La cadena Intercontinental es de sobra conocida por sus establecimientos repartidos a lo largo y ancho del planeta. Hacía tiempo que teníamos ganas de dormir en uno de sus hoteles, por lo cual Varsovia y sus precios, mucho más módicos que en el resto de Europa, fueron la excusa perfecta para reservar en el Intercontinental Warsaw, en pleno centro de la ciudad. Ya puestos, por unos euros más, nos apetecía pasar nuestra última noche en Polonia en una de sus habitaciones deluxe con acceso al club lounge, sin duda, una de las mejores experiencias que hemos tenido en mucho tiempo.

Un espumoso con vistas a Varsovia

La habitación del Intercontinental Warsaw

Amplísima, con 35 metros cuadrados, y una confortable cama con carta de almohadas. Además de wifi de cortesía, incluye un gran escritorio para trabajar cómodamente, cafetera Nespresso, hervidor de agua y facilidades para preparar té, con servicio de leche sin ningún coste durante gran parte del día.

Cama de la habitación superior del Intercontinental Warsaw

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Si hay algo que nos gusta hacer cuando salimos de viaje es comer. Probar la gastronomía local es tan importante para nosotros como visitar museos y monumentos. Escocia no iba a ser menos y durante el tiempo que pasamos en su capital pudimos llenar el buche en unos cuantos restaurantes y pubs que os mostramos a continuación. Desde Estrellas Michelin a comida callejera, hay vida gastronómica en Edimburgo más allá del haggis y el fish&chips.

¿Dónde comer en Edimburgo?

‘Martin Wishart Restaurant’: es uno de los restaurantes más reputados del Reino Unido por motivos más que evidentes. Galardonado con una Estrella Michelin desde 2001, Martin Wishart nos dio aún más de lo que esperábamos en la comida que compartimos con Alberto y Patricia, nuestros amigos del alma. Pedimos el menú degustación de seis platos que, por 80 libras, incluía algunas pequeñas joyas como ‘Crab and langoustine’, a base de cangrejo y cigala, con calabacín, aguacate y judías verdes; ‘Orkney scallop’, con vieira, apio, guanciale y dashi, o ‘Ravioli of squab pigeon’, un delicado ravioli de carne de paloma de apenas tres semanas de vida, con consomé, zanahoria y rábano. Un sitio único en el barrio de Leith al que regresar con los ojos cerrados.

Cangrejo y langostino, en Martin Wishart

Ravioli de paloma, en Martin Wishart

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Como no tenemos carnet de conducir ni, por supuesto, coche, ya que nos gusta pasear por las ciudades sin renunciar a escapadas casi obligadas, encontramos en la céntrica estación de Waverley la oportunidad perfecta para organizar cuatro excursiones desde Edimburgo que bien merecen la pena. La capital de Escocia es punto de llegada y salida para un montón de trenes cuyos trayectos, a precios más o menos razonables, harán las delicias de gente sin prisas más preocupada por el paisaje que por el volante.

ScotRail

Mejor en tren, al menos para nosotros

– Glasgow: por alrededor de 20 libras (ida y vuelta) y una hora de viaje, con parada en la victoriana Central Station, podréis conocer esta urbe, epicentro de aquella Revolución Industrial que cambió el mundo por completo. Nosotros subimos al faro de Mackintosh, visitamos la curiosa galería de arte que hay en Kelvingrove, paseamos hasta Riverside para apreciar la gran obra de Zaha Hadid y pedimos, antes de volver a la estación, un par de pintas en el mítico King Tut’s Wah Wah Hut.

Glasgow

Un buen punto de partida

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