17 kilómetros de Salamanca, en Cuatro Calzadas -término de Martinamor- se encuentra el Mesón Viejo del Jamón, un restaurante ‘de los de toda la vida’, por el que a lo largo de los años han pasado miles de personas que transitaban la Ruta de la Plata en uno u otro sentido.

A pesar de que la construcción de la autovía que lleva hasta Béjar hace que ya no se pase delante de él, merece la pena coger un pequeño desvío para ir a disfrutar la joya de la casa, el jamón ibérico, además de otros embutidos y sus excelentes carnes.

Jamón ibérico
Queso
Mollejas
Cochinillo asado
Solomillo de ternera a la pimienta

Nosotros lo acompañamos de una jarra de vino de la casa, un pelín dulce, pero todo un clásico en nuestros viajes a Candelario. El precio medio es de unos 30 euros por persona, aunque disponen de menú del día y menú infantil.

En verano, además, puedes aprovechar para tomar un cóctel en su encantadora terraza, El Jardín de Gabriela. Si has llegado hasta el Mesón Viejo del Jamón con niños, aprovecha para que disfruten con piscina de bolas, consolas e hinchables, en la zona especial habilitada para ellos.

Y si te ha gustado el embutido tanto como a nosotros, en su tienda puedes llevarte a casa la mayoría de productos de su carta envasados al vacío.

‘La Cueva de La Múcheres, por Ignacio Carnero

Quizá y sin quizá; es decir: con absoluta seguridad, pueden contarse con los dedos de ambas manos los habitantes de la Ciudad del Tormes que saben a ciencia cierta dónde se ubica la cueva con nombre tan extraño que hoy ocupa estas líneas viajeras.

Si bien la citada gruta hace ya un buen puñado de años se encontraba bastante apartada del núcleo urbano, hoy por hoy, como consecuencia de la expansión propia del progreso, por sus proximidades y en jornadas lectivas transitan a diario cientos de estudiantes, camino de las aulas de sus respectivas Facultades. Pues referido rincón, resultante de algún cataclismo mientras se transformaba el caos primero del universo en el mundo más o menos principio del actual, por nadie sabe qué capricho geológico, se halla situado en el límite sur del recinto del campus Miguel de Unamuno, mirando al apacible Tormes, que se desliza a sus pies.

Aunque sólo sea a título de curiosidad, es menester airear al respecto que dicho recinto universitario honra con tal nombre, con todo merecimiento bien es cierto, al más glorioso rector de cuantos rigieron los destinos del viejo Estudio, y de cuyo fallecimiento se conmemora en 2012 con diferentes actos culturales el septuagésimo quinto aniversario. Mas otro mandamás universitario, de cuyo nombre nadie quiere acordarse, bastante más reciente, harto nefasto, funesto, abominable, nefando, etcétera, adjetivaciones y no insultos, sino definiciones todas ellas sin excepción, ganadas a pulso por sus diversas arbitrariedades lesivas para la Universidad y para nuestra ciudad, pretendió bautizarlo fatuamente con su propio nombre y apellido, considerándose con infinidad de méritos más que el ínclito profesor vasco para ostentar dicha denominación. Merecimientos tales, por ejemplo, como encenagar en un desprestigio nunca visto a la ocho veces centenaria institución académica, primero; y, después, barrer y borrar a la más noble y genuina institución financiera salmantina, extendida no ya sólo a nivel local y provincial, sino hasta regional e incluso nacional e internacional. La cual, por desmor de la ineptitud, la vanidad y el afán desmedido de su presidente en forrarse con euros fáciles, ha desaparecido de la faz de la tierra entre las garras y la codicia de políticos de tres al cuarto, defensores a ultranza de sandeces tales como músculos financieros o la millonaria campaña publicitaria ¿Qué pasa cuando un río se cruza en tu vida?, que aún están en mente de todos. Amén del fichaje, también espléndidamente pagado, de ¡un ex futbolista!, argentino por más señas, para desasnar con símiles futbolísticos, confundiendo de nuevo el tafanario con las témporas, a los empleados de la entidad crediticia tan infelizmente fenecida.

Pues bien; tras este inciso, acaso demasiado largo, pero absolutamente necesario para poner los puntos sobre las íes a un asunto aún sangrante en la ciudad y que interesa a tantísimos salmantinos ignorantes del mismo, es menester contar que la brujesca gruta fue morada mucho tiempo, durante la primera mitad del siglo XX, de cierto personaje medio novelesco, medio tragicómico y un punto salpimentado de poético cuyo inexplicable nombre era invocado con frecuencia por las personas mayores para meter miedo en el cuerpo, amansar y encarrilar a los pequeños más díscolos, revoltosos y berreones: “¡Mira que, si no eres bueno, llamo a la Múcheres!” “¡Que viene la Múcheres, como no te calles!”, en lugar de los clásicos Sacamantecas, Tío del Saco, Camuñas o Coco.

Es realmente asombroso que aún se conserve este espacio en la ciudad, y que las piquetas o las excavadoras hayan respetado este hueco mientras cimentaban los grandes edificios que conforman en la actualidad el campus salmantino. Como no sucedió, por ejemplo, con la aceña donde, según es fama, nació nuestro impar Lazarillo, con la bucólica fuente de la Zagalona, el Teatro Bretón, el Cine Moderno o el Taramona…

En Santiago de Compostela, sin ir más lejos, guardan como oro en paño la Casa de la Troya, plagada de placas conmemorativas, tanto en honor a la simpática estudiantina protagonista de la novela cuanto al autor de ésta. En Madrid, otras recuerdan la casa en que falleció Galdós; en donde escribió o murió Lope; en la que Fígaro se levantó la tapa de los sesos descerrajándose un tiro, etcétera.

Dicen que por las noches, a altas horas de la madrugada, cuando es pleno el conticinio y la ciudad y sus alrededores duermen, de la cueva solitaria salen susurros de cantes flamencos, fandangos, jipíos, palmas y taconeos… Tal vez sean los espíritus jaraneros de cuantos antiguos moradores habitaron allí alguna vez, acogiéndose a la hospitalidad de la tal Múcheres, que ofrecía para dormir el santo y duro suelo de tierra junto al fuego, que malamente caldeaba la espaciosa estancia y todos sus recovecos en los crudos fríos esteparios de aquel paraje inhóspito, y calentaba los míseros pucheros, con los que también se abastecían de agua de la cercana fuente hace años desaparecida, conocida como La Zagalona, aumentativo de zagala, pero convertida por obra y gracia de la ignorancia más grosera en La Cagalona.

Acompañaban a la enigmática vieja murciélagos, ratones, cucarachas, arañas, sapos, ranas; y hasta quién sabe si algún que otro gallo negro, alguna lechuza, algún búho y telarañas, hormigas y escarabajos por doquier, como si se tratara del escenario ideal para la celebración de algún aquelarre. Pues aquella especie de bruja, aunque su escoba, que nunca debió de barrisquear el tugurio y sus aledaños, fuera más rápida que el viento, no iba a desplazarse por los aires hasta los antros de Zugarramurdi…

Accesible a todo el mundo la covacha tras la muerte de su legendario ocupante, y después de albergar durante escaso tiempo cierto establecimiento hostelero mientras, allá por septiembre de 1965, aquel extrarradio se convirtió en asentamiento de la I Feria Monográfica de Ganadería, fue luego refugio constante de mendigos, gentes sin techo, drogadictos, y acogió toda suerte de amores y desamores, turbulentas fogosidades, caricias y besos de parejas rijosas, que en aquella soledad apagaban sus ardentías. Sirvió también de evacuatorio perenne de gentes sin civilizar y testigo de otros menesteres, hasta el extremo de que las dos aberturas que constituyen la entrada principal y la secundaria tuvieron que enrejarse en evitación, a rajatabla, de semejantes desmanes.

Hoy es vecina del Centro de Investigación del Cáncer, en unos de cuyos peldaños de la escalinata de acceso por la puerta trasera, no pocos estudiantes, estudiosos e investigadores se sientan por turnos a fumar sus cigarrillos. Esos que aseguran ser mortales por sus cargas de nicotina, alquitrán, arsénico, benceno, cadmio, polonio y otro cuarto de millar, a lo que dicen, de sustancias carcinogénicas que contienen los malos humos del tabaco y que empodrece desde los pulmones hasta los tuétanos del alma…

En esa caverna malvivió y feneció la portadora de apodo tan misterioso como “La Múcheres”, derivado nadie sabe cómo ni por qué, o si con algún parentesco con mujer, muxer, mulier o mucher. Ocurrió su óbito en fecha imprecisa, a partir de la cual parece ser comenzaron a declinar los temores y respetos de la chiquillería salmantina, llegando al máximo las cuchufletas aquella tarde en que una criatura de las de entonces, al ser conminada como era costumbre por algún mayor -“¡Si no eres bueno, aviso a La Múcheres!”-, el mocosuelo exclamó con toda la desvergüenza del mundo: “¡La Múcheres esa toca al nene pilila!”

Histórico.

‘Fuentes de Candelario’ (I), por Ignacio Carnero

“Siempre hay nieve en la sierra”… comienza diciendo Eugenio Noel en el maravilloso artículo Cuernos en Candelario, escrito en el primer tercio del pasado siglo, en plena efervescencia de sus campañas antiflamenca, antitaurina, anticlerical y anti todo, en busca de antídotos para tantos males como afligían entonces al país de nuestros pecados, bastante más que cuantos nos aquejan en estos días cada vez más inquietantes.

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‘Una cuchara en Los Arapiles’, por Ignacio Carnero

Pues parece mentira, aunque sea una verdad perogrullesca, incontestable a todas luces, que así como quien no quiere la cosa han transcurrido ya casi doscientos años desde el memorable 22 de julio de 1812, fecha aquella en la que se libró la célebre batalla entre los dos altozanos conocidos como Los Arapiles, el Grande y el Chico.

Resulta igualmente asombroso y punto menos que increíble, que, al cabo de estos dos siglos con incontables millares de curiosos explorando y husmeando por aquellos inhóspitos parajes en busca de tesoros históricos de cualquier tipo -como un relicario, una medalla, un hueso, una bala, un diente, una moneda, un botón, una insignia, un dije, una herradura, un amuleto, una sortija, etcétera-, haya sido el bitacorista, que de tarde en tarde se pierde sin mucho venir a cuento por aquellos andurriales, quien hallara como por ensalmo no hace tanto tiempo una antigua cuchara sopera, herrumbrosa tras tantos años de abandono bajo la cruda intemperie de soles despiadados, escarchas, tormentas, nieves, hielos, ventiscas esteparias y todos los cierzos desatados del universo…

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‘Crustáceos decápodos, vulgo cangrejos’, por Ignacio Carnero

El autor se deleitó

Quizá parezca una simpleza o perogrullada o, tal vez, sea una impresión equivocada. Pero en estos tiempos que corren, tan desfavorables para la cultura en general dado que en un porcentaje rayano en el cien por cien de los habitantes de países ‘civilizados’ casi todo se reduce a conocer e idolatrar a auténticos chisgarabises que están embolsándose millonadas de euros a base de balones, pelotas, ruedas (salvo las de los esforzados, heroicos y épicos ciclistas, por supuesto) y volantes de potentes bólidos -todo redondo-, conviene recordar e incluso hasta aclarar, pues acaso se trate de la primera vez en su vida que se encuentran con los dos vocablos primeros del título, que se llaman crustáceos ciertos animales artrópodos de respiración branquial, con dos pares de antenas, que tienen costra o caparazón generalmente calcificado, y decápodos, porque están dotados con diez patas, como, por ejemplo, los cangrejos de río.

Aclarada, pues, tan preocupante, vergonzosa e increíble cuestión, el ‘bitacorista’ se sorprende ante el gran cúmulo de remembranzas entrañables y preñadas de nostalgias que casi siempre reverdecen en el interior de su mente por estas fechas ya casi a finales del estío, cuando los mayores cangrejos van ocultándose en las entrañas de ríos, regatos, arroyos y riveras, quién sabe si para hibernar y reaparecer luego con fuerzas renovadas en la siguiente primavera, aún muy lejana.

Habrán transcurrido, a buen seguro, alrededor de cincuenta años, ¡se dice bien y pronto, confirmando la certeza de aquel viejo dicho, según el cual no hay caballo ni viento que corra más que el tiempo!, desde cuando este articulista se inició en la captura cangrejeril, aunque no en el manejo de los aparejos fundamentales y habituales para esa pesca, como pueden ser los reteles y las pértigas con su horquilla correspondiente.

Porque algún tiempo antes, todavía imberbe, y cuando el columnista cursaba sus estudios eclesiásticos en el seminario salesiano de Zuazo de Cuartango (Álava), durante bastantes tardes de asueto de los jueves veraniegos los estudiantes se dedicaban con frecuencia a la honesta distracción de ‘apresar’ cangrejos en tramos cristalinos y poco caudalosos del río Bayas, que discurre por aquel valle. Y conste que se ha escrito adrede apresar (asir, tomar o coger con la mano), pues dichos animales eran así capturados, con valentía, a golpe de yema de sus tiernos dedos introducidos como cebos por entre las oquedades o intersticios de las roquedas musgosas.

Y así, a cada doloroso pinzazo propinado por el cangrejo de turno, éste, ingenuo, engañado, salía de su hábitat natural, prendido a la piel del dedo de los valientes, yendo a engrosar una gran lata de las de queso americano, dentro de la cual, rebosante de agua del propio río y sólo con sal y buen fuego, los mismos sistemas que debieron de usar los trogloditas, en breves minutos se ponían colorados como demonios y servían de suculento y barato aperitivo, al aire libre del valle. Si bien, quien disfrutaba y saboreaba sin rubor alguno -‘cuando seáis padres comeréis huevos’-, la mayor y más carnosa parte de la cangrejada era el director del seminario, cuyo plato rebosaba por norma cada jueves, mientras el resto de los profesores, que tampoco había participado en la sufrida captura de aquellos crustáceos, pecaban de envidia y gula insatisfecha mirando al superior sibarita, del que alguien, que no era otro que el que hoy redacta estas líneas, no podía por menos de mascullar: ‘Quien quiera cangrejos que se moje el culo’…

Pero, en fin, corramos un tupido velo para no proseguir por unos derroteros acaso harto espinosos, y avancemos unos años en el tiempo, ya más modernizados y provistos, por tanto, de los pertinentes reteles y pértigas, al par que nos desplazamos hasta corrientes más próximas a los entornos charros, como los ríos Guareña, en viejas tierras conocidas del sur zamorano, donde nos sorprendieron muchos amaneceres cargados de heladores rocíos y relentes; y, sobre todo, en las aguas del Huebra, donde cierto día sucedió que un familiar aficionado a la pesca y quien suscribe estas historietas, poniéndose ambos el mundo por montera, consiguieron repletar un saco, tal vez con ochenta docenas, que fueron guisadas para todos los gustos, como era lógico, ante tamaña cantidad. Unos, sólo con sal, al objeto de degustar su auténtico sabor; y otros, además de la sal, pimientos verdes, bastantes ajos, un pizco de guindilla, pimentón, un chorro de aceite, unas hojas de laurel, es igual que éste esté o no bendecido el Domingo de Ramos, y a fuego lento, llegando el caldo desde las manos hasta los codos de los comensales, pues nadie ha intentado usar tenedor y cuchillo para estos menesteres.

Probablemente fueran de los llamados americanos (Procambarus clarkii), que por ser nocivos para los cangrejos autóctonos, carecían de límites en cuantías y largores, al objeto de conseguir su exterminación, objetivo éste que jamás se logró ni logrará.

Era ya la época en que se establecía una más estricta normativa, vigilancia y control en torno a la práctica de esta actividad, imperando siempre el número ocho: ocho reteles por barba; ocho docenas de animales, por jornada de sol a sol; ocho centímetros desde el extremo central de la cabeza hasta el de la cola, para cuya medición servía el tamaño de un cigarrillo de marca Ducados.

Pues bien, en vista del éxito obtenido, la entonces larga familia del ‘bitacorista’, compuesta acaso por una veintena de miembros entre padres, hermanos, cuñados, nueras, nietos y sobrinos, organizó una comida campestre en Aldeávila de Revilla, a base de paella con abundantes y frescos cangrejos recién sacados del agua, y luego, por si alguien se quedaba aún con ganas, más y más cangrejos a discreción, hasta salir por las orejas.

Mas, ¡ay!, quizá hubiéramos descastado la vez anterior todas aquellas aguas, pues el hecho cierto fue que, tras varias horas depositando y levantando reteles, a las dos de aquella tórrida tarde de agosto volvió a hacerse bueno el refrán de que los días de mucho suelen ser vísperas de nada. Y entre el amarilleo burbujeante del arroz sólo lució su rojura un solo cangrejo, ¡uno!, más o menos testimonial, el cual, como era de justicia, fue a parar al estómago del padre, mientras a todos los demás se les hacía la boca agua.

Autor: Nacho Carnero

Qué ver en Candelario, uno de los Pueblos más Bonitos de España

Si tuviéramos que elegir otro sitio más para sentirnos en casa, además de Madrid, Salamanca y León, ese lugar sería este bellísimo pueblo. Ubicado en la sierra de igual nombre, a tan solo 76 kilómetros de la ciudad del Tormes, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1975. A continuación, te proponemos los mejores sitios que ver en Candelario.

Caminar por sus empinadas calles, parando de fuente en fuente, entre las viejas casas señoriales de no más de tres pisos, es una verdadera delicia para el paseante. Así como contemplar los balcones de madera y las típicas batipuertas que las protegen de la nieve.

Uno de sus signos más característicos lo constituyen las llamadas regaderas, con sus cristalinas aguas. Estas pueden ‘programarse’ para limpiar las calzadas en las que se encuentran, así como las colindantes.

Paseando por las calles de Candelario
J, paseando por Candelario
Regadera en Candelario
Regadera
Fuente del Barranco, en Candelario
Fuente del Barranco

Si algo caracteriza a Candelario es cómo ha sabido mantener la esencia del pasado, sobre todo, en sus viviendas con las tejas ‘del revés’ para protegerlas de las frecuentes nevadas y bajas temperaturas. Además del típico desván donde todavía son muchos los vecinos que curan la matanza casera con el humo de madera de castaño. O los ‘amarres’ para el ganado a la entrada del hogar.

Batipuertas para proteger las viviendas de las nevadas

Igual os preguntáis qué es una batipuerta. Podéis verla con más detalle en la siguiente foto y, como escribía antes, sirven para que la nieve no se cuele en las casas. También, permiten que las puertas permanezcan abiertas para dejar paso a luz natural en los portales. Una imagen clásica que ver en Candelario.

Batipuerta en Candelario
Batipuerta en Candelario
Amarres para ganado y caballos a las puertas de las casas de Candelario
Amarres para ganado y caballos a las puertas de las casas de Candelario

Qué ver en Candelario

-La ermita del Humilladero, justo a la entrada de Candelario, dedicada al Cristo del Refugio.

-El Museo de la Casa Chacinera, que abrió sus puertas es 2008 y es ideal para ir con niños. Se trata de una visita teatralizada donde, además, pueden degustarse productos típicos del pueblo, como embutido o perronillas.

-La iglesia parroquial, con un impresionante artesonado mudéjar, además de retablos barrocos y churriguerescos.

-La fachada del Ayuntamiento y, sin duda, su escalinata interior de piedra. Es uno de los lugares más espectaculares que ver en Candelario.

Ermita del Humilladero, Candelario
Ermita del Humilladero
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Cabinas de teléfono de madera
Cabinas de teléfono de madera

Restaurantes en Candelario

Al ser la localidad más turística de la zona, hay una buena variedad de restaurantes en Candelario. Además, en todos los bares os pondrán una tapa a elegir con cada consumición.

El Ruedo

Con el simpático Pepe al frente del negocio, ofrece un menú del día sin competencia de lunes a viernes. Su carta está repleta de auténticas delicias, muchas de ellas en torno al mundo de las setas. Con especialidad en platos de cuchara y carnes a la parrilla, tiene una de las mejores ofertas de vinos entre los restaurantes en Candelario. Precio alrededor de 30 euros/persona.

Revuelto de setas
Revuelto de setas
Tomates asados con pasas, piñones y mousse de pato
Tomates asados con pasas, piñones y mousse de pato

La Artesa

En plena Calle Mayor 57, con propuestas sugerentes y variadas. Ensalada templada de boletus con confitura de tomate; arroz meloso con gambas y setas; estofado de alubiones con almejas en salsa verde; albóndigas de retinto con ragut de calamar…

Además, los postres de uno de los mejores restaurantes en Candelario son para el recuerdo. Durante el verano, habilitan una coqueta carpa en el jardín que, de noche, resulta de lo más romántica. Precio alrededor de 35 euros/persona.

Bacalao confitado con crema de aceite de oliva y tripas estofadas
Atún rojo a la plancha con reducción de Módena y sal Maldon
Mousse de chocolate con natillas inglesas

La Posada de Candelario

La Posada de Candelario es una antigua casa chacinera del siglo XIX, convertida en hotel rural, en la calle Enrique Fraile, 31. Su acogedor salón de comidas está especializado en parrilladas y carnes a la parrilla. Uno de los restaurantes en Candelario donde saborear el auténtico sabor serrano.

Parrillada de buey y verduras
Parrillada de buey y verduras

La Candela

Con una decoración muy cuidada, al igual que la elaboración de sus platos, La Candela se localiza en Núñez Losada, 19. En uno de los últimos establecimientos en sumarse a la lista de restaurantes en Candelario, prima el producto local, cocinado con mimo y muy bien presentado. Imprescindible reservar.

Pasta fresca, boletus, gambas y coco
Pasta fresca, boletus, gambas y coco
Carpaccio de presa ibérica, jamón y foie, Candelario
Carpaccio de presa ibérica, jamón y foie
Tartar de amanita caesarea y trucha ahumada, Candelario
Tartar de amanita caesarea y trucha ahumada

Hoteles en Candelario

Al tener allí nuestra casa, confieso que nunca he probado ninguno de los alojamientos del pueblo. Pero son muchas las casas rurales, hostales y posadas donde se puede pernoctar por menos de 50 euros la noche. Todos los restaurantes en Candelario de los que os hemos hablado, excepto La Candela, disponen de habitaciones para huéspedes. Podéis encontrar toda la oferta hotelera de Candelario aquí.

*La información de este artículo ha sido actualizada en 2020.

‘Un calderillo y una gran amistad’, por Ignacio Carnero

Fue el sábado 25 de mayo de 1968, y, por tanto, se ha cumplido ya la friolera de cuarenta y tres añazos, cuando el ‘bitacorista’ degustó por primera vez en su vida el nutritivo, sabroso y típico calderillo bejarano, al que tanto oyera siempre ponderar.

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Tapas 2.0 (Salamanca) (II)

Tres meses después de haber descubierto Tapas 2.0 tocaba volver. Lo «malo» de ser blogueros es que tenemos que acompañar los textos de fotos y, a ser posible, no repetirlas, así que «no queda más remedio» que probar cosas nuevas. En el recuerdo tenemos las croquetas de Mari Pruden, el wok, las carrilleras…

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‘Hornazo, un bocado viripotente’, por Ignacio Carnero

Desde varias centurias atrás -postrimerías del siglo XVI o albores del XVII- y hasta no hace tanto tiempo el mujerío y la chiquillería de la ciudad de Salamanca llamaban eufemísticamente padre Lucas al que, en realidad, era conocido como padre Putas. No en vano éste era el encargado de la protección de las rameras locales mientras permanecían desterradas de la casa de la mancebía, extramuros del casco urbano, durante las Cuaresmas. Largos periodos anuales en que, por imperativos eclesiales y municipales al unísono, descansaban en el innoble ejercicio de la medianamente bien remunerada profesión del puterío.

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‘Exquisitos peces del Tormes’, por Ignacio Carnero

Meterse en la boca del lobo es exponerse cualquier persona, sin necesidad alguna, a un peligro cierto, de la índole que sea. Es igual que cuando se dice, más o menos finamente, tentar a Dios, buscar pan de trastrigo, jugar con fuego o buscarle tres pies al gato. Pero cuando se quiere manifestar cualquier indignación en grado superlativo, el pueblo llano utiliza otras frases más subidas de tono, rotundas y crujientes. Como, por ejemplo, tocar las partes nobles o los epidídimos, por no decirlo de manera más populachera o chabacana, tal que tocar los cataplines, etcétera…

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‘Huevos, limones y…’, por Ignacio Carnero

Ha llovido mucho ya, ¡y ojalá siga haciéndolo por lo menos otro tanto tiempo igual!, pues, así como quien no quiere la cosa, han transcurrido cuarenta años desde aquella Navidad de 1971, cuando este ilusionado alevín de escritor, punto menos que recién estrenado entonces en las duras lides literarias, se vio vinculado con la salmantina villa de Ledesma al encomendársele la redacción del auto Siempre en diciembre.

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Iglesia de San Miguel

Aunque premiados bastantes de sus trabajos narrativos con anterioridad, fue la publicación de su libro de relatos Un camino hacia la esperanza, candidato al premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes y al Fastenrath, de la Real Academia Española, el que cautivó la atención de varios miembros de la Asociación de Amigos de Ledesma, moviéndoles a confiarle la redacción dramatizada, para su representación anual en el teatro-cine San Miguel, de cierta leyenda piadosa muy arraigada en la localidad. Según la cual, en la iglesia de Santa María la Mayor de dicha villa reposan los restos de los pastores Jacobo, Isacio y Josefo, primeros mortales que adoraron al Niño en Belén, mientras, también es fama, en el cielo resonaban himnos de gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad…

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Restaurante ‘La Fernandica’

Evidentemente, esa tradición encierra una dudosísima autenticidad, pues nadie acierta a explicar qué pintan en este perdido rincón del universo tales reliquias. Si bien es algo similar a cuanto ocurre no sólo con los cientos de espinas de las que entretejieron la corona que ciñó la cabeza del mártir del Gólgota, desperdigados por otros tantos templos y conventos del anchuroso mundo, sino también con los miles y miles de diminutos fragmentos de madera de la cruz; con aquella pluma de las alas del arcángel San Gabriel; con un colmillo cariado del anacoreta San Barsanufio; y con un disparatado y cándido etcétera, que alguien quizá intentará engrosar con una supuesta lágrima de la Magdalena cuando enjugaba el sudor del Nazareno camino del Calvario…

Estrenada Siempre en diciembre con notable éxito, pero flor de un día, es de suponer que no volvió a representarse la breve obra. No fue óbice dicha circunstancia, empero, para que el autor, que no es otro sino el bitacorista firmante, dejara de acercarse con relativa frecuencia a la vieja Bletisa junto al Tormes para perderse, hechizado, por sus callejuelas bien empedradas y sus arboladas plazoletas, disfrutando del embrujo de siglos remotos que aún habita en el corazón de la villa, entre los recovecos de su muralla, en su granítica fortaleza, en sus iglesias, en los soportales de su plaza Mayor…

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Alubias de ‘La Fernandica’

Pero, indefectiblemente, luego de deleitar su espíritu con tanta belleza allí atesorada, procuró y procura obsequiar también su paladar en una de las más sorprendentes cocinas que todavía existen, rezumante de puros sabores gastronómicos de ayer, caseros y a fuego lento, a la sombra de la maravillosamente restaurada iglesia de Santa Elena.

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Callos de ‘La Fernandica’

En las paredes de La Fernandica, que así se bautiza el recoleto y acogedor establecimiento de nuestros pecados, cuelgan azulejos con refranes, consejos y consejas, frases y versos más o menos ingeniosos y celebrados por los lectores, mas todos ellos más viejos que la ribera del río: El camello es el animal que más aguanta sin beber ¡No seas camello!… Si bebes para olvidar, paga antes de empezar… Si quieres tener dinero quédate siempre soltero… La buena vida es cara; la hay más barata, pero no es vida… Más barato iría el pan si no lo comiera tanto holgazán… Si doy, a la ruina voy; si fío, aventuro lo que es mío; si presto, al pagar veo mal gesto; para evitar todo esto, ni doy ni fío ni presto… El hombre que, habiendo vino en la mesa, bebe agua, es como el que tiene novia, que la mira y no la besa…

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Huevos con limón

Puede allí degustarse una amplia variedad de manjares puros, no emputecidos con mixtificaciones, como los que de verdad cocinaban nuestras tataradeudas. Pero la obra maestra por excelencia de su cocinera, por buen nombre Teresa -la amabilidad personificada, y que acaso también recuerde por ello a las abuelas antiguas-, es una impar ambrosía, que la simpática mujer adereza como con mano encantada, la cual es obligado airear a los cuatro vientos para general conocimiento, y cuya composición es tan sólo a base de huevos bien cocidos, jugosos limones en su punto de acidez, aceite de oliva virgen, un pizco de sal… y, sobre todo, un toque de gracia, secreto y mágico.

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Tabla de quesos de ‘La Fernandica’

¡Plato humilde, singular en los tiempos que corren, y por el que, quizá y sin quizá, junto con un puñado de las típicas rosquillas de la localidad, merecería la pena acercarse incluso a pie, sin exageración alguna, pese a los treinta quilómetros que distan desde la capital hasta la plácida villa de Ledesma y La Fernandica, ésta dicen que centenaria! Autor: Nacho Carnero

Tapas 2.0 (Salamanca)

A pesar de la nieve y las gélidas temperaturas de estos primeros días de marzo, pasean2 regresó a su hogar para encontrar el calor de la familia y los amigos. Con uno de nuestros blogueros favoritos, muchavida, disfrutamos de una de las apuestas gastronómicas más interesantes que hemos descubierto en Salamanca en los últimos tiempos, Tapas 2.0.

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‘Chanfaina de Tejares’, por Ignacio Carnero

Caminaba con calma y dando reposo al alma, en compañía de su impagable soledad, la más entrañable amiga hasta los tuétanos siempre, y se encontraba ya el paseante en las afueras del salmantino barrio de Tejares. Enlazadas unas a otras por la cintura, un puñado de rapazas, a grito pelado, desaforadamente, cantaba una disparatada, simpática, hoy semiolvidada, pero antaño popularísima cantilena, medio desgargantándose como para enterar a toda la vecindad de su presencia:

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‘El primer mar’, por Ignacio Carnero

Por primera vez en su vida, aunque bien es cierto que sin pesar alguno y huyendo del mundanal ruido, el articulista no vivirá en la Salamanca de sus amores las ferias y fiestas septembrinas, que están a la vuelta de la esquina. Disfrutará esos días en tierras norteñas, a la vera del primer mar real que, si bien demasiado tardíamente, pues ya contaba 19 añazos, maravilló su vista, sobrecogió y hasta paralizó sus sentidos durante unos instantes, por la emoción, y cautivó su espíritu desde entonces para siempre jamás.

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