Situada a 120 kilómetros de Lisboa, es una de las ciudades más bonitas de Portugal y la más popular de la zona del Alentejo. Desde antes de entrar en ella, a una considerable distancia, puede contemplarse el símbolo de la villa, su acueducto romano, Acueducto da agua da Prata, uno de los mejores conservados junto al de Segovia.

En este caso, su construcción en ladrillo recubierto con una capa de yeso le proporciona una gran finura y, además, se adentra durante varios centenares de metros en Évora, que hoy os mostramos. Algunas de las casas de la zona están construidas bajo los arcos del mismo, lo que ofrece una imagen única y pintoresca.

La siguiente parada la realizamos en el templo romano de la villa, conocido como el de Diana, y uno de sus símbolos más fotografiados. A pesar de que actualmente sólo lo sostienen trece columnas que han sobrevivivo a los años y la erosión, merece la pena contemplarlo. Mi compañero de viaje, Jesús, da muchos más datos en su blog.

Uno de los monumentos más importantes de la ciudad es su catedral, o Basílica Sé Catedral de Nossa Senhora da Assunção, emplazada en el centro histórico y a medio camino entre el gótico y el románico. Su fachada principal, cubierta con granito rosa, recuerda levemente a la de Salamanca, aunque sus dimensiones son menores. La entrada conjunta para verla junto al claustro cuesta 2.50 euros, 1.50 si se quiere visitar sola.

Recorrer las empinadas calles de Évora es una delicia para el paseante. Paredes blancas y suelos empedrados en un ambiente silencioso que en cierto modo consigue trasladarte a otra época.

Otro de sus encantos añadidos son las tiendas de recuerdos, de las que cabe destacar todo tipo de objetos realizados con corcho, desde zapatos, bolsos, paraguas o sombreros hasta vinagreras o figuras para el belén navideño. De hecho, la producción de este material es uno de los motores económicos de la zona.

Una de las visitas que más llamó nuestra atención fue la Capilla de los Huesos, situada junto a la iglesia de San Francisco, y cuya característica principal es que sus paredes están construidas con huesos y cráneos humanos que, tal y como nos explicó nuestra guía, se debe a que en la última reconstrucción que se hizo en el templo tras el terremoto de Lisboa y su posterior incendio, se encontró un cementerio y al no saber qué hacer con los restos, se les ocurrió utilizarlos para revestir su interior.

A la entrada de la misma puede leerse esta inscripción: Nós ossos que aqui estamos pelos vossos esperamos (Nosotros huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos). Escalofriante.

Terminamos nuestra ruta en la Plaza de Giraldo, donde destaca su enorme fuente de mármol blanco -del siglo XVI- y que durante muchos años aprovisionó de agua a los evorenses. En ella se encuentra la Oficina de Turismo y el Café Arcada, uno de los más antiguos de la ciudad y perfecto para comer un sándwich o comprar dulces típicos.

Para comer os recomendamos el restaurante Aqueduto, justo al lado de donde comenzamos nuestro recorrido, y para dormir, aunque se encuentra bastante alejado del centro, el que nos acogió durante el Amieira Trip.

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