Hay lugares de los que te enamoras a primera vista. A veces es el paisaje, la gente, las circunstancias personales del momento o pequeños detalles que te hacen darte cuenta enseguida de que te encuentras en un lugar especial. Eso es lo que me ocurrió cuando llegue a Naxos durante mi aventura en solitario por Grecia. Con apenas 25.000 habitantes -7.000 de ellos en la capital- es la más grande de las Islas Cícladas, aunque una de las menos conocidas y, por tanto, menos turísticas.

Naxos

Su capital, Chora, es en realidad un largo paseo marítimo repleto de pequeños restaurantes con terrazas desde las que disfrutar de inolvidables puestas de sol y de una gastronomía que seduce tanto o más que el paisaje. Al final del mismo se encuentra la Puerta de Apolo, el monumento más representativo de la ciudad, la entrada a un templo que nunca llegó a finalizarse dedicado al dios de la luz. Las vistas desde esta colina mientras atardece son inolvidables.

Naxos

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El Kastro es el nombre que recibe la parte vieja, una fortaleza construida en el siglo XIII, que conserva una bella torre de las siete que llegó a tener. Adentrarse en sus estrechas y laberínticas calles es una aventura deliciosa. Entrar es sencillo, pero no tanto encontrar el camino de vuelta. Lo normal es salir por otra vía completamente distinta y desorientado. En ese recorrido hay tiendas de lo más variopintas donde comprar desde libros a recuerdos de la isla, aceite de oliva o unas típicas sandalias.

Naxos

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Así fue como me topé con Luccullus Taverna, un encantador establecimiento con una terraza casi de cuento, decorada en tonos azules y velas, tan romántica que por primera vez en mucho tiempo sentí no estar en buena compañía. Su carta ofrece especialidades griegas, con pescados frescos, pulpo a la brasa -que secan antes al sol, como podéis en la foto anterior- y productos autóctonos como queso feta, tomate seco, pimiento verde, pepino o aceitunas. Aún recuerdo esa cena como si fuera ayer, un pequeño aperitivo de mousse de cangrejo y un sublime calamar relleno de espinacas y piñones sobre una base de arroz, que después he cocinado varias veces en España intentando rememorar ese momento. No faltó una frasca de vino blanco…

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Cómo llegar a Naxos

Naxos tiene aeropuerto propio con vuelos directos desde Atenas, aunque yo llegué en ferry desde Miconos, tras un trayecto de 40 minutos escasos.

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Dónde dormir en Naxos

El alojamiento en esta isla es muy económico -nunca he pagado tan poco por una habitación de hotel- y el Sagterra es un dos estrellas con una piscina magnífica y bien situado. La habitación era realmente amplia y disponía de un balcón con vistas al jardín. El único pero, la mala costumbre griega de tener platos de ducha con cortinas que obligan a usar chancletas y casi botas de agua. El precio por noche, 28 euros, incluye desayuno (modesto, pero con huevos y embutidos) y traslado al puerto/aeropuerto.

No puedo enseñaros las playas porque no las visité (aunque he oído maravillas). Preferí darme largos paseos por el pueblo, baños en la piscina y disfrutar de una soledad que, aunque ahora sin J se me haría muy cuesta arriba, he de reconocer que disfruté muchísimo. Ahora sólo espero regresar con él o quién sabe, quizás retirarnos allí cuando nos jubilemos, como Carol.

8 Responses

  1. Ay qué recuerdos Marta!! Estupendo artículo. Y maravilloso y delicoso Naxos! Y sí, espero que nos encontremos paseando por allí . Aunque igual, mejor no esperamos a jubilarnos no? 😉

    Un abrazo

  2. Hola Marta, próximamente viajaré a las islas griegas así que ya anoté lo referente a Naxos, ahora voy a ver el resto de post que tienes sobre estas islas. Qué ganas de llegar y verlo en vivo y en directo. Gracias!!

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