Una de las paradas del Rural Trip tuvo lugar en Aldatz, una población navarra de apenas 100 habitantes. Su mayor reclamo, además del entorno paradisíaco en el que se ubica, es la Sidrería Martitxonea. Esta casa tradicional del siglo XVII elabora sidra artesanal con las manzanas que ellos mismo cultivan. Desde mediados de enero y hasta mayo abren sus bodegas para degustar toda la sidra que uno desee y el menú típico de sidrería.
¿En qué consiste un menú de sidrería?
Estos menús, típicos de Navarra y el País Vasco, suelen componerse de tortilla de bacalao, poco cuajada y, a menudo, con cebolla.
La joya de cualquier menú de sidrería suele ser la carne a la parrilla. En este caso, era de buey y con el corte que apreciáis. Lo pedimos muy hecho. Y los amantes de las carnes sangrantes nos odian por ello.
Queso, membrillo y nueces es el postre que acompaña al menú de Sidrería Martitxonea.
Aunque el dueño de Sidrería Martitxonea te dará la opción de probar todas sus kupelas en un tour vaso en mano por toda la sidrería, resulta más que divertido servírtela tú mismo. ¡¡Txotx!!
Su origen está en las catas que antiguamente se llevaban a cabo con los compradores, que probaban la bebida directamente de la kupela y escogían la que más les gustaba.
Lauren, de Spanish Sabores, y Diego, de Momentos Rurales, perfectamente coordinados para que no se pierda ni una gota.
Pensar en Asturias es pensar en buena gastronomía, platos contundentes y raciones generosas de recetas tradicionales. Y es también pensar en sidrerías de Gijón. La cercanía del Cantábrico ofrece los pescados y mariscos más frescos, además de una interesante huerta y carnes de animales criados en los pastos más verdes. Es casi imposible comer mal en Asturias, pero la oferta es infinita y resulta complicado decidirse por un sitio. Nosotros os damos varias pistas para saborear la ciudad al máximo. Aquí os dejamos un listado de sidrerías en Gijón que hemos podido probar a lo largo de los años y que actualizamos regularmente con nuevos platos e incorporaciones.
La Galana es una de esas sidrerías en Gijón para darse un homenaje. Y para disfrutar de la cocina más tradicional con un toque vanguardista y cuidado. En su carta, delicias comotataki de atún rojo con salsa de soja y espuma de wasabi; ensalada de langostinos confitados y vinagreta de centollo o huevos cremosos, patatas, foie y reducción de Pedro Ximénez. Además, excelentes arroces, pescados y carnes de buey. En la barra de La Galana tambien es posible picotear a base de tapas y cazuelinas (marmitaco, fabada, chorizo a la sidra). Al mediodía ofrece un menú por 13,50 (18 euros en fin de semana) con dos primeros a elegir, segundo, postre y bebida.
2. El Requexu, Avenida de la Costa, 30
Aparte de la carta, hay que prestar atención a la pizarra de El Requexu, donde exponen las especialidades del día. Nosotros tuvimos suerte con una estupenda ventresca a la plancha (con cebolla ligeramente caramelizada y tomate natural) y cazuela de albóndigas de ‘pescao’ de roca y marisco con almejas y alcachofas. Si os gustan los arroces, el de la casa se compone de llámpares, calamar, chipirón y jamón. También pescados de la Rula de Avilés y raciones tan sugerentes como calamar fresco con mayonesa de lima limón o chipirones crujientes con arroz salvaje y trigueros.
3. Los Pomares, Avda. de Portugal, 68
Ganadores del premio a La Mejor Fabada del Mundo en 2015, Los Pomares es un clásico entre las sidrerías en Gijón. En su carta encontrarás productos de primera categoría cocinados con mimo y sabiduría. Oricios en temporada, manos de gochu, parrilladas de pescado y marisco, arroces, chipirones de potera, pulpo amariscado, cordero y lechazo de Peñafiel en horno de leña… Su pastel de cabracho es uno de los mejores de la ciudad y el arroz con leche, simplemente, espectacular.
4. El Veleru, Rosario, 2
Con una vistosa terraza ideal para comer o cenar, esta es una de las sidrerías en Gijón en Cimadevilla, el barrio más hípster de la ciudad. Ostras, almejas de Carril, besugo, rodaballo, lubina, bugre, centollo… El Veleru dispone de vivero propio y eso se nota en la calidad de sus productos y en sus guisos marineros. Además, carnes maduradas y arroces de escándalo. ¡Un homenaje de los buenos!
5. Sobiñagu, Leoncio Suárez, 60
Simmental, frisona, rubia gallega, chuletón de vaca charra, entrecot de angus, picaña de buey… Si eres un carnívoro confeso, no podrás resistirte a la parrilla de Sobiñagu Gijón, una sidrería donde la materia prima entra por los ojos expuesta en grandes vitrinas. En su extensa carta, además, tortos, chipirones, mejillones, pulpo, mariscos, pescados, cachopo o pixín con bugre.
Mención aparte merecen tanto su menú del día (10 euros) como el menú ejecutivo (21 euros), este último con delicias como patatas rellena de buey, arroz con rape y marisco, lenguado relleno o solomillo al foie.
6. El Llavianu, Plaza Ciudad de la Habana, 11
‘Si quies quedar como un paisanu, ven a comer al Llavianu‘. Inaugurada en 2009, El Llavianu Gijón goza de merecido prestigio. Sus parrilladas de pescado o marisco destacan por su calidad, así como selectas carnes que preparan a la brasa, pescados del día, cachopos o arroces. Las croquetas caseras también son espectaculares.
7. Parilla Sidrería Muño, Feijoo, 33 y Av. de Juan Carlos I, 42
Con dos localizaciones: Poniente y El Coto, esta sidrería en Gijón es el sitio ideal para un merecido homenaje con una monumental parrillada de pescados y mariscos (esta era para 2 personas, pero podían comer 4, perfectamente). Compuesta por zamburiñas, gambones, navajas, nécoras y ñocla (buey de mar), te aseguramos que, después, te chuparás los dedos. También bordan las carnes y pescados a la brasa, y cómo no, los cachopos. Tortos, croquetas caseras, pastel de cabracho, tablas de quesos… Nada defrauda en Parilla Sidrería Muño.
8. El Saúco, Valencia, 20
Fundada en 1977 por una pareja de zamoranos, El Saúco se ha consolidado como un referente entre las sidrerías de Gijón. El cochinillo asado es uno de sus platos estrella y su menú del día, más que recomendable por 10 euros con entrante, primero, segundo bebida y postre. También ofrece otros menús a base de parrillada de marisco, caldereta de pescados y marisco o arroz con bugre. Y, por encargo, cocido elaborado con garbanzos de Fuentesúco, como no podía ser de otra manera.
Su nuevo sistema de escanciado en sala de El Sáuco es de lo más original. Se paga por los ‘culines’ que hayas bebido y no tienes que preocuparte por ensuciar el suelo.
9. Tierra Astur Sidrerías, Playa de Poniente
En un ambiente mágico entre maderas, gigantes toneles-mesa y botellas de sidra, Tierra Astur es una de las sidrerías con más encanto de Gijón. Ofrece gastronomía tradicional asturiana, elaborada siguiendo las recetas de antaño. Con más de ciento cincuenta referencias en su carta, en ella encontrarás más de cuarenta tipos de quesos asturianos, embutidos de la tierra, o platos tradicionales como tortos de maíz, fabada, pote asturiano o fabes con almejas. A nosotros nos encatan los diferentes cortes de carne I.G.P. Ternera Asturiana.
10. Dakar, Juan Alonso, 11
Situado junto a la escalera 7, ‘el Dakar’, como es conocido entre los lugareños, es otro lugar imprescindible para disfrutar de la mejor gastronomía asturiana. Dispone de cetarea propia y algunas de sus especialidades son bacalao, huevos rotos con gambas al ajillo y salsa verde, llámpares (en temporada) o cachopo de ternera con cecina y queso de cabra. Una sidrería cerca de la playa de San Lorenzo a tener en cuenta.
11. Sidrería Parrilla Miravalles, Calle de la Playa, 6
Sidra y parrillada. ¿A que suena bien esta combinación? En Miravalles, a escasos metros de la Playa de San Lorenzo, bordan los productos preparados a la brasa. Chuletón de buey, costilla, chorizo criollo, matachana, entrecot, churrasco de angus… Y, si lo prefieres, parrilladas de mariscos o mixta (que incluye dos pescados del día). Otras especialidades son varios tipos de cachopo o caldereta de pescado y marisco. Los postres caseros son el remate perfecto a cualquier comida o cena en una de las mejores sidrerías de Gijón.
12. Rías Baixas, Poeta Alfonso Camín, 10
Con la mejor oferta vinícola que uno pueda imaginar, Rías Baixas es mucho más que una sidrería en Gijón. Déjate llevar por la sabiduría de Felipe y aprovecha para disfrutar de vinos únicos por copas. Y para comer, dos especialidades: arroz con bugre y pulpo amariscado. Guarda sitio para una tabla de quesos, que cambian cada poco tiempo a su propio antojo y son de una calidad insuperable. ¡Larga vida a Rías Baixas!
13. El Camín Encantau, Juan Alvargonzález, 41
Con horario ininterrumpido de 11 de la mañana a 12 de la noche, esta sidrería en Gijón ofrece uno de los mejores menús del día durante toda la semana (excepto martes, su jornada para descansar). Sopa de almejas o de marisco, croquetas caseras de jamón, arroz con carne, carrilleras a la andaluza, fritos de merluza, cazón en adobo, escalopines en salsa de Cabrales… ¿El precio? 10 euros, de lunes a viernes, 15 euros los sábados y 20, domingos. ¡Imposible resistirse!
14. El Museo, Avenida del Llano, 22
Somos muy fans del menú del día de Sidrería El Museo, que por 10 euros ofrece primero, segundo, tercero, bebida y postre. También hay una variada carta con carnes y pescados a la parrilla como especialidad. A nosotros nos encantan los mejillones a la marinera y los chipirones fritos de esta sidrería en Gijón. Y de postre, sin duda, arroz con leche.
15. Casa Toni, Avenida de Carlos Marx, 16/18
Con una de las mejores RCP entre las sidrerías en Gijón, Casa Toni es uno de nuestros preferidos para disfrutar de su completo y siempre apetecible menú del día por 10 euros. Si vas en fin de semana, el precio sube a 15, pero merece la pena para disfrutar de dos sus mejores platos de cuchara: fabada asturiana y sopa de mariscos.
16. Nueva Uría, Poeta Alfonso Camín, 32
Parrilladas de mariscos y pescados de lonja son las señas de identidad de Nueva Uría, otra de las sidrerías en Gijón a la que somos asiduos. Su terraza es una de las más cotizadas del Barrio del Llano, a un tiro de piedra del Parque de Los Pericones. Además de un variado menú del día por 10 euros de lunes a viernes; 15 euros, sábados, y 20, domingos, dispone de una amplia carta con excelentes ibéricos, brochetas, cebollas rellenas, ensaladas, tortillas, pulpo, chipirones, cachopos…
17. Sidrería Nueva Ibérica, Aguado, 38
Cocina tradicional asturiana en una de las sidrería en Gijón con ambiente familiar y localización junto a la Playa de San Lorenzo. Precios moderados en sus raciones para compartir y, también, menú del día por 10 euros. Sidrería Nueva Ibérica dispone de otros menús para dos, a base de cachopo o chuletón, por ejemplo.
18. Casa Rober, Calle del Rosario, 14
Si el hambre aprieta y buscas sidrerías en Cimadevilla,Casa Rober y su menú del día pueden ser una opción. Aunque el precio es más elevado que en otras sidrerías de Gijón -15 euros- podrás saborear auténticas recetas asturianas como fabada, bonito a la plancha, sopa de marisco o patatines con pulpo.
19. La Costa, Av. de la Costa, 32
Angus: lomo, picaña, vacío o entraña; solomillo argentino, chuletón de vaca con maduración, wagyū, mollejas a la parrilla… El paraíso para los amantes de la carne se encuentra en esta sidrería de Gijón con acento argentino. Además, en la carta de Sidrería La Costa encontrarás una amplia variedad de ensaladas, quesos y delicias del Cantábrico en forma de chipirones, pulpo a la brasa, sopa de mariscos o zamburiñas. Su oferta de vinos es sensancional, así que déjate asesorar y ¡disfruta!
20. Casa Ferino, Carr. Carbonera, 78A
Si te gustan los platos de cuchara, en Casa Ferino te esperan delicias como fabada, pote asturiano, fabes con almejas, menestra, paella de marisco o arroz con bogavante. Pero, también, pescados y mariscos típicos del Principado como pixín, bocarte, andarica o ñocla. Este último, en forma de salpicón, es una de las especialidades de la casa, al igual que las croquetas caseras. Aunque está alejado del núcleo turístico de la ciudad, para nosotros es una de las mejores sidrerías de Gijón.
¿Y para beber?
Sidra, siempre sidra. Las botellas cuestan algo más de 3 euros y os recomendamos que la pidáis con Denominación de Origen.
¿Estás planeando tu viaje y buscas dónde comer en Nueva York? A pesar de no disponer de una gastronomía propia, pocas ciudades en el mundo -o puede que ninguna- ofrecen una oferta tan amplia y variada. Es casi imposible no encontrar un local especializado en algún tipo de cocina -vietnamita, rusa, malaya, chilena, escandinava-, desde Battery Park a Harlem pasando por el Upper East Side o Times Square. Aquí te damos algunas pistas (hemos probado todos estos restaurantes en Nueva York) para que te hagas una idea de lo que puedes encontrar. Para que te comas la Gran Manzana a bocados.
1. Shake Shack, calidad para comer barato en Nueva York
Según muchos expertos gastronómicos, se trata de la ‘comida rápida’ de más calidad para comer barato en Nueva York. Sus hamburguesas destacan por presentación y sabor, cocinadas al momento. Ternera Angus cien por cien natural, de animales alimentados de manera vegetal, criados en libertad y sin ningún tipo de hormonas o antibióticos. Lechuga y tomates frescos, queso cheddar y pan recién horneado para un sabor inigualable, por unos cinco dólares.
En su carta, también perritos calientes y batidos, y unas patatas fritas crujientes y nada grasientas con una salsa de queso realmente adictiva. Además, la cerveza es de cosecha propia y el ‘vino de la casa’ está elaborado exclusivamente para ellos en el californiano valle de Napa.
En el menú de Shake Shack hay panes especiales sin gluten para celíacos, hamburguesas de pollo crujiente con mayonesa de hierbabuena o vegetarianas a base de champiñones. Junto con helados o bebidas elaboradas artesanalmente, como su famosa limonada o un refrescante iced tea.
Cuentan con varias sucursales y ya se han expandido por todo el país, Reino Unido o Turquía.
2. JG Melon
Este pequeño local del Upper East Side (1291 3rd Avenue) ofrece hamburguesas realmente buenas, para algunos las mejores de Nueva York. Gordas, jugosas y con una excelente carne a la parrilla, satisfacen a propios y extraños desde 1972.JG Melon es también famoso porque en su interior se rodó una escena de la película Kramer contra Kramer. No aceptan tarjetas de crédito y, si no dejas, te reclamarán la propina.
Un clásico imprescindible para comer barato en Nueva York. Más concretamente, en Chinatown. La revista Zagat describe los dumplings de Joe’s Shanghai como ‘una experiencia religiosa’ y la sopa picante al estilo Hong Kong no se queda atrás. Adéntrate en Bowery Street y busca el número 46. Acompáñalo con una cerveza Tsingtao y déjate llevar.
4. Lombardi’s
Fue la primera pizzería de los Estados Unidos y no puedes perdértela cuando visites Little Italy. Inolvidables ‘pasteles de tomate’ de ocho raciones (suficiente para dos personas) por cerca de 20 dólares. Puedes encontrar Lombardi’sen 32 Spring Street (esquina con la calle Mott) y también en Brooklyn.
5. 5 Napkin
Con una salsa secreta que es su seña de identidad, 5 Napkin ofrece varias opciones de apetitosas hamburguesas. Elaboradas con ternera sin antibióticos y libre de hormonas, es un must de la comida en Nueva York. La de ‘la casa’ se presenta con cebolla caramelizada, gruyere y alioli de romero y ajo, toda una delicatessen. Otras opciones incluyen carne de pavo con mozzarella ahumada y mermelada de tomate. Si eres más de pescado, la tuya lleva filete de atún marinado, mayonesa de wasabi y cebolla entempura. Y si buscas hamburguesas vegetarianas, pide la 5N Veggie. No te pierdas sus crujientes aros de cebolla, servidos en forma de torre. Están en Hell’s Kitchen, Upper West Side y Upper West Side.
6. Papaya King, los mejores perritos calientes para comer en Nueva York
Se anuncian como ‘los mejores hot dogs de NY’ y no les falta razón. El ‘original’, con relish -pepinillo dulce en trocitos- como único topping, resulta delicioso. Las bebidas naturales que preparan al momento, como piña colada o Strawberry Fields, son también indispensables. Papaya King se localiza en 179 East 86th Street.
Escondido en el hotel Thompson Central Park (119W 56th St), antiguo Parker Meridien, Burger Joint cocina desde años las que para muchos son mejores hamburguesas de Nueva York. El establecimiento es bastante pequeño y se forman largas colas. Así que nuestra recomendación es que aproveches las franjas menos habituales -entre las 15:30 y las 17:00 o entre las 22:00 y las 23:00, hora de cierre-. Solo hay 5 variedades: normal, con queso, doble, doble con queso o vegana, por lo que no cuesta mucho decidirse. Puedes añadir beicon pagando un extra y disfrutar, también precio aparte, de patatas fritas. Lleva bien pensado tu pedido porque así lo indican las instrucciones que encontrarás en sus gamberras paredes: tipo de hamburguesa (la normal cuesta menos de 10 dólares), punto de cocción de la carne e ingredientes (tomate, lechuga, cebolla, pepinillo, mayonesa, ketchup y mostaza). Si la prefieres completa, has de decir, simplemente, ‘Works’. Siéntate, saborea y sigue tu camino para que otros puedan disfrutar de uno de los restaurantes famosos de Nueva York.
Burger Joint está escondido detrás de una gran cortina roja de terciopelo, así que no sientas vergüenza por preguntar en la recepción del hotel.
8. Mc Sorley’s Old Ale House, la cervecería más antigua de Nueva York
Aunque también sirve comidas (sándwiches de jamón cocido, sopas, platos de queso o hamburguesa), aquí se viene a beber. Mc Sorley’s Old Ale House es la cervecería más antigua de Nueva York, inaugurada en 1854. Prohibió la entrada de mujeres hasta 1970 y las bebidas se sirven a pares. Pides una y te traen dos, de lo que sea. Su lemas: “Sé bueno o márchate”. En el número 15 Este de la calle 7ª. Ah, ¡y cuidado con la mostaza que acompaña a los crackers!
9. 230 Fifth Rooftop, un brunch con las mejores vistas para comer en Nueva York
¿Pensando en un brunch en Nueva York al más puro estilo de las chicas de Sex and the city? La oferta gastronómica que ofrece uno de los lugares para comer en Nueva York más chic por menos de 30 dólares por persona es un bufet libre de platos fríos y calientes. En una de sus isletas, un cocinero prepara tortillas al instante con los ingredientes que uno elija.
Pollo, sándwiches, bagels, french toasts, huevos, hamburguesas, hot dogs, pasta, ensaladas, tortitas, gofres, fruta fresca… Todo lo que uno puedas imaginar y más para degustar ininterrumpidamente desde las 10 de la mañana a las 4 de la tarde en 230 Fifth Rooftop.
10. Camiones (food trucks) o puestos callejeros
Irse de la Gran Manzana sin probar un hot dog a pie de calle o algún plato más elaborado como los que ofrecen los food trucks es casi delito. Algunos, como el español José Andrés en Washington, han visto el enorme filón que tienen e incluyen en su menú flautas de butifarra, bocadillos de trigueros con romesco, patatas bravas o gazpacho.
11. Chelsea Market, el mercado de moda para comer en Nueva York
Una visita a Chelsea Market es obligatoria para cualquier amante de este tipo de mercados donde no solo comprar carnes, pescados y verduras. Sino de aquellos en los que la comida ya está preparada y es posible sentarse allí mismo para degustarla.
Chelsea Market ofrece opciones de muchos tipos, desde platos italianos a tailandeses, pasando por currywurst, ceviche o tacos. Uno de los más exitosos es Num Pang, cuya especialidad son los bocadillos -con la mayor puntuación de la revista Zagat para una bocadillería-. Sus opciones son tan exóticas como panceta glaseada a las cinco especias o gambas tigre al coco, que hacen que se formen largas colas a su puerta a la hora del almuerzo.
12. Bubba Gump Shrimp Co.
Con casi 40 establecimientos repartidos por medio mundo, esta cadena para comer en Nueva York se inspira en la película Forrest Gump. Aunque nosotros probamos el restaurante de Honolulu, no podemos dejar de recomendar este frikisitio en pleno Times Square para comer en Nueva York (1501 Broadway). Su carta se basa en productos del mar, en especial, gambas. Aunque también hay opciones que incluyen pollo, pasta o las clásicas hamburguesas.
13. Johnny Rockets
Con decoración propia de los diners de los años 50, Johnny Rockets es otra de nuestras recomendaciones si buscas comer barato en Nueva York. Abrió su primer restaurante en Los Ángeles en 1986 y hoy tiene sucursales en 25 países, incluido España. Con diferentes localizaciones, es el bocado perfecto si tienes pensado, por ejemplo, visitar el Yankee Stadium.
Como homenaje a Momofuku Ando, creador de la sopa de fideos -o ramen– instantánea elaborada por la empresa Nissin Foods, el norteamericano David Chang decidió nombrar a su más que exitoso grupo de restaurantes. Este, Momofuku Noodle Bar, nació en 2004 con un modesto local. Concretamente, en el East Village (171 1st Avenue), y en mesas compartidas. Hoy es uno de los preferidos por vecinos y turistas para comer en Nueva York, con tal éxito que han abierto también en The Shops at Columbus Circle, en la tercera planta.
En su carta, varias opciones de ramen: garlic chicken, smoked pork o mushroom, junto a dos tipos de noodles: ginger scallion o chilled spicy.
15. Ssäm Bar
La especialidad de la casa son los steamed buns o bollitos al vapor, y debe su nombre al ssäm, plato coreano en el que se usa una hoja de verdura para envolver los ingredientes de los que se compone. Situado en el Pier 17, South Street Seaport, Ssäm Bar es otro de los negocios de David Chang para comer en Nueva York. El ssäm de la fotografía se compone de lomo de cerdo, black beans, arroz y kimchi, en una mezcla de sabores picantes y dulces realmente sorprendente.
16. Los Tacos No. 1
Con varias localizaciones (una ellas en Chelsea Market, donde se generan largas colas), Los Tacos No. 1 es una de las mejores taquerías para comer en Nueva York. La carta es tan breve como auténtica, como el trompo donde se cocina ‘el relleno’ a fuego lento. Tacos de nopal, cerdo adobado, carne o pollo asados. Y un puñado de quesadillas y mulas para el bocado mexicano por excelencia.
17. Pisillo Italian Panini, deliciosos bocadillos italianos
Ingredientes de primera calidad y raciones más que generosas han hecho de Pisillo Italian Panini un éxito para comer barato en Nueva York. Sus bocadillos a base de crujientes panes y jugosos rellenos han conseguido que abra su segundo local. ¿El panini más demandado? El que homenajea a la ciudad, con pechuga de pollo asada, mozzarella, pimientos picantes, rúcula y aliño de limón.
18. Katz’s Delicatessen
El deli para comida en Nueva York más mítico es conocido, entre otras cosas, por ser el lugar elegido por Meg Ryan para fingir el orgasmo más famoso del cine en ‘Cuando Harry encontró a Sally’. Katz’s Delicatessen, en el 205 East Houston Street (esquina de Ludlow St), tiene como propuesta estrella un sándwich de pastrami que quita el sentido. Son muy grandes, así que lo ideal es compartirlo entre dos personas.
Además de comida china en Nueva York, en Chinatown encontrarás otro tipo de cocinas asiáticas, siendo la vietnamita una de las más demandadas. New Tu Do, en el número 102 de Bowery Street, ofrece algunos de los platos más típicos, como Phở, la sopa más popular de Vietnam, gỏi cuốn, rollo de verano, o bánh mì, un delicioso bocadilo a base de cerdo, pollo o paté.
20. Time Out Market
Si te animas a cruzar el puente de Brooklyn, no dudes en reponer fuerzas en uno de los mercados de Nueva York más espectaculares. Time Out Market aglutina un buen puñado de restaurantes con excepcionales vistas de Manhattan desde su terraza. Comida india, italiana, mexicana, ramen, pizzas, bagels… Nosotros probamos Tiki Chick, de inspiración hawaiana y deliciosas hamburguesas de pollo picante.
21. Paesano of Mulberry Street
Si buscas un restaurante romántico y repleto de encanto para comer en Nueva York, no dudes en acercarte hasta Little Italy y reservar mesa en Paesano. Ubicado en Mulberry Street, su auténtica cocina italiana y coqueta decoración haran que la experiencia sea inolvidable. Lasaña, linguine con ajo y aceite de oliva, espagueti marinara, penne arrabbiata, cacio e pepe, ñoquis al pesto, carbonara… ¡Para pedirlos todos! Además, pizza al horno de leña, paninis, hamburguesas y bocadillos. Como dato a tener en cuenta, una propina del 17% del total se añade automáticamente a la cuenta.
22. Mike’s Deli
Y del Little Italy de Manhattan saltamos al Little Italy del Bronx. Sí, resulta que el auténtico barrio italiano de Nueva York está en pleno Bronx. Visita Arthur Avenue Retail Market (2344 Arthur Avenue) y déjate seducir por los bocadillos de Mike’s Deli. Preparados al momento con los ingredientes más frescos, son ideales para saborear en alguna de las mesas del mercado o para llevar. Pimientos asados caseros, panceta crujiente, tomates secos, queso de cabra, anchoas, jamón, mozzarella fresca, aguacate… En la foto, un apetitoso ‘Isabella Special’.
23. Whole Food Market
Somos grandes fans de esta cadena de supermercados. Y su zona de comida preparadas al peso no puede gustarnos más. Si tu cuerpo pide algo ligero o sano, en Whole Food Market encontrarás platos como sopas, salmón al horno, pechuga a la parrilla, pollo asado, merluza en salsa de jengibre, verduras gratinadas… La mayoría de sus establecimientos cuenta también con bar salads donde preparar tu propia ensalada al gusto o comprarla ya aliñada para comer en Nueva York, si te apetece, en plena calle. Y, por supuesto, también cocinan al momento una buena variedad de sándwiches, pizzas y hamburguesas.
24. Contra
Hemos dejado para el final dos de los restaurantes en Nueva York donde celebrar una ocasión especial. Situado en el Lower East Side, Contra marca la diferencia con una propuesta bastante gamberra basada en sus jóvenes chefs, animada música, entusiastas camareros y armónica cocina. Galardonado con una estrella Michelin, sus propuestas cambian frecuentemente y su lista de vinos naturales es, sencillamente, espectacular.
¿Buscas darte un capricho para o celebrar una ocasión especial? Reserva mesa en este tres Estrellas Michelin en el corazón de Manhattan, con enormes cristaleras que ofrecen una impresionante vista de Central Park y la Quinta Avenida. El menú degustación de cinco platos en Per Se cuesta 355 dólares por persona pero, tranquilos, la propina está incluida. También hay una opción de menú degustación vegetariano por el mismo precio. Una experiencia inolvidable y más que recomendable en Columbus Circle.
@ Per Se
A nadie le amarga un dulce… Y en Nueva York, menos
Ferrara Bakery & Cafe
En pleno Little Italy, Ferrara Bakery & Cafe, fundada en 1892, ofrece especialidades italianas que dispararán los niveles de azúcar en tu organismo. Merecerá la pena aunque solo sea por probar sus afamados canoli, tan dulces y suaves como un beso. También puedes animarte a probar sfogliatelle y zeppole, dulces típicos de la cocina napolitana.
Magnolia Bakery, las cupcakes de ‘Sexo en Nueva York’
Mundialmente famosa gracias a ‘Sexo en Nueva York’, Magnolia Bakery es una cadena de panaderías especializadas en cupcakes. Su primera sucursal abrió en 1996 en el 401 Bleecker Street, en pleno West Village. Con especialidades clásicas, como las magdalenas de vainilla, chocolate o red velvet, y otras que cambian cada semana, es tu lugar en Nueva York si quieres emular a la mismísima Carrie Bradshaw.
Venga, confiesa que te han entrado ganas de viajar a Nueva York después de ver todo lo que, también gastronómicamente, ofrece.
*Este artículo ha sido actualizado en 2022 y todas las fotografías son de Pasean2, a excepción de las de acreditadas, que han sido elegidas por ser mucho mejor (y más apetitosas) que las nuestras de hace algunos años.
La comida griega es una de las más ricas y variadas del mundo. Al igual que sucede en otros muchos países que siguen la denominada ‘dieta mediterránea’, el aceite de oliva es el ingrediente principal de los platos griegos. También, vegetales como tomate, berenjena, pepino, patata y cebolla. El pescado, sobre todo en las islas, es otro de los ejes principales. Y respecto a la carne, la de cordero es una de las más usadas debido al alto índice de cría de ovejas. Con una veintena de quesos reconocidos bajo el sistema ‘denominación de origen’, también son habituales en muchas preparaciones.
Descubre las mejores recetas griegas que no debes dejar de probar si visitas este país.
¿Qué comer en Grecia?
1. Gyros, el fast food de la comida griega
Lo que viene a ser el kebab turco pero que, en Grecia, puedes encontrar con carne de cerdo, además de pollo, cordero y ternera. Comida griega para un bocado rápido y por menos de 4 euros.
2. Musaca
La musaca es el plato más famoso de la gastronomía griega. Su base principal son las berenjenas, además de ternera o cordero, y una gruesa capa de salsa parecida a nuestra bechamel.
3. Souvlaki
El suovlaki es una comida griega que consiste en una brocheta de cerdo, pollo, ternera o cordero a la brasa. Se sirve sobre pan de pita y se acompaña de patatas fritas y verduras a la parrilla. En Atenas existe el kalamaki, cuya diferencia principal es que la carne se ha marinado previamente en zumo de limón, aceite de oliva y diferentes especias como menta, tomillo u orégano.
4. Ensalada griega o Horiatiki Salata
Todo un homenaje a los ingredientes típicos del país mediterráneo: tomate, pepino, cebolla roja, pimiento rojo, queso feta, alcaparras y aceitunas kalamata que se aliñan con sal, pimienta negra, orégano y aceite de oliva. Tan sana como sabrosa.
5. Tzatziki, la salsa más popular para acompañar comida griega
El tzatziki es la salsa más popular que comer en Grecia. Sus ingredientes son yogur griego, pepino, aceite, zumo de limón y ajo, que le da un regusto fuerte, pero muy sabroso.
6. Calamar relleno o kalamaria gemista
Relleno de tomate, queso feta y pimientos picantes, el kalamaria gemista es una comida griega muy popular. Se cocina al horno con vino blanco y es servido con una guarnición de arroz blanco.
7. Spanakopita
Este delicioso pastel salado que comer en Grecia se compone de pasta filo rellena de espinacas troceadas, queso feta y cebolleta. Suele tomarse como aperitivo y también para desayunar, si no eres goloso.
8. Queso feta
El queso feta, el más famoso de Grecia, está presente en muchos de sus platos. En una simple tostada, con una base de cebolla y tomate natural, y espolvoreado con un buen puñado de orégano, resulta perfecto.
9. Pulpo a la brasa
Los griegos tienen una mano especial para el pulpo, que preparan de una manera muy peculiar. Primero se hierve unos 45 minutos, se deja marinar durante la noche y se asa a la parrilla de carbón para que esté crujiente por fuera. Una comida griega para chuparse los dedos.
10. Saganaki
El saganaki es una sencilla y tradicional comida griega que consiste en queso kefalotyri frito en aceite de oliva al que se le añade zumo de limón. Si lo acompañas de gambas, por ejemplo, es un verdadero lujo para el paladar.
11. Tomatokeftedes
Estas bolas de tomate fritas al perfume de menta que comer en Grecia son especialidad de Santorini y suelen tomarse como aperitivo. Realmente deliciosas.
12. Mejillones saganaki
Sin concha y preparados al horno con cebolla, ajo, perejil, pimiento verde y queso feta en salsa de tomate natural. Otro de los platos griegos especialidad de Santorini.
13. Gemistá
Pimientos rellenos de arroz y especias asados al horno. Algunas variedades de esta típica comiga griega se rellenan con carne picada, queso, pasas o piñones.
14. Dolmades
Otra comida griega para comer con las manos. Los dolmades son hojas de parra enrolladas y rellenas de diferentes ingredientes: carne, arroz, cebolla, piñones, menta, uvas pasas…
15. Albóndigas de cordero
Una comida griega tan tradicional y sencilla como la de nuestras albóndigas de toda la vida, pero de mayor tamaño, elaboradas con carne de cordero, y servidas con guarnición de berenjenas asadas y tzatziki.
Yogur, el final perfecto a cualquier comiga griega
Para desayunar, comer o cenar… El yogur griego es una delicia que engancha. Cuando lo puebes, te darás cuenta de que es un alimento único. Contiene entre un 9 y un 10% de materia grasa láctea, el triple que las variedades que solemos comprar en el supermercado. Muchos establecimientos lo obsequian al final de la comida, con mermelada o nueces. Sencillamente, exquisito.
Vinos griegos
Retsina
La retsina es el vino griego por excelencia. Se produce en todo el país y es fácil de encontrar en cualquier restaurante. Goza de las distinciones Denominación de Origen Protegida y Denominación Tradicional de Grecia. Elaborado desde hace más de 2.000 años, debe su nombre al sabor resinoso que deja en el paladar. Tiene su origen en la práctica de sellar los recipientes del vino, ánforas en su mayoría, con resina de pino antes de la invención de la botella de cristal.
Vinos de Santorini
El origen de los vinos de Santorini se remonta a 3.500 años atrás. Las condiciones medioambientales de la isla y la forma de cultivo han hecho que sean especialmente cotizados. Y bastante caros dada la escasa producción. Por un lado, está el microclima de la isla. Y, por otro, el suelo poroso con piedras de origen volcánico que le aportan características únicas.
¿Te gusta la comida griega? ¡Comparte con nosotros tus platos favoritos!
Su oferta gastronómica fue una de las que más llamó nuestra atención durante el Lovers in Japan. A cada paso encontramos restaurantes, pequeñas izakayas y locales de comida rápida en los que saciar nuestro apetito. A veces costaba decidirse y, salvo en una ocasión, acertamos de pleno en nuestra elecciones, si bien creemos que es muy difícil encontrar un sitio en el país nipón donde se coma mal. Aquí os dejamos seis propuestas de lo más suculentas para comer en Kioto.
¿Dónde comer en Kioto?
1. Issen-yosyoku
Es un okonomiyaki al estilo de Kioto, con nada menos que doce ingredientes: cebolleta, huevo, gambas secas, pasta de pescado, harina, atún seco, ternera, jengibre… Se prepara, sobre todo, para llevar y ha de comerse con palillos (bastante complicado, la verdad). Nosotros lo degustamos en el propio local, bajo la atenta mirada de un puñado de inquietantes maniquíes vestidas con kimonos…
Issen-yosyoku
Preparación de Issen-yosyoku
2. Mercado de Nishiki
Un paseo por Nishikies más que recomendable para cualquier amante de los mercados. No sólo existe la posibilidad de adquirir productos frescos de primera mano, encurtidos y pescados deshidratados, sino que cuenta con numerosos puestos donde comprar delicias para comer en Kioto mientras se prosigue la visita, como sticks de sashimi, brochetas de carne y verduras rebozadas, zumos de yuzu recién exprimido o los curiosos pinchos de pulpitos que véis debajo.
Pinchos de pulpo en Nishiki Market
Delicias en Nishiki Market
Bollos de gelatina de yema y judía, en Nishiki Market
3.Ootoya
Fue una decepción. Lo vendían como un lugar de moda entre jóvenes y ejecutivos de la zona, pero la comida de Ootoya no pudo ser más simplona e insípida o, quizás, no supimos elegir. Solo sé que puede que se trate del salmón más seco que haya comido en mi vida.
Salmón, en ‘Ootoya’
Croqueta de calabaza, en ‘Ootoya’
4. Comer en la estación de Kioto
La estación y sus alrededores están plagados de restaurantes con todas las especialidades imaginables de comida japonesa, además de italiana y franquicias de fast food para comer en Kioto.Todos ellos disponen de menús y exponen sus platos al modo japonés con su correspondiente precio para que no haya lugar a dudas. Es una opción perfecta para un bocado rápido y económico antes o después de viajar en shinkansen.
Udon al estilo de Kioto, con pollo, gambas y huevo frito, en Kyoto Station
Okonomiyaki de verduras, en Kyoto Station
5. Mimasu-ya
Se encuentra situado en la calle más bonita de Kioto, donde nos cruzamos con varias geishas y maikos. En su carta, propuestas de lo más sugerentes que no superan los diez euros, como carpaccio de besugo con yuba y yuzu; huevas de bacalao picantes y a la parrilla o nama-fu y vieiras gratinadas con patata y puerro. Tiene comedor para no fumadores con unas bonitas vistas del río.
Carpaccio de besugo con yuba y yuzu, en ‘Mimasu-ya’
Huevas de bacalao picantes y a la parrilla, en ‘Mimasu-ya’
Tartar de atún y aguacate, en ‘Mimasu-ya’
‘Hot pot’ de atún y puerro con pimienta sansho, en ‘Mimasu-ya’
6. Isoya, yaki yasai para comer en Kioto
Hemos dejado para el final nuestro favorito para comer en Kioto que, por desgracia, descubrimos la última de nuestras cuatro noches en la ciudad. Isoya es un pequeño local a escasos metros del Kyoto Royal Hotel & Spa, nuestro alojamiento.
Su especialidad es el yaki yasai, una forma de cocinar los vegetales a la plancha. Las piezas, expuestas sobre la barra en cestas de paja y enormes fuentes, son recolectadas a diario en granjas de la zona y se preparan a la vista de los clientes. Algo tan sencillo como una cebolla o un tomate pueden convertirse en alta gastronomía si la materia prima es magnífica y se prepara con mimo. Ninguna de las raciones supera los cinco euros y los camareros son simpatiquísimos, por lo que está abarrotado. Un must.
Ajetes con huevo escalfado, en ‘Isoya’
Tomate, en ‘Isoya’
Tortilla y rábano, en ‘Isoya’
Pollo, calabaza, calabacín, patata y pimiento, en ‘Isoya’
Sanma a la brasa, en ‘Isoya’
Cebolla, en ‘Isoya’
El chef de ‘Isoya’, en acción
Y bien, ¿cuál de todos los platos ha llamado más tu atención? ¿Qué va a ser lo primero que pruebes cuando visites Kioto? ¡Cuenta!
Al ser ciudad portuaria, Boston ofrece una gastronomía variada y marinera que puede encontrarse fácilmente en la carta de la mayoría de restaurantes locales. Olvida la idea -muy española- de que en Estados Unidos solo se sirven hamburguesas y fast food y abre mente -y cartera- a nuevos sitios como los que te enseñamos en esta deliciosa entrada. Si no te apetece o no puedes permitírtelo, siempre tendrás a mano McDonald’s, Burger King, KFC o Dunkin Donuts para que, en menos de una semana, tu colesterol alcance niveles insospechados. No digas que no te lo advertimos y toma buena de estos 10 lugares para comer en Boston.
10 lugares imprescindibles para comer en Boston
1. Barking Crab
En un ambiente de lo más informal y al aire libre, con largas mesas de madera compartidas con otros comensales y unas maravillosas vistas del puerto se ubica Barking Crab, restaurante especializado en mariscos y pescados frescos. Comer en Boston una langosta de Maine a la parrilla o unas patas de cangrejo de Alaska debería ser obligatorio para cualquier visitante.
Fired grilled lobster, en ‘Barking Crab’
Alaskan bairdi legs, en ‘Braking Crab’
2. Myers+Chang
Platos vietnamitas, tailandeses, taiwaneses y chinos en este ‘indie diner’ en el que Joanne Chang y su marido, Christopher Myers, cocinan mano a mano auténticas delicias que no superan los 20 dólares por ración. Si puedes, siéntate a la barra de Myers+Chang para disfrutar del espectáculo y refréscate con una soda casera de piña y jengibre o litchi y frambuesa. Si has estado en el neoyorquino Momofuku, encontrarás más de una similitud.
Mama chang’s pork dumplings, en ‘Myers+Chang’
Soft shell crab, en ‘Myers+Chang’
Nasi goreng, en ‘Myers+Chang’
3. Union Oyster House
Distinguido como el restaurante más antiguo de Estados Unidos, Union Oyster House sirve comidas desde 1826. Está dividido en varias zonas: barra, oyster bar y restaurante en la planta superior, donde el presidente Kennedy tenía una mesa reservada para comer en Boston cuando quisiera disponer de ella. Aunque la especialidad, como su propio nombre indica, son las ostras, nos aventuramos con un plato variado y unos mejillones que nos dejaron bastante indiferentes…
Cerveza en la barra de ‘Union Oyster House’
Ye olde seafood platter, en ‘Union Oyster House’
Mejillones. en ‘Union Oyster House’
4. Quincy Market
Abierto desde el 26 de agosto de 1826, está compuesto de más de cincuenta restaurantes y puestos de todas las nacionalidades imaginables, el clásico food hall donde comprar comida y buscar después un sitio donde hincarle el diente. Si afuera diluvia, como fue nuestro caso, es una tarea ardua, pero merece la pena intentarlo y probar clam chowder, sopa de almejas típica de las ciudades costeras americanas, y lobster roll, especialidad de algunos condados como Massachussets y Maine, ensalada fría de langosta en un bollo de pan ligeramente dulce. Quincy Market también está formado por varios pubs, una sucursal de ‘Cheers’ y otra de ‘Wagamama’. Ideal para comer en Boston por poco dinero.
Quincy Market
Sopa de almejas (clam chowder), en Quincy Market
Lobster roll, en Quincy Market
5. Hotel Intercontinental
El bar RumBa del lujoso Hotel Intercontinental ofrece una pequeña carta de aperitivos, ensaladas y sándwiches. Su lista de licores, en especial, rones y whiskies, es apabullante. Perfecto para una parada rápida -salmón y cóctel- antes de seguir devorando Boston.
Kale salad and Grilled maple cedar plank atlantic salmon
Beet salad toasted Vermont goat cheese and grilled chicken
6. Shake Shack
Desde que las probamos en Nueva York hace ya unos cuantos años, no hemos encontrado otras hamburguesas en Estados Unidos que nos hayan gustado más que las de Shake Shack. Ternera Angus 100% natural (sin antibióticos ni hormonas), productos frescos y una salsa que enamora. Además, las patatas fritas no son congeladas, sino cortadas a mano diariamente. Hay varias sucursales para comer en Boston: una en Seaport Blvd, Washington St y Newbury Street.
Hamburguesas en ‘Shake Shack’
7. Whole Food Market
La comida orgánica está de moda en Estados Unidos y Whole Food Market es la primera gran cadena que sólo vende este tipo de productos. A pesar de que el precio es bastante más elevado que un supermercado tradicional, merece la pena para un desayuno o almuerzo informal, ya que la mayoría de ellos dispone de una zona con mesas (además de wifi y lavabos para los clientes). Los más grandes cuentan con un amplio take away donde comprar bocados bastante sanos, desde sopas, ensaladas o sushi, a pollos y carnes asadas, pasando por sándwiches preparados al momento con los ingredientes que uno elija, eso sí, siempre orgánicos y que cumplan los requisitos de la compañía. Si no te lo crees, echa un vistazo al listado de ingredientes inaceptables para sus alimentos.
Bagels en Whole Food Market
8. Food trucks
El descubrimiento del viaje para comer en Boston han sido las camionetas que encuentras a cada paso por Estados Unidos. La hora del almuerzo y las zonas de oficinas son perfectas para estos negocios que, desgraciadamente, tantas trabas están encontrando para instaurarse en nuestro país. En el mercado de SOWA, que se celebra cada domingo de 11 de la mañana a 4 de la tarde, han habilitado un área especial para que los vehículos aparquen sin problemas y los platos que ofrecen puedan saborearse en un improvisado comedor al aire libre (y al sol). Pizzas, tacos, grilled cheese sandwiches y algunas opciones vegetarianas, entre las más demandadas.
Food truck en Federal Reserve Plaza Park
Food trucks en Sowa Market
9. L Street Tavern
Si eres tan cinéfilo como nosotros, merecerá la pena un paseo hasta esta taberna de South Boston donde se rodaron algunas escenas de ‘Good Will Hunting’, película que supuso el salto a la fama del bostoniano Matt Damon y su inseparable amigo, Ben Affleck. Aunque no se trata de un restaurante, consideramos que la cerveza -aunque sea americana- debe tener un lugar destacado en la gastronomía.
Una Samuel Adam’s en ‘L Street Tavern’
10. Aeropuerto de Logan
A veces, uno se lleva sorpresas para comer en Boston cuando menos lo espera. Acostumbrados a la desastrosa oferta gastronómica de los aeropuertos españoles, Vineyard Grill fue la mejor manera de despedir la ciudad cuando ya pensábamos que deberíamos rendirnos al odioso fast food. Situado en la terminal E, justo antes del control de seguridad, ofrece una carta con pescados, mariscos, hamburguesas, sándwiches y ensaladas, además de 15 variedades de cerveza local y un buen puñado de vinos. Decir adiós a esta maravillosa ciudad con una ensalada de langosta, un jugoso filete a la parrilla y una botella de merlot no tiene precio… Además, la factura te da acceso VIP al control de seguridad, evitando así una larga espera.
Ensalada de langosta, en ‘Vineyard Grille’
Grilled steak, en ‘Vineyard Grille’
Merlot
¿Has estado en la capital de Massachusetts? ¿Nos recomiendas otros lugares para comer en Boston?
El Hotel Barceló Raval es un 4 estrellas situado a unos metros de las Ramblas. Original y vanguardista, su estructura exterior es de las más reconocibles en Barcelona. Y su brunch, desde hace años, uno de los más solicitados no solo por clientes alojados, sino por curiosos como nosotros. Diseño moderno, productos de calidad a modo de bufet libre, precio razonable y vistas de infarto. ¿Alguien da más que el brunch Barceló Raval?
¿Qué es el brunch?
El brunch es un híbrido entre desayuno (breakfast) y comida (lunch).
¿Dónde tiene lugar el brunch del Hotel Barceló Raval?
En el moderno restaurante B-Lounge del Hotel Barceló Raval de Barcelona, en la Rambla del Raval, número 17.
¿Cuándo se celebra el brunch del Hotel Barceló Raval?
Cada domingo, de 12 a 16 horas.
¿Cuánto cuesta el brunch del Hotel Barceló Raval?
30 euros por persona (precio 2021).
¿Qué está incluido en el precio?
El brunch del Hotel Barceló Raval incluye bufet libre de alimentos fríos, bollería, bebidas calientes y zumos, además de un plato caliente recién cocinado.
¿Qué comer en el brunch más completo de Barcelona?
Embutidos, cremas frías y calientes, quesos, tortillas, hummus, ensaladas, verduras a la parrilla, bocadillos salados, fruta, dulces y, a elegir entre dos propuestas de huevos: Benedictine, con salsa bearnesa y jamón dulce, o Florentine, con espinacas.
¿Y qué beber?
El precio incluye una bebida con alcohol: copa de cava; cóctel Mimosa, a base de cava y zumo de naranja natural, o Bloody Raval, interpretación del Bloody Mary de toda la vida.
¿Qué le diferencia de otros brunchs?
El entorno no puede ser más cool, con DJ en directo, y la oportunidad de disfrutar el cóctel en la planta 11 del hotel, que ofrece unas espectaculares vistas de 360 grados de la Ciudad Condal.
¿Cómo llegar?
La parada de metro más cercana es Liceu, a unos diez minutos caminando.
Es el restaurante turístico por excelencia de Bruselas. Y, según aseguran, el más grande del país, con capacidad para 420 personas. Cualquiera diría que cuando Chez Léon nació en 1893 solo contaba con cinco mesas. Desde entonces ha pasado de generación en generación de la familia Vanlancker.
Situado a un tiro de piedra de la Grand Place, resulta el lugar ideal para saborear el plato más típico de la gastronomía belga, mejillones con patatas fritas. O si no, cualquiera de las 120 recetas tradicionales que ofrecen en su carta: terrina de paté de conejo, guisado de pavo a la cerveza de frambuesa, ancas de rana al ajillo, calamares con salsa tártara, sopa de cebolla…
Acompáñalo de una cerveza rubia de la casa –Léon Beer-, elaborada exclusivamente para ellos, y te sentirás en el mismo paraíso. A mediodía ofrece un interesante menú del día por 17,95 euros.
Yo probé tomate relleno de camarones y mejillones rebozados, con sus correspondientes patatas fritas. Más abajo podéis ver la cazuela que se metió entre pecho y espalda mi compañero de viaje, Luis Xixerone. Todo estaba delicioso.
Nuestro grupo decidió comer dentro del local porque fuera hacía mucho calor. Pero si lo prefieres puedes hacerlo en una de las mesas de la amplísima terraza de Chez Léon. Eso sí, prepárate para el enorme trajín de gente que camina por la calle.
Chez Léon es gratis para menores de 12 años
Muy pocas personas lo saben, pero en Chez Léon, los niños menores de 12 años, acompañados de un familiar, pueden comer gratis ‘a la carta’ (excepto menús de grupos). En 2014, sirvieron más de 16.000 comidas infantiles gratuitas. Y otro detalle que hace único a este restaurante en Bruselas: hay un aparcamiento para cochecitos.
Además, todos los domingos a partir de las 18:00 horas, puedes comer todos los mejillones que quieras. Sí, como lees. Pide tu cocotte y decide cuándo parar.
Cuando hayas acabado, no te olvides de hacer una visita a la famosa Jeanneke Pis, a la misma vuelta de la esquina, la versión femenina del Manneken Pis.
Chez Léonabre todos los días ininterrumpidamente de 11:30 a 23:00, entre semana, y de 11:30 a 23:30, viernes y sábados.
Tapear en Sevilla es una tradición muy española y, sobre todo, muy andaluza. La ciudad está plagada de bares, tascas y bodegas donde el tapeo puede sustituir la comida o la cena. Nosotros dedicamos un par de mañanas a ello y este es el resultado.
1. La Bodega de la Alfalfa. Alfalfa, 4
Abrió sus puertas en 1985 y se definen como un «templo sevillano de la manzanilla y los vinos de Sanlúcar y Jerez». La Bodega de la Alfalfa ofrece calidad y mucha variedad para tapear en Sevilla. Casi todos los pinchos pueden convertirse en una ración o media. Tienen platos del día fuera de carta.
Albóndigas de choco y flamenquín, en ‘La Bodega de La Alfalfa’
2. Bar Manolo. Alfalfa, 3
Tasca de toda la vida con una agradable terraza para tapear en Sevilla y especialidad en serranitos, choco frito, boquerones adobados y solomillo al whisky.
Choco frito y Tortillitas de bacalao, en ‘Bar Manolo’
3. El Rinconcillo, Gerina, 40
El bar más antiguo de la ciudad era conocido como ‘el refugio de las cuatro pés’ por ser su mejor clientela periodistas, poetas, policías y prostitutas. Fundado en 1670, en la amplia lista para tapear en Sevilla de El Rinconcillo no puedes dejar de probar espinacas congarbanzos sevillanas o croquetas caseras.
A la sombra de La Giralda se ubica Bar Gonzalo, local casi centenario para tapear en Sevilla que también es restaurante. En su barra, tapas de siempre como patatas alioli, salpicón de pulpo, ensaladilla rusa o anchoas del mismo San Toña (literal). Y otras más renovadas: sepia con salsa de yogur, atún a la plancha con cebolla caramelizada o langostinos en pasta fina.
Pringá sevillana y Huevo al nido, en ‘Bar Gonzalo’
5. Casa Vizcaíno. Calle de la Feria, 27
Una tasca con tanto encanto como serrín en el suelo (mucho). Frecuentada por lugareños y vecinos del barrio. Vermú de grifo, altramuces de cortesía y tapas de mejillones, mojama o bacalao.
6. Dúo Tapas. Calatrava, 10
Local de cocina en miniatura con una interesante carta de vinos y un buen puñado de propuestas para tapear en Sevilla en forma de pequeños bocados. Nosotros probamos tres que nos dejaron bastante fríos.
7. Bodeguita Blanco Cerrillo. José de Velilla, 1
Otro de los templos gastronómicos para tapear en Sevilla te seducirá con sus históricos boquerones en adobo, calamares fritos o pavía de pescada.
En pleno Triana, Casa Diego presume de receta de caracoles desde 1963. También carne mechada, pringá o ensaladilla. No olvides una buena ración de pan para mojar en la salsa de uno de los platos estrella para tapear en Sevilla…
9. Casa Ricardo (antigua Casa Ovidio). Hernán Cortés, 2
¿Alguien ha dicho croquetas? Sí. Se dice, se cuenta, se rumorea que en Casa Ricardo preparan las mejores para tapear en Sevilla. Delicada bechamel de textura casi líquida aderezada con taquitos de jamón… ¿Se te ha hecho la boca agua?
Si hay un plato típico para tapear en Sevilla ese el montadito de pringá . Y los de Bodeguita Romero son únicos. No dejes de probar sus papas aliñás, albóndigas de retinto o ensaladilla. ¡Para chuparse los dedos!
Si te apetece terminar esta ruta para tapear en Sevilla con una copa bien preparada, pero estás cansado de los bares de siempre, prueba en el Mercado de Triana, donde encontrarás deliciosos combinados a un precio más que interesante.
No están, ni mucho menos, todas las que son, pero hay que tener en cuenta que la capital andaluza es una ciudad muy grande y nos quedaron unas cuantas por probar. ¿Cuál nos recomiendas para tapear en Sevilla la próxima vez?
Construido por Giuseppe Mengoni en el siglo XIX, el Mercado Central de Florencia es el más importante de la ciudad. Y uno de los más antiguos de Europa. Situado frente a la Piazza del Mercato Centrale, entre la Vias dell’Ariento, Sant’Antonino y Panicale, a escasos metros del apartamento donde nos alojamos, es cita ineludible para cualquier amante de la gastronomía.
Los mejores productos italianos
Fácilmente reconocible por su estructura de hierro, el Mercado Central de Florencia es el lugar idóneo para comprar carnes, pescados, quesos, jamones, chacinas, miel, aceite de oliva, setas, vinos de la Toscana,chocolates, panes… Un paraíso de colores, sabores y tradición italiana.
El chianti más exquisito convive con decenas de selectos acetos balsámicos y kilos de deliciosos tomates secos. Y lo hace a escasos metros de estómagos de vaca (poco agradables a la vista, pero ideales para preparar una de las especialidades de la zona, trippaalla fiorentina, que puedes degustar en un jugoso bocadillo en varios puestos a la salida del mercado). Y llamativas mezclas de especias para cocinar la mejor pasta alla rabiatta o diferentes tipos de pizza.
Septiembre es la mejor época para encontrar uno de sus productos estrella, el funghi porcini(nuestro boletus edulis). Lo venden por doquier fresco y seco. Una auténtica delicia que le da un toque muy especial a muchos de los platos más representativos del país.
Tras una minuciosa restauración, y siguiendo el modelo de otros mercados, el de Florencia ha ampliado su oferta gastronómica para saborear in situ. Pasta fresca, pizza, hamburguesas, sushi, dumplings o especialidades sicilianas son algunas delicias que encontrarás.
El Mercado Central de Florencia abre de 7 a 14 de lunes a viernes. Y de 7 a 17, sábados. La zona de restauración se puede visitar todos los días desde las 10:00 hasta medianoche.
Es la única fábrica de cerveza que todavía puede visitarse en Bruselas. Se trata de Cantillon, una empresa familiar con más de cien años de antigüedad, situada en el barrio de Anderlecht, especializada en cerveza lambic. Producen la nada despreciable cantidad de 900 hectolitros de cerveza al año.
¿Qué es la cerveza lambic?
Con una tradición que se remonta a 400 años atrás, la cerveza lambic sigue siendo una gran desconocida. ¿Y qué la hace única? El hecho de que solo se elabore en Bélgica. Esto se debe a las levaduras y bacterias del valle del Senne, donde nació Bruselas. La Unesco considera las cervezas belgas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
¿Cómo se elabora la cerveza lambic?
En esta caldera se mezclan 1.300 kilos de trigo y malta triturados con agua caliente, hasta que alcanza 72 grados de temperatura. Entonces, se produce la sacarificación (transformación del almidón de los granos en azúcares fermentables y dextrina). A continuación, se añade agua caliente para extraer los azúcares.
El mosto obtenido se bombea hacia las cubas de cocción que veis aquí debajo. En ellas se mantienen en ebullición unos 10.000 litros entre tres y cuatro horas. Esto provoca una esterilización del líquido y una evaporación de 2.500 litros de agua. Antes de que empiece la ebullición se añade el lúpulo viejo (20 kilos de flores por cada 10.000 litros).
7.500 litros de mosto
Esta inmensa tina de cobre rojo es la de enfriamiento, donde llegan los 7.500 litros de mosto tras la cocción y la separación del lúpulo. La temperatura ideal que debe alcanzarse se sitúa entre 18 y 20 grados. Esta operación se efectúa de noche y en la temporada fría del año (de finales de octubre a comienzos de abril). En la foto se pueden apreciar los postigos que hay en la sala y que se abren o cierran para incrementar o reducir la ventilación.
Es el momento de trasvasar el mosto a las barricas (de roble o castaño). En unos días comienza la fermentación espontánea. Al principio es tan violenta que no se pueden cerrar los toneles so pena de explosión debido a la cantidad de CO2 que se produce durante 3 ó 4 jornadas.
Cada barrica pierde entre 5 y 10 litros de líquido, como podéis ver en esta foto, antes de que empiece la fermentación lenta, que dura tres años. Ya no hay peligro de explosión y se cierran herméticamente los toneles. Ha nacido la cerveza lambic, que se embotella y embala unos metros más abajo.
Degustación de cervezas en Cantillon
En la visita a esta fábrica de cerveza en Bélgica no podía faltar la degustación. Probamos tres variedades, a cada cual más diferente: Lambic, Gueuze y Faro.
Podéis observar que una de las cervezas es rosada. Es tradicional mezclar frutas regionales con ellas. Guindas, frambuesas y uvas son algunas de las más utilizadas. La mezcla es de 150 kilos de fruta por 500 litros de cerveza lambic. La maceración dura un mínimo de tres meses para que se pueda extraer el sabor, color y azúcar de la fruta. ¡Las tres estaban deliciosas!
La visita a Cantillon solo puede reservarse a través de su página web. El precio es de 9,50 euros (siendo gratuita para menores de 14 años), dura 75 minutos e incluye una degustación.
En nuestra visita a la ciudad termal de Spa, dentro del viaje Destino Bélgica, tuvimos la suerte de disfrutar de un inmejorable almuerzo en L’Art de Vivre. Situado en una de las principales avenidas de la ciudad (Avenue Reine Astrid, 53), se trata de un edificio de ladrillo rojo del siglo XIX con estética de New Orleans.
Carta y 3 tipos de menús entre 55 y 75 euros
En este elegante restaurante, cuyos chefs son Jean-François Douffet y Xavier Fisset, priman la calidad, el buen gusto y la pasión por el sabor. Los platos, a cada cual más delicioso y elaborado. L’Art de Vivre ofrece varios menús: 3 pases por 55 euros; 4 pases, por 70, y 5 pases, por 75 euros.
Nos reciben con un cóctel de la casa y este aperitivo, chupito de crema de champiñones, con alcachofa natural y jamón de pato.
Nos sugieren tres tipos de pan para acompañar (y pedimos todos): blanco, de algas y de cereales.
El primero que elegí en L’Art de Vivre fue este magnífico tartar de ternera con tapenade de semillas de cítricos y aceite de oliva negra. La mezcla de la carne con los cítricos le daba un sabor excepcional.
Mi compañera de Vuelo Directo se decantó por una sopa fría de mariscos e hinojo marino, espuma de tomates y pimientos de L’Espelette con finas rebanadas al ajo, que lucía así de bien.
Mi segunda elección fue un gallo a la parrilla sobre carpaccio de calabacín, piperrada con albahaca y puré de Roseval, coronado con jamón Pata Negra, fresco, jugoso y en su punto perfecto de cocción. Mirad qué presentación.
VD prefirió un confit de pato, caviar de berenjenas y aceitunas, patatas y condimentos de temporada.
Postres para el recuerdo en L’Art de Vivre
El postre fue toda una sorpresa para una persona nada golosa como yo. Esta sopa de melón y frutos rojos al regaliz, crocanti de almendra y frutos del bosque era fresca y un pelín ácida, ideal para mí.
Mis compañeros, todos, prefirieron un manjar blanco arábico, merengue con almendras, helado de vainilla al bourbon y mousse de chocolate, una bomba dulce, vamos.
Aquí podéis ver a Susana, de Vuelo Directo y a Juan Antonio, de Somos Viajeros, en plena acción. ¡Que no se mueva nadie!
Como sabéis aquellos que nos leéis habitualmente, Candelario es, después de Madrid, Salamanca y Léon, nuestra segunda casa. En ella nos sentimos como pez en el agua, paseando por sus empinadas calles, bebiendo de sus fuentes, contemplando los paisajes naturales y disfrutando de su excelente y variada gastronomía como la que ofrece Restaurante Artesa.
Ya os hemos hablado de algunos de sus restaurantes, en los que abundan los platos micológicos, guisos típicos de la zona, como el calderillo bejarano, asados o truchas de río. Pero lo tradicional no tiene por qué estar reñido con la innovación, y enRestaurante Artesa dan buena muestra de ello. La carta es completa y muy variada, con propuestas tan sugerentes como ensalada de pechuga de gallo escabechada con rulo de cabra y piñones; lomos de sardinas ahumadas sobre kumato; albóndigas de retinto con ragut de calamar o milhojas de solomillo de ternera con foie y setas.
Durante la época estival habilitan una carpa en el jardín, convirtiéndolo en un coqueto y romántico espacio en el que disfrutar de los mejores manjares con el único sonido del agua de la fuente que lo preside.
Comenzamos con tres entrantes frescos, de cuidada textura y presentación, y a cada cual más delicioso: ajoblanco con langostinos, salmorejo y gazpacho de cerezas del Jerte y licor.
Seguimos con bacalao confitado con crema de aceite de oliva y tripas estofadas, una tajada fresca, muy bien cocinada y contundente.
Atún rojo a la plancha con reducción de Módena y sal Maldon, sorprendente y delicioso.
Pluma ibérica con salsa de Torta de la Serena, jugosa y tierna, con el exquisito toque del queso de oveja servido en cucharita.
Postres ideales en Restaurante Artesa para los más golosos
Los postres son apetecibles cada uno de ellos, pero había que elegir… Mousse de chocolate con natillas inglesas, ideal para los adictos al azúcar.
Sorbete de mojito
Crema de mascarpone con mango helado y azafrán, genial la idea de la fruta helada y el color que adquiere la mezcla por el toque de la cotizada especia.
Nuestro acompañamiento, un Viña Pomal Reserva 2006, excepcional.
El precio medio es de 40 euros por persona, una relación calidad-precio fantástica.
En Candelario también hay restaurantes en los que se puede comer menú del día por 12 euros, como El Ruedo. Si preferís las populares carnes de la zona, no dejéis de visitar La Posada de Candelario o La Candela.
Artesa es también un hotel rural con siete habitaciones y está situado en pleno centro del pueblo, en el número 37 de la Calle Mayor.
Una de las cosas buenas cuando te invitan a una boda en un pueblo del Levante español es aprovechar para hacer una escapada a Valencia. Hace años que conocimosLa Pepica, uno de los restaurantes más antiguos de la ciudad y de España, fundado en 1898. Por sus instalaciones han desfilado todo tipo de celebridades, desde el Rey -que se las sabe todas- hasta Hemingway, pasando por Ava Gadner u Orson Welles, todos ellos grandes enamorados de nuestro país.
Una carta para todos los gustos en La Pepica
La carta de La Pepica es extensa, con una gran variedad de arroces, pescados y mariscos, descritos en varios idiomas, ya que buena parte de su clientela es extranjera. Colorados como gambas, tras duras jornadas de sol, disfrutan como los que más delante de un buen plato de comida y una botella de vino. Spain is different. Nosotros no vamos a ser menos…
Lo bueno de regresar al mismo sitio una y otra vez es que estás deseando volver a paladear sabores que guardas con un grato recuerdo. De la ensalada valenciana siempre llamaron la atención los alcaparrones, difíciles de encontrar fuera de esta zona, y que pintan así de bien sobre el resto de ingredientes.
Una de las exquisiteces de La Pepica son las almejas de Carril, que preparan al natural o a la marinera. Nosotros siempre nos hemos decantado por la segunda opción para poder, literalmente, tomarnos la salsa a cucharadas y mojar el pan con ajo tan típico de este local.
Hemos probado diferentes tipos de arroces en este restaurante, con bogavante, de verduras, de marisco… Nos decidimos por una mezcla de los dos últimos, la paella La Pepica, que está como siempre, deliciosa y con un punto socarrat. Imprescindible ponerle un poquito del alioli casero que siempre la acompaña.
Hace tiempo que nos acostumbramos a una de las mejores cosas de comer en el litoral mediterráneo, la compañía de un buen cava. Juvé y Camps es uno de nuestros favoritos.
Terminamos la cena con dos sorbetes de limón de la tierra -al cava- invitación de la casa, otro detalle más del servicial y siempre dispuesto personal de este restaurante valenciano, ubicado en el paseo de la Malvarrosa, al que no nos cansamos de volver una y otra vez. «Fue una gran noche en Casa Pepica junto a la playa»… ¡Qué gran verdad, don Ernesto!
La cercanía en AVE desde Madrid, el sol que aseguran luce durante más de 300 días al año, y una excelente gastronomía que le ha dado merecida fama mundial, hacen que cada año, bien sea primavera u otoño, nos escapemos a la Ciudad del Túria durante unos días para cargar pilas. Pero, ¿dónde comer en Valencia? Hay cientos de restaurantes y es difícil decidirse solo por uno. Bien sea cocina de mercado, pescados, mariscos, sus famosos arroces, o por qué no, en forma de tapa, te enseñamos estos 9 restaurantes para comer en Valencia.
Nuestros restaurantes en Valencia preferidos
1. Saiti
Vicente Patiño, que atesora más de veinte años en la profesión, sigue en la cresta de la ola gracias a su propuesta de cocina de mercado basada en producto fresco elaborado sin complicaciones y un toque muy personal. Saitiofrece solo la opción de comer menú, con cuatro diferentes, de 36, 55, 70 y 85 euros.
Merluza con pilpil de perejil y limón
2. La Pepica
Clásico donde los haya para comer en Valencia, La Pepica es uno de los restaurantes más antiguos de la capital y de España. Fundado en 1898, por sus instalaciones han desfilado todo tipo de celebridades, desde el ‘ex Rey’ -que se las sabe todas- hasta Hemingway, pasando por Ava Gadner u Orson Welles, todos ellos grandes enamorados de nuestro país. Extensa carta de arroces, pescados y mariscos, además de pequeñas joyas estacionales, como clóchinas, tellinas o almejas de Carril. Y, todo ello, en plena Playa de la Malvarrosa.
Paella La Pepica
3. Ricard Camarena
La pasada primavera regresé con Jota para saborear la cocina de este dos Estrellas Michelin, una experiencia completa para comer en Valencia donde dejarse llevar por los cinco sentidos. Producto, técnica y sabor en un espacio íntimo y tranquilo donde la mesa más cercana está lo suficientemente lejos como para sentirse el protagonista único y principal. La obra gastronómica de Ricard Camarena rezuma belleza y complejidad en platos sublimes como carpaccio de mero, perejil y mandarina o guisantes estofados, rúcula y sisho verde.
Guisantes estofados, rúcula y sisho verde, en Ricard Camarena
4. Vuelve Carolina
El extremeño Quique Dacosta fue uno de los primeros en apostar por establecimientos de formato low cost con firma propia donde las tapas se salieran de lo corriente y se elaboran al momento con productos de excelente calidad. Vuelve Carolinafue el primero de ellos, al que siguió Mercat Bary El Poblet, todos ellos para comer en Valencia.
Yogur de cremoso de parmesano con albahaca y mentas, en ‘Vuelve Carolina’
5. Canalla Bistro
El imperio de Ricard Camarena se ha expandido en poco tiempo con otros modelos de negocio más rentables para comer en Valencia que su espacio gastronómico y al que el público local se ha rendido sin ningún tipo de duda. Uno de ellos, en forma de bistró gamberro, se comunica con el restaurante estrellado a través de la cocina y, podemos asegurar, llena noche tras noche. Algunas de sus creaciones, como el sándwich de pastrami extilo ‘Kat’z’ o el bocata al vapor de cerdo Pekín, ya son clásicos en Canalla Bistró.
Sándwich de pastrami estilo ‘KAT’Z’
6. Duna
Arroz, domingo y playa puede sonar a pesadilla para muchos. Pero cuando el escenario son las dunas de la playa de El Saler, sobre las que se asienta el restaurante homónimo, el plan resulta, sencillamente, mágico. Exquisitos arroces servidos en su propia paella y delicadas creaciones como tartar de mero con encurtidos o croquetas de bogavante, además de una completa carta de vinos, invitan a disfrutar de una jornada playera de lo más especial. Duna es el enclave perfecto para comer en Valencia.
Arroz negro de sepionet y chipirones, en ‘Duna’
7. Panorama
En la Marina de Juan Carlos I se ubica el que, probablemente, sea el restaurante con mejores vistas para comer en Valencia. Además, Panorama cuenta con una terraza perfecta para aperitivos o copas y un comedor presidido por una enorme cristalera que parece adentrarse en el mar. Su propuesta resulta más que interesante, destacando arroces secos y melosos. Precios ajustados y servicio joven y moderno.
Arroz con pato, setas y alcachofas, en ‘Panorama’
8. Central Bar
Camarena alegra las barrigas de clientes y comerciantes del Mercado Central de Valencia. En la pizarra de Central Bar, sugerencias que varían diariamente y siguen la filosofía del ‘kilómetro 0’. La mayoría de productos se adquieren en los puestos del propio mercado, como gamba roja de Denia u ostras. Un buen puñado de originales bocadillos para comer en Valencia se dan la mano con tapas que hacen las delicias de guiris y lugareños, como croquetas de pollo rustido o patatas bravas, todo ello recién elaborado en una pequeña y bulliciosa cocina vista.
Ostra valenciana al natural, en ‘Central Bar’
9. San Nicolás
En el barrio del Carmen y muy cerca del Mercado Central, San Nicolás resiste los envites de la cocina moderna con la que se ha convertido en especialidad y seña de identidad de la casa, los pescados cocinados al papillote. O lo que es lo mismo, envueltos en papel vegetal y aderezados con zumo de limón y azafrán, para realzar su sabor final en el horno.
El nuestro era una selección de pez limón, fura, pargo y corvina. Y todas las verduritas que podéis ver en la foto: zanahoria, calabacín, berenjena, guisante, judía verde, pimiento y haba. Sencillamente, delicioso. Antes, nada mejor que una degustación de entrantes compuesta por anguila en canelón, pulpo a la gallega, tomate valenciano aliñado y pescado escabechado.
Pescado al papillote, en ‘San Nicolás’
¿Te ha gustado esta selección de restaurantes para comer en Valencia? ¿Conoces algún otro que nos recomiendes para una próxima visita?
Shunka fue el primer restaurante japonés en Barcelona que conocimos hace unos cuantos años. Desde entonces sigue estando considerado uno de los mejores de España e, incluso, ha tenido un hermanito. O mejor dicho, un hermano mayor. Si la anterior vez probamos el menú degustación del eleganteKoy Shunka, en este viaje decidimos volver al original. No tener buenas fotos para un post era la excusa perfecta.
La barra de Shunka, su mejor mesa
Cometimos el error de no reservar con tiempo suficiente y tuvimos que cenar sentados a una mesa. Lo que no tiene el mismo encanto que la barra y el espectáculo que eso conlleva. Pero aún así volvió a ser una experiencia gastronómica inmejorable por la calidad del producto que ofrece y la técnica con la que se cocina.
Compartimos un tartar de atún, casi bañado en una deliciosa salsa de soja con cebolla cruda. Puede parecer un plato sencillo ahora que los tartares están de moda. Pero el perfecto corte de este codiciado pescado y el contraste con el líquido salado lo convierten en un plato fino, suculento y especial.
El carpaccio de salmonete con salsa ponzu y hoja de wasabi de este restaurante japonés en Barcelona resulta espectacular. La frescura de este ‘pequeño salmón’, junto a la acidez del ponzu y el ligero picor del wasabi, hacen de él un mordisco delicioso.
No sé si fue aquí donde probamos por primera vez una tempura de langostinos y verduras. Puede que por eso ya no nos sorprenda tanto o que la hayamos tomado en tantos sitios que a estas alturas nos deje indiferentes. Sí que han aprendido a poner la salsa aparte para que el rebozado no se ablande.
La vieira salteada con setas fue toda una sorpresa. Sobre todo, por la forma en que se presenta: en su propia concha. Colocada sobre un ‘pequeño fuego’ que mantiene caliente el contenido, de intenso sabor a shiitake. Deliciosa.
No podíamos irnos sin el clásico nigiri de anguila, una de las creaciones más famosas de Shunka. Ligeramente soasado es un auténtico bocado de dioses.
De postre, un refrescante sorbete de yuzu, cítrico que nos encanta, sobre una galleta de sésamo.
Nos dejamos acompañar por un blanco del Penedés, un Gessamí de Bodegas Gramona.
Shunka está situado en el número 5 de Carrer del Sagristans, a un tiro de piedra de la Plaza de Jaume I. Imprescindible para los amantes de la comida nipona. Imprescindible si buscas restaurante japonés en Barcelona.
Gumbo es el nombre que recibe la sopa tradicional de Nueva Orleans, colonia española y más tarde francesa tras muchos avatares. Famosa por ser la cuna del jazz (Louis Armstrong es uno de sus hijos más ilustres), la cocina criolla y por qué no, una de las fiestas más multitudinarias y liberales de los Estados Unidos, el Mardi Gras.
De la fusión hispana, francesa, mediterránea, caribeña, africana y americana solo puede salir algo bueno. Como algunos de sus platos más populares: étouffée (marisco con arroz) o jambalaya (guiso de carne o pescado con chile fuertemente sazonado).
Hace ya algunos años que Matthew Scott, nativo de la capital de Luisiana, se plantó con su peculiar bandana en este local del número 15 de la madrileña calle Pez para darnos a conocer lo mejor de la cocina sureña en Gumbo Madrid.
Si hay una mezcla de sabores que me ha resultado imposible olvidar desde que la probé por primera vez es la de sus crujientes tomates verdes fritos. El suave rebozado en harina de maíz y la espectacular salsa remoulade de gambas, potente donde las haya y que no recuerda a ninguna otra que conozca, lo convierte en un plato realmente adictivo.
Fuera de la carta, en la pizarra que decora el restaurante, anunciaban solomillo Armstrong. Ya habíamos disfrutado anteriormente el lomo de buey bronceado (buenísimo). Y nos decidimos por esta sugerencia en cuanto nos explicaron que la carne estaba maridada en diferentes especias y asada con hierbas a la brasa. Sencillamente exquisito y muy jugoso, aunque en la foto no parezca nada del otro mundo.
Nos llamó la atención en Gumbo Madrid el cangrejo de caparazón blando con arroz manchado. A pesar de que no tiene un sabor demasiado intenso, merece la pena probarlo por la sensación de comer este crustáceo con su cáscara. Y la guarnición que lo acompaña está realmente buena.
Solo pedimos tres platos porque el camarero nos advirtió que cuatro eran demasiados, así que nos quedaron ganas de postre. Los pasteles son otra de las especialidades de Gumbo Madrid y nos animamos con un banana cream pie, muy fresco y distinto por el sabor a plátano.
Como no podía ser de otra manera, acompañamos esta comida con un vino americano, concretamente de California, un Cycles Gladiator.
En definitiva, una comida absolutamente diferente, por la que pagamos unos 75 euros y que nos apetecía repetir desde hace tiempo. Ya estamos pensando en volver.
Gumbo Madrid ofrece a mediodía un menú del día por 11,50 euros. Y un menú degustación de lunes a viernes por 25 euros, con propuestas como bisque de langostinos y maíz, tempura criolla con remolaude o alitas al estilo Búfalo.
Otros llamativos platos de su carta son albóndigas de cocodrilo, sí como lees. Y jambalaya, típico de la gastronomía cajún. Su base es el arroz y sus principales ingredientes: pollo, jamón crudo, langostinos y pimienta.
Una antigua fábrica de aceite, una estufa de leña, velas, flores… ¿Suena romántico? Lo es. Y si le sumas que el restaurante Sem-Fim se encuentra en Monsaraz, bellísimo pueblo delAlentejo portugués, lo convierte en imprescindible si planeas visitar esta zona.
El padre de Tiago Kalisvaart, artista y arquitecto holandés, compró este viejo almacén en 1994. Y lo restauró durante dos años, conservando colores, vigas, suelos y muchos de los elementos empleados en la elaboración del aceite. Como la almazara o los tanques de conservación. Unos años más tarde nacía Sem-Fim, encantador establecimiento que regenta su hijo con auténtico entusiasmo. Además, las pinturas y esculturas de su progenitor se exhiben en una reconvertida galería de arte.
Antes de este almuerzo, que formaba parte del Amieira Trip, y tras recorrer las instalaciones y conocer la historia familiar de la mano de Tiago, realizamos una pequeña cata de aceites en el bar colindante.
Más ‘oro líquido’, acompañado de aceitunas de la zona y un poco de queso artesanal de Rio de Moinhos, ambos imprescindibles en los aperitivos lusos.
Abrimos boca con esta seta gigante, gurumelo, cocinado a la brasa con sal, sencillamente deliciosa.
Una sopa de tomate para el recuerdo en Sem-Fim
El primer plato ya había captado nuestra atención desde que lo anunciaron: sopa de tomate con queso y huevo escalfado. Típico de lagastronomía portuguesa y tan sabroso que no te quedará más remedio que repetir. Una sopa con alma, hecha con cariño, inolvidable… Y una de las especialidades de la casa, que también preparan con ajo y bacalao, espinacas o pescado.
No podía faltar a la mesa el guiso más servido de la cocina lusa, bacalao. El nuestro era receta de la casa, servido con ensalada de la huerta, cebolla frita y patatas cocidas.
Durante este viaje hemos descubierto que nuestros vecinos son unos grandes consumidores de pulpo. Y que, además, lo cocinan estupendamente. Este era salteado con patatas nuevas, tierno y en su punto, una delicia.
Para completar el menú, solomillos de cerdo salteados al whisky. Otra creación jugosa, rica y colorida, como todas las que degustamos en el restaurante Sem-Fim.
Para terminar nos obsequiaron con un auténtico bodegón para los más golosos: arroz con leche, mousse de chocolate con fresas, migas dulces, fruta…
Regamos esta comida con un tinto de la zona, Reguengos, una pequeña localidad de Évora, con poco más de 7.000 habitantes.
En la decoración de Sem-Fim se ha cuidado hasta el mínimo detalle. Y si algo prima es la originalidad y sencillez: manteles de tela, jaulas de grillos, cribas de tejer, ovillos de lana, antiguas sillas de barbería… También cuenta con una gran terraza con espectaculares vistas al Alentejo portugués.
En resumen, un ‘sin fin’ de buenas sensaciones, excelente comida y agradable servicio. Un sitio al que ya estamos deseando volver.
No recuerdo dónde leí que en Elephant and Castle preparaban unas alitas de pollo memorables, pero lo creí a pie juntillas y allí me planté en mi primera visita a Dublín hace ya unos cuantos años. Entonces viajaba sola y me llevé las que sobraron, ya que la ración era generosa y me negaba a desperdiciarlas. Regresar con Jota a lugares que he visitado antes supone la ventaja de ir ‘a tiro hecho’. Y, también, saber con seguridad que no va a quedar nada en el plato.
Aquí tenéis las spicy chicken wings in a basket, estrella indiscutible de Elephant and Castle, que sirven con una tira de apio fresco y salsa muy picante que te hará chuparte los dedos. Tienen buena pinta, ¿verdad?
También compartimos un par de platos más: crisp calamari salad with miso vinaigrette, ensalada tibia de calamares crujientes con vinagreta de miso.
Maryland crabcakes with ruby slaw and smoked spicy mayonnaise, pastelitos de cangrejo rebozados acompañados de lombarda y mayonesa picante, suaves y deliciosos.
La oferta de vinos en Elephant and Castle, como en todo el país, se reduce a australianos, chilenos, sudafricanos, franceses o italianos. Nos decantamos por este de las Antípodas de uva shiraz. Su hermana francesa, syrah, proviene de las zonas frías del país, mientras que esta lo hace de las cálidas.
Como es costumbre en nosotros regresamos otra noche a Elephant and Castle para engullir más alitas de pollo y probar un par de hamburguesas caseras que pintaban estupendas. Estaban buenas de verdad.
En esta ocasión nos dejamos acompañar por un recio vecino galo.
El restaurante se encuentra en el número 18 de Temple Bar Street, con una inconfundible fachada de azulejos blancos.
Elephant &Castle cuenta con varias sucursales en Dublín, además de la Temple Bar, en Rathmines, Monkstown, The Beacon, The Mayson (North Wall Quay), Churchtown, Blanchardstown Shopping Centre y Bray (located in MC’s & Harvey’s). También puedes encontrarlos en Cork.
En pleno corazón turístico de Bruselas, a escasos metros de la Grand Place, se encuentra Brasserie la Roue D’or. Fue una de nuestras paradas durante el blogtripDestino Bélgica. Está elegantemente decorada en madera y con murales que homenajean al pintor surrealista Magritte, cuyo museo puede visitarse en la ciudad. Es más que recomendable para hacer un alto en el camino y disfrutar de la mejor gastronomía belga por unos 25 euros/persona.
La extensa carta de Brasserie la Roue D’or, además de los imprescindibles mejillones, ofrece caracoles, fondue de queso o salchichas de Lyon con lentejas. Y otras llamativas delicias como bacalao en costra de mostaza y perejil, estofado de conejo al estragón o anguila en salsa verde.
Croquetas de camembert a la miel
Hamburguesa, 200 gramos de excelente ternera que se sirve en su jugo, sin pan ni salsas, coronada con un huevo frito.
Albóndigas de Lieja, de carne mixta. Aderezadas con el típico sirope de la misma localidad, melaza que se obtiene de la cocción del zumo de manzanas y peras.
Atún rojo ‘mi cuit’ con especias
Dispone de una gran variedad de postres, con especialidad en tartas caseras, aunque nos decantamos por opciones más frescas y ligeras para continuar nuestra visita por Bruselas.
Brasserie la Roue D’or se encuentra en el número 26 de la Rue des Chapeliers.
El Trastevere es, sin duda, nuestro barrio favorito de Roma. Además de habernos alojado allí en un coqueto apartamento, pudimos disfrutar de algunos de sus restaurantes más típicos, comoPopi Popi oAlle Fratte di Trastevere. Aunque la idea del Azzurro Trip era probar la auténtica comida italiana, no pudimos resistirnos ante las que nos habían comentado que eran las mejores pizzas de la zona, las de Dar Poeta.
En el número 45 de Vicolo del Bologna, una estrecha callejuela sin acceso al tráfico, se encuentra este casi siempre abarrotado local que dispone de una pequeña terraza exterior donde disfrutar de su comida. El menú de Dar Poeta ofrece, además, ensaladas, bruschettas y entremeses, sin que ningún plato supere los 10 euros.
Nosotros pedimos un par de pizzas para cenar en casa: una Dar Poeta, con calabacín, ciauscolo -una especie de salami-, ajo y chile, y una Superformaggi, con mozzarella, queso crema, requesón y chile (muy picantes las dos, pero deliciosas). Se cocinan al horno de leña y la masa es gordita y crujiente. No somos ningunos expertos, pero son de las mejores que hemos probado.
Al estar completas las mesas, decidimos pedirlas para llevar y saborear en nuestra terraza con vistas al Vaticano. Es bastante habitual ver a muchos clientes hacer lo propio en los aledaños de esta pizzería del Trastevere. Así que, si tampoco encuentras mesa, no dudes en pedir tu take away en Dar Poeta y degustarlas en algún parque cercano.
Además del habitual menú en Dar Poeta, sábados y domingos es posible disfrutar de un brunch. Está disponible de 12 a 17 por un precio de 15 euros.
La cocina de Dar Poeta abre ininterrumpidamente desde la 12 de la mañana. A las horas habituales de almorzar o cenar suele haber una pequeña cola de gente esperando. Pide una copa de vino tinto para beber mientras te den mesa o preparen tu pedido. ¡Merece la pena!
«Cada sábado, llueva, granice o brille el sol», hay algo que el turista que visita Dublín no puede perderse, pasear por el Temple Bar Food Market. Un mercado donde saborear lo mejor de la variada gastronomía que ofrece la ciudad.
Ostras, quesos, burritos orgánicos y más en Temple Bar Food Market
Ostras del Condado de Clare y quesos de ovejas de Galway se dan la mano con las fajitas y burritos orgánicos, de Theresa y Gustavo -oriundos de Guadalajara (México)-. También, los pasteles del croata Darko Marjamovic o el sushi de Lian Yi. Y es que, desde finales de los noventa, Irlanda disfruta de una envidiable riqueza cultural y culinaria que han aportado inmigrantes llegados de medio mundo.
Cada sábado, de 10 a 16:30
Desde las diez de la mañana y hasta las cuatro y media de la tarde, existe la posibilidad de disfrutar de un improvisado brunch en plena calle del Temple Bar. Desde un sencillo perrito caliente con salchichas elaboradas a mano, pasando por unos noodles recién hechos. Koftas, samosas o una docena de las más finas ostras acompañadas de una botella de vino blanco. El mercado está especializado en productos orgánicos ideales para regalar o darse un capricho: panes, mermeladas caseras o comida para veganos.
Los golosos también tienen su espacio en el Temple Bar Food Market con un gran surtido de dulces y pasteles. Y donde destacan dos puestos, el de crepés y el que ofrece chocolate caliente, con menta o caramelo. Y a los que se puede añadir gratuitamente un chupito de ron (perfecto para entrar en calor).
Nosotros probamos unos noodles y un hot dog. La bebida no hizo falta pensarla mucho, un par de pintas de Guinness en uno de los muchos pubs de la zona. Un plan perfecto para cualquier mañana de sábado en Dublín.
¿Conoces Temple Bar Food Market? ¿Nos recomiendas otros mercados que merezca la pena visitar? ¡Gracias por tus comentarios!
El Hotel Mandarin Oriental se encuentra frente la estación de metro de Knightsbridge. Una zona tan rica en Londres que si cierras los ojos y respiras profundamente, se puede oler el dinero. Allí se encuentra el ático más caro del mundo, adquirido el año pasado por un ucraniano que pagó la ‘módica’ cantidad de 160 millones de euros. Dentro de este lujosísimo establecimiento se ubica Dinner by Heston Blumenthal, restaurante del laureado cocinero británico Heston Blumenthal. Es dueño del tres estrellas Michelin The Fat Duck, y conocido como el creador de la ‘gastronomía molecular’.
El comedor es grande y espacioso. Parte de la bodega se exhibe tras una vidriera. Al igual que la cocina, en la que trabajan más de 40 personas. De modo que se pueden ver las últimas fases de preparación antes de que los platos lleguen al comensal.
El menú está inspirado en la historia de la gastronomía inglesa. De ahí que al lado de cada plato aparezca la fecha en la que se creó. Consta de ocho entrantes, diez principales y siete postres. Y abarca una amplia gama de sabores y gustos.
Para ir abriendo boca, pan (al parecer, el mismo que sirven en The Fat Duck) y mantequilla orgánica.
Buttered crab loaf-pastel de cangrejo- fue mi elección para comenzar. Se trata de una receta del libro “A Collection of Above Three Hundred Receipts in Cookery, Physick and Surgery. For the use of all good wives, tender mothers and careful nurses”, de Mary Kettilby, publicado en 1714. Fresco y con reminiscencias de pepino y limón, uno de los ingredientes principales en la cocina de Kettilby. Suave como un beso.
Meat fruit, plato estrella de Dinner by Heston Blumenthal
Meat fruit es el plato más emblemático de Dinner by Heston Blumenthal. Y con razón. En el siglo XVI era popular que la carne se ‘disfrazara’ como fruta y, por lo tanto, aquí el hígado de pollo está camuflado en gelatina de mandarina. Se agrega un tallo de verdad y tenemos una pieza de fruta en un tablero de madera con dos trozos de pan tostado. La ‘piel’ exterior tiene una calidad sedosa y un fuerte aroma a mandarina. En el interior se encuentra el más suave paté que hemos probado jamás. La ‘cáscara’ de mandarina aporta una dulzura maravillosa a un plato definitivamente inolvidable al que daba pena hincarle el cuchillo. Ingenioso y bello.
The Black Foot pork chop, de 1820, es un grueso pedazo de cerdo pata negra español con salsa Rober (una especie de mostaza marrón), asado en horno de leña. Lo acompañé de una guarnición de col negra ‘amantequillada’. Tierno y suculento a más no poder, se sirve con unas pequeñas cortezas y tiene un increíble sabor a humo. A pesar de pedirlo muy pasado podéis ver los jugos de la carne. Ideal. Está basado en la etapa en la que Marie Antoine Carême -reconocido cocinero, gastrónomo y arquitecto francés- residió en Inglaterra. Se hizo famoso por haber estudiado las salsas en la cocina gala.
Cod in cider fue la elección de Jota. Un bacalao a la sidra inspirado en una receta de 1940 de Ambrose Heath, periodista londinense y escritor de más de cien libros de gastronomía. Cocinado a la perfección y servido con acelgas, mejillones y ajos fritos en una salsa delicada y aromática. Una guarnición de zanahorias fue el complemento perfecto.
Tipsy cake o pastel borracho
Junto con el Meat Fruit, el Tipsy Cake (pastel borracho) es el plato más popular en Dinner by Heston Blumenthal. Un tradicional bollo de leche empapado en brandy, que se sirve con piña asada a fuego abierto (como podéis comprobar en la foto de abajo). La fruta se carameliza por fuera, pero retiene la humedad en su interior. Se presenta en una pequeña cazuela de hierro y resulta esponjoso, dulce, mágico… Difícil describir todos los sabores que paladeamos. Data de 1810.
Este pequeño bocado de chocolate fue cortesía de la casa. Éramos reacios a comerlo para que no nos quitara el regusto del Tipsy Cake.
Decidirse por un vino en Dinner by Heston Blumenthal no es tarea sencilla. Más si tenemos en cuenta las cientos de referencias de su carta y la enorme variedad de precios, desde 40 a 14.000 libras. Elegimos un blanco francés que no nos obligara a fregar los platos antes de marcharnos.
Nos sentamos en una sencilla, pero coqueta mesa con grandes ventanas, desde donde se contempla una hermosa vista de Hyde Park. El menú, por el que pagamos unos 180 euros (en 2012), resultó una experiencia maravillosa e irrepetible por la compañía, vistas, emplazamiento, amabilísimo trato del personal, fecha (Año Nuevo)… Y que fuese en una ciudad tan idílica para nosotros como Londres. Desde 2014, Dinner by Heston Blumenthal está galardonado con dos estrellas Michelin.
Ah, y si os animáis a preparar en casa el Meatfruit, aquí os dejamos el enlace de un comensal que se atrevió y lo consiguió. No os olvidéis invitarnos a probarlo.
51.50209-0.159384
Uso de cookies
Nuestro blog también se alimenta de cookies, si continuas navegando aceptas nuestra política al respecto, pincha el enlace para mayor información.Leer más