3 excursiones desde Madrid en coche

La capital de España es mucho más que museos, palacios, restaurantes y tiendas. La comunidad presume de bellos pueblos llenos de historia, y parajes con encanto donde desconectar de ruido, polución y estrés diario. Te llevamos en coche a estas tres excursiones desde Madrid: Chinchón, Becerril de la Sierra y el Puerto de Cotos.

Excursiones desde Madrid
Embalse de Navacerrada by Wikipedia

Becerril de la Sierra

A 50 kilómetros en coche desde Madrid, en pleno Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, Becerril es la primera de estas excursiones desde Madrid. Rodeado por algunos de los picos más altos de la comunidad, por lo que goza de un clima característico y gran riqueza natural, es hábitat ideal para multitud de animales y especies vegetales. Si te gusta el senderismo, son varias las rutas propuestas y con no demasiada dificultad que se pueden realizar desde Becerril de la Sierra. El área recreativa Alto del Hilo, con pinos, reptiles y una amplia variedad de aves, o el mirador del Cerro del Hilo, al que se puede acceder caminando desde la presa del Embalse de Navacerrada, son dos de sus imprescindibles.

Excursiones desde Madrid
Arroz caldoso con bogavante en ‘Las Terrazas de Becerril’

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Un paseo entre viñedos por Sonoma y Napa Valley

Una de las visitas que os proponemos si estáis por las cercanías de San Francisco, Sacramento o Yosemite son  los famosos viñedos de Napa Valley y Sonoma. Si además lo hacéis en la furgoneta con guía que proporciona el equipo de Green Dream Tours, la experiencia será inolvidable por dos cuestiones fundamentales: conocen el terreno y se encargan de conducir. Con esta recomendación queremos evitar que os pongáis al volante si lo que realmente os apetece es catar los vinos de esta región.

Un trayecto seguro y confortable

El Condado de Sonoma está a menos de una hora del imponente Golden Gate y alberga más de 400 bodegas entre bosques de robles, apartados ríos y cuidadas granjas que trasladan al viajero a escenas sacadas de aquellas películas del Lejano Oeste. Casi pegando se encuentra Napa Valley, otra comarca con unas condiciones climatológicas únicas que influyen en la producción de las mejores añadas de Estados Unidos y también en la llegada anual de casi 5 millones de turistas.

Uvas de renombre internacional

Esta cultura vinícola se remonta a la época de los primeros colonos españoles, aunque el actual esplendor tuvo como enemigos a la Ley Seca que prohibía el consumo de alcohol y a la filoxera, una larva que diezmó la práctica totalidad de estas tierras en los años ochenta. Hoy en día entre sus uvas destacan variedades de gewurztraminer, chardonnay, sauvignon, merlot, pinot y zinfadel, siendo esta última la más autóctona de las cepas californianas.

Todo un territorio en una simple copa de vino

En Sonoma, Napa Valley y Carneros no solo se concentra la historia de un territorio único, también una filosofía basada en el compromiso por mantener el suelo fértil a través de una agricultura sostenible. Métodos naturales en lugar de nocivos insecticidas, combinación de importantes avances tecnológicos con el ritmo de la naturaleza, riegos optimizados, poda en caña y recogida en pequeños lotes con el objetivo de aunar vista, olfato y paladar hacia sensaciones memorables a través de una simple copa de vino.

Vides de chardonnay

Nuestra primera parada fue en Larson Family Winery, una bodega que en 1823 era un bullicioso embarcadero, importante centro de rodeo en 1929 y el lugar donde el abuelo Bob plantó las primeras vides de chardonnay allá por 1977. En la actualidad, la quinta generación de esta saga produce unos fantásticos vinos en una extensión de 400 hectáreas: competitivos blancos, apreciados tintos, sorprendentes espumosos y curiosos rosados. Si te apetece puedes incluso llevar tu propio pícnic.

Para quedarse a vivir

Continuamos viaje hasta Nicholson Ranch, cuyos suelos albergan cuatro de las mejores uvas de California: chardonnay, pinot noir, merlot y syrah. El complejo se compone de varios espacios donde destacan su impresionante terraza, un patio de reminiscencias hispanas y el pintoresco estanque que podéis apreciar en la imagen superior. Su bodega de flujo gravitacional es una referencia tecnológica que les ha permitido ganar importantes premios en los últimos años.

Tintos exquisitos en Nicholson Ranch

Cerramos esta maravillosa ruta por Napa Valley y Sonoma en Jamieson Ranch Vineyards, el lugar ideal para producir el prestigioso «Double Lariat Cabernet» extraído en sus 300 acres de laderas limítrofes con el valle de Napa Valley y la bahía de San Pablo. Las instalaciones son propiedad de Ken Laird, el mayor terrateniente de viñedos en todo el condado. La visita con degustación incluye también un recorrido por la zona de fermentación, sala de barricas y el hangar de embotellado.

Carne y buen vino para almorzar

Merece la pena destacar que entre la segunda y tercera bodega hicimos una parada técnica para comer en ‘Five Dot Tranch’, un establecimiento ubicado en Oxbow Market y especializado en suculentas carnes. Como curiosidad cabe reseñar que el cliente elige el producto desde la propia carnicería pegada a la barra y que gestiona la familia Swickard desde 1858. La marca es una de las más importantes de la zona en la crianza de ganado angus, ya que aplican un programa personalizado de alimentación para cada res.

Qué comer en Hawái: 14 imprescindibles

Tan lejana como fascinante, Hawái llama la atención de cualquier amante de los viajes. Una de las preguntas que seguro te planteas antes de comprar tus billetes de avión es ¿qué comer en Hawái? Nosotros tuvimos la suerte de disfrutarla durante 10 días y esto es lo que te recomendamos que pruebes sin falta.

1. Poke hawaiano: hace apenas un año era un perfecto desconocido y hoy, si no has probado el poke hawaiano, no tienes conversación entre los ‘foodies’ de moda. Esta ensalada de pescado crudo es una opción sana, ligera y colorida para comer en Hawái por poco dinero. Ya sea en restaurantes, food trucks o supermercados (en forma de poke bars para comprar a granel), existe una amplia variedad dependiendo del pescado o marisco elegidos: salmón, atún rojo, dorada, caballa, mejillones, gambas, langosta, pulpo, calamar, almejas, ostras, vieiras… La proteína se marina con sal, salsa de soja, aceite de sésamo, algas, guindilla e inamona, especie de nuez asada. Y, para rematar, se añaden diferentes verduras (cebolla morada, pepino, tomate en dados…), frutos secos (cacahuetes, almendras, pistachos…), hierbas (cebollino, cilantro, shisho, albahaca…), semillas de sésamo o, incluso, fruta: aguacate, mango, lichis, dados de sandía… Aunque puedes comerlo tal cual, es habitual encontrar los denominados ‘poke bowls’, con una base de arroz cocido o mezcla de lechugas. Una auténtica delicia para comer en Hawái como un verdadero local.

Comer en Hawái
Ahi shoyu poke

Comer en Hawái
Poke con arroz

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Un paseo por Albi, la ciudad de Toulouse-Lautrec

A tan solo 45 minutos de Toulouse y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2010, Albi es una de las ciudades más visitadas de la región de Mediodía-Pirineos. Con poco más de 51.000 habitantes y situada a orillas del río Tarn, es perfecta para pasar una jornada de lo más completa disfrutando de sus estrechas calles, casas medievales y exquisita gastronomía, donde destaca el guiso local, Cassoulet, elaborado con alubias blancas y distintas partes de carne o pescado.

Qué ver y qué hacer en Albi

– Pasear: la mejor manera de conocer cualquier ciudad es patearla hasta que te duelan los pies y, sin duda, Albi invita a ello. Su imponente conjunto arquitectónico de piedra y ladrillo, sus impolutas rúas y pintorescas fachadas obligan a fotografiar pequeños detalles que enamoran al visitante.

Calles repletas de encanto en Albi

– Catedral de Santa Cecilia: una joya del gótico meridional, con una bella decoración interior, y uno de los símbolos que ver en Albi. Fueron necesarios dos siglos para su construcción, de 1282 a 1392, y hoy en día es una de las catedrales más visitadas de Francia. En su interior acoge un un órgano clásico galo de 1736 y una serie de pinturas murales.

Catedral de Santa Cecilia

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Un paseo por Varsovia, la capital de Polonia

Con cerca de dos millones de habitantes, la capital de Polonia se extiende esplendorosa a ambas orillas del Vístula. Devastada casi en su totalidad durante la Segunda Guerra Mundial, Varsovia se vio reducida a escombros y 700.000 personas perdieron la vida. Reconstruida durante más de una década, hoy en día es una de las urbes más visitadas de Europa y no le faltan motivos: historia se mire donde se mire, museos, música a raudales y una gastronomía tan variada como sorprendente. ¿Nos acompañas en este paseo por Varsovia?

Qué ver en Varsovia

1. Palacio de la Cultura y la Ciencia: el edificio más alto de Polonia es el más representativo de su capital, con 237 metros de altura repartidos en 42 pisos, y más de 3.000 oficinas de diferentes empresas e instituciones. En su interior alberga también la Academia de Ciencias Polaca, varios museos, una sala de cine, y dos universidades privadas. No dejes de sacar entrada para admirar las vistas de Varsovia desde su mirador de la planta 30, por tan solo 20 zlotys.

Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia

2. Museo Chopin: uno de los mejores compositores de todos los tiempos nació en Polonia y es venerado en su capital de diferentes maneras, además de dar nombre a su principal aeropuerto: estatuas, bancos sonoros en plena calle y, cómo no, su propio museo. Objetos personales, cartas, manuscritos de algunas de sus obras más famosas, fotografías e, incluso, uno de sus pianos, pueden contemplarse en el Museo Chopin, uno de los imprescindibles que ver en Varsovia aunque no te interese su música. El precio de la entrada es de 13 zlotys y hay tickets especiales para familias.

© Chopin Museum

3. POLIN Museum of the History of Polish Jews: ubicado en el antiguo gueto de Varsovia, este impresionante y original edificio abrió sus puertas en 2013 y es de obligada visita. Nombrado Museo del Año en Europa en 2016, recorre la historia de los judíos polacos a lo largo de más de 1.000 años, desde la Edad Media hasta nuestros días. El precio de la entrada es de 25 zlotys, siendo gratuita los jueves.

© W. Kryński / POLIN Museum of the History of Polish Jews

4. Museo del Alzamiento de Varsovia: las antiguas cocheras del tranvía acogen más de 800 piezas y 1.500 fotografías y documentos gráficos y sonoros sobre el Alzamiento de Varsovia, la mayor rebelión civil contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Del 1 de agosto al 2 de octubre de 1944, las tropas polacas resistieron al asedio germano, siendo finalmente superadas por ellos con un resultado de más de 250.000 muertos, la mayoría de ellos, ejecutados, dejando la ciudad destruida en un 85% de su totalidad. El precio de admisión es de 20 zlotys, con acceso gratuito los domingos.

© Adrian Grycuk para Wikipedia

5. Plaza del Mercado de Varsovia: la más conocida de sus plazas es la más antigua del centro histórico, uno de los principales puntos que ver en Varsovia. Destruida tras el Alzamiento antes reseñado, fue restaurada tras la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en una de las más bellas de toda Europa. Rodeada de tiendas, cafeterías y restaurantes con mucho encanto, se divide en cuatro lados que hacen referencia a diferentes parlamentarios polacos: Barss, Dekert, Kollataj y Zakrzewski.

© Dennis Jarvis

6. Ciudad Vieja de Varsovia: Patrimonio de la Humanidad a pesar de haber sido casi destruida durante la Segunda Guerra Mundial, supo resurgir de sus cenizas para convertirse en un hervidero de turistas. El salón cultural de Varsovia se fundó en el siglo XIII y en su interior podemos encontrar la Barbacana y parte de la muralla de la ciudad, así como el Castillo Real, construido en el siglo XV y que fuera residencia de los príncipes de Mazovia, Iglesia de San Martín o Basílica Archicatedral del Martirio de San Juan Bautista Mártir.

Ciudad Vieja de Varsovia

7. Antiguo gueto de Varsovia: esta línea separaba el resto de la ciudad del mayor gueto judío establecido en Europa durante el Holocausto. En su interior fueron recluidos todos los judíos de Varsovia, así como de otras regiones de Polonia, llegando a malvivir en él alrededor de 400.000 personas. Durante sus tres años de existencia la población se redujo a 50.000 habitantes, falleciendo el resto como consecuencia de enfermedades, hambre y deportaciones a campos de concentración y exterminio.

Entrada al antiguo gueto de Varsovia

8. Cementerio Powązki: no podemos evitarlo… Nos gustan los cementerios… Ni tan siquiera los 15 grados bajo cero, con sensación térmica de -30, nos impidieron visitar el Powązki, donde descansan múltiples personalidades de Polonia, como los padres de Chopin, el Premio Nobel de Literatura Władysław Reymont o el director de cine Krzysztof Kieślowski, principal motivo de nuestra visita.

Tumba de Krzysztof Kieślowski en el Cementerio Powązki

Dónde comer en Varsovia

La gastronomía polaca es tan sabrosa como variada y son muchos los restaurantes donde comer en Varsovia, dependiendo del presupuesto de tu viaje. Si no te apetece gastar demasiado dinero, busca tabernas en las que encontrarás comida casera y los platos más típicos del país.

‘BrowArmia Królewska’ (Królewska, 1): sin duda, el sitio ideal si quieres cenar a ‘hora española’, es decir, más allá de las 22 horas. Como se nos hizo bastante tarde en nuestra primera noche en Varsovia, entramos en esta cervecería con buena relación calidad-precio y algunos platos principales más que aceptables, como salmón al horno o entrecot a la parrilla. De entrante, estábamos deseando hincarle el diente al plato más tradicional de Polonia, pierogi, una especie de gyozas con un montón de rellenos diferentes y realmente deliciosos.

Varsovia
Pierogi, en ‘BrowArmia Królewska’
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Salmón al horno, en ‘BrowArmia Królewska’
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Entrecot, en ‘BrowArmia Królewska’

‘Pasieka’ (Freta 7/9): situado en plena Ciudad Vieja, donde compartimos una tabla de embutidos y fiambres polacos; zupa grzybowa, sabrosísima sopa de diferentes tipos de setas; bigos, estofado de col agria y carne, y pierogi, en este caso, fritos y rellenos de carne. No es el restaurante más bonito de Varsovia, pero tiene su encanto y la comida es auténtica. Una de sus especialidades es el ‘mead honey’, bebida tradicional polaca con alcohol, a base de miel y agua.

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Fiambres y embutidos polacos, en ‘Pasieka’
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Zupa grzybowa, en ‘Pasieka’
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Bigos, en ‘Pasieka’
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Pierogi, en ‘Pasieka’

‘Stolica’ (Szeroki Dunaj 1/3): también dentro de la Ciudad Vieja, este encantador restaurante de reciente apertura es perfecto para comer, cenar o tomar una copa de vino entre medias, ya que su cocina es ‘non stop’ de 11 de la mañana a 10 de la noche. En su carta, platos típicos polacos con un toque personal y perfectamente elaborados, así como un servicio realmente amable.

Varsovia
Sopa de calabaza con queso fresco y aceite de oliva al cilantro, en ‘Stolica’
Varsovia
Pechuga de pato en salsa de ciruelas con gratín de patatas y coulis de manzanas, en ‘Stolica’

‘Warszawa Wschodnia by Mateusz Gessler’ (Minska, 25): hemos dejado para el final uno de los restaurantes que más nos gustó y donde celebramos la Nochevieja de una manera bastante original: con una comida que casi se convirtió en cena. ‘Warszawa Wschodnia’ es un doble espacio -barra con cocina vista, por un lado, y restaurante, por otro-, que ofrece un menú degustación de ocho platos donde se conjuga lo mejor de la cocina polaca con toques afrancesados. Buena carta de vinos y, aunque los precios son bastante más elevados que la media del país, merece muchísimo la pena. Ah, además, la zona de barra está abierta las 24 horas del día, de lunes a domingo. El sitio ideal si buscas dónde cenar en Varsovia a altas horas de la madrugada.

Steak tartar, en ‘Warszawa Wschodnia by Mateusz Gessler’
Sopa de setas y verduras, en ‘Warszawa Wschodnia by Mateusz Gessler’

Cervezas polacas

Żubr, Perla, Tyskie, Warka, Lech… La lista de cervezas polacas es infinita. Olvida la típica caña española, ya que se sirven en vaso de medio litro y, al ser bastante barata, 2,50 o 3 euros, es la bebida más recomendable si tienes pensado visitar Varsovia. Y, si te gusta probar nuevas cosas, pídela con especias, sirope o zumo de frutas, eso sí, caliente y respondiendo al nombre de “grzane piwo”.

Warka, cerveza polaca

Vodka polaco

Żubrówka, Wolny, Evolution Bison… La lista de vodkas polacos no tiene nada que envidiar a la de cervezas. De alta graduación, la mayoría con más de 40 grados, goza de merecida fama y se disputa su origen con Rusia. Existen multitud de variedades, dependiendo de la destilación y la casa donde se fabrique. Na zdrowie!

Vodka polaco

Dónde dormir en Varsovia

Aunque las primeras noches las pasamos en un apartamento, las dos últimas reservamos una habitación superior con acceso al club en el Intercontinental Warsaw, uno de los mejores hoteles de Varsovia. Con vistas de la ciudad casi en 360 grados, está ubicado en la planta 41 y, de 7 de la mañana a 9 de la noche, ofrece una amplia selección de refrescos, snacks, infusiones y cafés.

Picoteo en el club del Intercontinental Warsaw

Cómo ir del aeropuerto de Modlin a Varsovia

El aeropuerto de Modlin no es el principal de Varsovia, pero sí uno de los más transitados, a pesar de que solo opera en él Ryanair. Se encuentra a 40 kilómetros de la capital polaca y cuenta con una sencilla terminal.

El autobús es la manera más cómoda de llegar del aeropuerto de Modlin al centro de Varsovia en 40 minutos. El servicio tiene bastante buena frecuecia y está coordinado con las llegadas de vuelos. Es directo, sin paradas, hasta el Palacio de la Cultura y la Ciencia, en pleno centro. Aunque puedes comprar los billetes en el propio autobús, si lo haces on line tendrás un pequeño descuento (33 zlotys ida y vuelta, unos 8 euros).

El taxi es la manera más costosa de llegar del aeropuerto de Modlin al centro de Varsovia, alrededor de 50 euros, aunque ya está operativo Uber, que reduce el precio para dejarlo en unos 30 euros. Una excelente opción si viajáis un grupo de cuatro personas.

También es posible ir del aeropuerto de Modlin al centro de Varsovia en tren. Aunque la parada está en las inmediaciones de la terminal de salidas y llegadas, se accede con un bus coordinado con el ferrocarril. Tiene una frecuencia de 20-30 minutos y el trayecto dura 35 minutos, a los que hay que sumar unos 10 del recorrido en autobús. El precio para ambos trayectos es de unos 7 euros.

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12 pistas gastronómicas para disfrutar en Edimburgo

Si hay algo que nos gusta hacer cuando salimos de viaje es disfrutar de la gastronomía local, algo tan importante para nosotros como visitar museos y monumentos. Escocia no iba a ser menos y durante el tiempo que pasamos en su capital pudimos llenar el buche en unos cuantos restaurantes y pubs que os mostramos a continuación. Desde Estrellas Michelin a comida callejera, comer en Edimburgo más allá del haggis y el fish&chips es posible.

¿Dónde comer en Edimburgo?

1. ‘Martin Wishart Restaurant’: es uno de los restaurantes más reputados del Reino Unido por motivos más que evidentes. Galardonado con una Estrella Michelin desde 2001, Martin Wishart nos dio aún más de lo que esperábamos en la comida que compartimos con Alberto y Patricia, nuestros amigos del alma. Pedimos el menú degustación de seis platos que, por 80 libras, incluía algunas pequeñas joyas como ‘Crab and langoustine’, a base de cangrejo y cigala, con calabacín, aguacate y judías verdes; ‘Orkney scallop’, con vieira, apio, guanciale y dashi, o ‘Ravioli of squab pigeon’, un delicado ravioli de carne de paloma de apenas tres semanas de vida, con consomé, zanahoria y rábano. Un sitio único para comer en Edimburgo, en el barrio de Leith, al que regresar con los ojos cerrados.

Comer en Edimburgo
Cangrejo y langostino, en Martin Wishart

Comer en Edimburgo
Ravioli de paloma, en Martin Wishart

Comer en Edimburgo
Regalazos de cumpleaños, en Martin Wishart

2. ‘Number One’: ubicado en uno de los hoteles más lujosos de Edimburgo, el Balmoral, fue el lugar elegido para celebrar mi cumpleaños número 41. Por la noche ofrece dos menús degustación, de tres o cuatro platos, por 75 y 80 libras, respectivamente. Elegimos el segundo de ellos, junto a una botella de Burdeos y la experiencia fue realmente mágica. Es uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad y resulta perfecto para celebrar una ocasión especial.

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Cuatro excursiones sin coche desde Edimburgo

Como no tenemos carnet de conducir ni, por supuesto, coche, ya que nos gusta pasear por las ciudades sin renunciar a escapadas casi obligadas, encontramos en la céntrica estación de Waverley la oportunidad perfecta para organizar cuatro excursiones desde Edimburgo que bien merecen la pena. La capital de Escocia es punto de llegada y salida para un montón de trenes cuyos trayectos, a precios más o menos razonables, harán las delicias de gente sin prisas más preocupada por el paisaje que por el volante.

Excursiones desde Edimburgo
Mejor en tren, al menos para nosotros

1. Glasgow: por alrededor de 20 libras (ida y vuelta) y una hora de viaje, con parada en la victoriana Central Station, podréis conocer esta urbe, epicentro de aquella Revolución Industrial que cambió el mundo por completo. Nosotros subimos al faro de Mackintosh, visitamos la curiosa galería de arte que hay en Kelvingrove, paseamos hasta Riverside para apreciar la gran obra de Zaha Hadid y pedimos, antes de volver a la estación, un par de pintas en el mítico King Tut’s Wah Wah Hut.

Excursiones desde Edimburgo
Un buen punto de partida

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Un paseo por Copenhague, la reina de Dinamarca

Dinamarca era una de nuestras asignaturas pendientes y el pasado mayo tuvimos la suerte de escaparnos durante una semana a su capital, Copenhague. Lo primero que nos llamó la atención, además de su belleza, fue la limpieza de sus calles y el culto al medio de transporte por excelencia de los países nórdicos: la bicicleta. Si el tiempo acompaña, es la manera más recomendable de recorrer la urbe. Al contrario que en Madrid, por ejemplo, existe un amplio carril bici de 350 kilómetros, seguro y separado de la carretera, por el que transitar sin miedo a atropellos o estorbar a los coches de turno. Hay semáforos y aparcamientos exclusivos para bicicletas y éstas tienen prioridad absoluta sobre los automóviles, bastante más escasos que en cualquier otra metrópoli europea. Hay cientos de establecimientos en los que alquilarlas por días, por alrededor de 10 euros, o semanas, por unos 50. Una alternativa más barata son las bicicletas públicas, completamente gratis tras depositar como fianza 20 coronas, unos 3 euros, que recuperarás cuando la dejes en cualquiera de las estaciones repartidas por Copenhague. Y si eres de los que prefiere pedalear lo justo, únete al movimiento Bycyklen, cuya idea es compartir bicicletas eléctricas con otros usuarios por las que únicamente pagarás el tiempo justo que las utilices.

Copenhague
Bicicletas en la Estación Central de Copenhague

¿Cómo ir desde el aeropuerto al centro de Copenhague?

El aeropuerto está situado en Kastrup, a menos de 10 kilómetros del corazón de la ciudad, y perfectamente conectado con la Estación Central desde la Terminal 3: por metro (unos 5 euros el billete), tren o autobús 5A (2,5 euros, en ambos casos) o taxi (28 euros). Valora antes de elegir tu medio de transporte si merece la pena comprar alguna tarjeta turística, en caso de que tu estancia sea superior a tres días, y ten en cuenta que las tres terminales aeroportuarias están unidas entre ellas por un servicio gratuito de lanzaderas.

¿Qué ver y hacer en Copenhague?

Aunque son muchas las cosas que ver y hacer en Copenhague, aquí te mostramos nuestra pequeña selección: Seguir leyendo «Un paseo por Copenhague, la reina de Dinamarca»

‘Relae’, una joya gastronómica en Nørrebro (Copenhague)

Relae
Pan ecológico y vino natural en Relae

Corría el año 2010 cuando Christian Puglisi y Kim Rossen, ex trabajadores de ‘Noma’, abrieron este sencillo local en el barrio de Nørrebro, en Copenhague, con las ideas muy claras. Seis años después pueden presumir de una Estrella Michelin y ocupar el puesto número 45 en la lista de los 50 Mejores Restaurantes del Mundo.

El menú Relæ experience consta de siete platos y cuesta 120 euros por persona, un precio más que ajustado si se tiene en cuenta el altísimo nivel adquisitivo de Dinamarca. También hay otro de cuatro platos, por 63 euros.

Su manifiesto es que ‘todo se corta hasta el hueso y los únicos marcos son los que cuelgan de las paredes’. Entre el 90 y el 100 por 100 de los alimentos con los que trabajan están certificados como orgánicos, sus panes son 100 por 100 ecológicos y los vinos de su carta, naturales.

‘Relae’ es un ejemplo de restaurante sostenible y llaman la atención detalles que en otra parte pasarían desapercibidos, como el agua, que en vez de ser mineral ha sido filtrada y se sirve en botellas de vino recicladas, sin ningún coste,por supuesto.

Si tienes oportunidad, reserva una mesa con vistas a la cocina abierta de ‘Relae’. Así no perderás detalle de una coreografía casi perfecta en la que algunos de los camareros son los propios cocineros. Ellos se encargan de presentar su creación y explicar cómo ha sido elaborada. Seguir leyendo «‘Relae’, una joya gastronómica en Nørrebro (Copenhague)»

9 pistas gastronómicas para disfrutar de Valencia

La cercanía en AVE desde Madrid, el sol que aseguran luce durante más de 300 días al año, y una excelente gastronomía que le ha dado merecida fama mundial, hace que cada año, bien sea primavera u otoño, nos escapemos a la Ciudad del Túria durante 2 ó 3 días para cargar pilas. Pero, ¿dónde comer en Valencia? Hay cientos de restaurantes y es difícil decidirse sólo por uno. Bien sea cocina de mercado, pescados, mariscos, sus famosos arroces, o por qué no, en forma de tapa, te enseñamos estos 9 restaurantes para comer en Valencia.

1. ‘Saiti’: el último negocio de Vicente Patiño, que atesora más de veinte años en la profesión, sigue en la cresta de la ola gracias a su propuesta de cocina de mercado basada en producto fresco elaborado sin complicaciones y un toque muy personal. Además de carta, ‘Saiti’ dispone de 3 menús, de 27, 37 y 50 euros, destacando la Ensaladilla rusa, las Ostras Girardeu o el Steak tartar, junto a una selección de arroces secos y melosos, estos últimos, sólo disponibles al mediodía y a mesa completa.

Comer en Valencia
Ensaladilla rusa, en ‘Saiti’
Comer en Valencia
Steak tartare, en ‘Saiti’

2. ‘La Pepica’: clásico donde los haya para comer en Valencia, es uno de los restaurantes más antiguos de la capital y de España. Fundado en 1898, por sus instalaciones han desfilado todo tipo de celebridades, desde el ‘ex Rey’ -que se las sabe todas- hasta Hemingway, pasando por Ava Gadner u Orson Welles, todos ellos grandes enamorados de nuestro país. Extensa carta de arroces, pescados y mariscos, además de pequeñas joyas estacionales, como clóchinas, tellinas o almejas de Carril. Y, todo ello, en plena Playa de la Malvarrosa.

Comer en Valencia
Tellinas, en ‘La Pepica’
Comer en Valencia
Paella ‘La Pepica’

3. Ricard Camarena: la pasada primavera regresé con mi compañero de batallas para saborear la cocina de este Estrella Michelin y tres Soles de la Guía Repsol, que resulta una experiencia completa donde dejarse llevar por los cinco sentidos. Producto, técnica y sabor en un espacio íntimo y tranquilo donde la mesa más cercana está lo suficientemente lejos como para sentirse el protagonista único y principal de una obra gastronómica que rezuma belleza y complejidad en platos sublimes como Carpaccio de mero, perejil y mandarina o Guisantes estofados, rúcula y sisho verde.

Comer en Valencia
Carpaccio de mero, perejil y mandarina, en Ricard Camarena
Comer en Valencia
Guisantes estofados, rúcula y sisho verde, en Ricard Camarena

4. ‘Vuelve Carolina’: el extremeño Quique Dacosta fue uno de los primeros en apostar por establecimientos de formato ‘low cost’ con firma propia donde las tapas se salieran de lo corriente y se elaboran al momento con productos de excelente calidad. ‘Vuelve Carolina’ fue el primero de ellos, al que siguió ‘Mercat Bar’ y ‘El Poblet’, todos ellos en la Ciudad del Túria.

Comer en Valencia
Yogur de cremoso de parmesano con albahaca y mentas, en ‘Vuelve Carolina’
Comer en Valencia
Dados de salmón marinado, en ‘Vuelve Carolina’

5. ‘Canalla Bistro’: el imperio de Ricard Camarena se ha expandido en poco tiempo con otros modelos de negocio más rentables que su espacio gastronómico y al que el público valenciano se ha rendido sin ningún tipo de duda. Uno de ellos, en forma de bistró gamberro, se comunica con el restaurante estrellado a través de la cocina y, podemos asegurar, llena noche tras noche. Algunas de sus creaciones, como el Sándwich de pastrami extilo ‘Kat’z’ o el Bocata al vapor de cerdo Pekín, ya son clásicos.

Comer en Valencia
Bocata al vapor de cerdo Pekín
Comer en Valencia
Sándwich de pastrami estilo ‘KAT’Z’

6. ‘Duna’: arroz, domingo y playa puede sonar a pesadilla para muchos, pero cuando el escenario son las dunas de la playa de El Saler, sobre las que se asienta el restaurante homónimo, el plan resulta, sencillamente, mágico. Exquisitos arroces servidos en su propia paella y delicadas creaciones como Tartar de mero con encurtidos o Croquetas de bogavante, además de una completa carta de vinos, invitan a disfrutar de una jornada playera de lo más especial para comer en Valencia.

Comer en Valencia
Tartar de mero de playa con encurtidos, en ‘Duna’
Comer en Valencia
Arroz negro de sepionet y chipirones, en ‘Duna’

7. ‘Panorama’: en la Marina de Juan Carlos I, uno de los espacios construidos para los fallidos eventos deportivos de Valencia -y que tanto dinero nos han costado a todos los españoles- se ubica el que, probablemente, sea el restaurante con mejores vistas de la ciudad. Además de una terraza perfecta para el aperitivo y/o copas y un comedor presidido por una enorme cristalera que parece adentrarse en el mar, su propuesta resulta más que interesante, destacando los arroces secos y melosos. Precios ajustados y servicio joven y moderno.

Comer en Valencia
Clóchinas, en ‘Panorama’
Comer en Valencia
Arroz con pato, setas y alcachofas, en ‘Panorama’

8. ‘Central Bar’: Camarena alegra las barrigas de clientes y comerciantes del Mercado Central de Valencia. En la pizarra de ‘Central Bar’, sugerencias que varían diariamente y siguen la filosofía del ‘kilómetro 0’, ya que la mayoría de productos se adquieren en los puestos del propio mercado, como gamba roja de Denia u ostras. Un buen puñado de originales bocadillos se dan la mano con tapas que hacen las delicias de guiris y lugareños, como las Croquetas de pollo rustido o las Patatas Bravas, todo ello recién elaborado en una pequeña y bulliciosa cocina vista.

Comer en Valencia
Gamba roja de Denia, en ‘Central Bar’
Comer en Valencia
Ostra valenciana al natural, en ‘Central Bar’

9. ‘San Nicolás’: en el barrio del Carmen y muy cerca del Mercado Central, ‘San Nicolás’ resiste los envites de la cocina moderna con la que se ha convertido en especialidad y seña de identidad de la casa, los pescados cocinados al papillote o, lo que es lo mismo, envueltos en papel vegetal y aderezados con zumo de limón y azafrán, para realzar su sabor final en el horno. El nuestro era una selección de pez limón, fura, pargo y corvina. Y todas las verduritas que podéis ver en la foto: zanahoria, calabacín, berenjena, guisante, judía verde, pimiento y haba. Sencillamente, delicioso. Antes, nada mejor que una Degustación de entrantes compuesta por Anguila en canelónPulpo a la gallegaTomate valenciano aliñado y Pescado escabechado.

Comer en Valencia
Degustación de entrantes, en ‘San Nicolás’
Comer en Valencia
Pescado al papillote, en ‘San Nicolás’

¿Te ha gustado esta selección de restaurantes para comer en Valencia? ¿Conoces algún otro que nos recomiendes para una próxima visita?

Un paseo por Toulouse (Francia)

Después de más de dos décadas sin pisar territorio francés, quien les escribe y Marta, la editora de Pasean2.com, hemos visitado a nuestros vecinos galos en tres ocasiones a lo largo del pasado curso 2015: Burdeos, hace unos meses, París, a final de año, y Toulouse el pasado otoño, como os contamos a continuación. Esta urbe bañada por el río Garona es el destino perfecto para exprimir unos días entre coquetas calles, importantes monumentos y una variada oferta gastronómica.

Toulouse
La oficina de turismo al fondo

Antes de ponernos en marcha decidimos pasarnos por la Oficina de Turismo situada en Donjon du Capitole, dentro de un edificio histórico que merece la pena conocer. Allí tuvimos la inmensa suerte de encontrarnos con Elena Bourdaries, una guía local que en perfecto castellano no dudo en mostrarnos lo mejor de Toulouse en un paseo de casi tres horas por el centro histórico de la capital occitana.

Toulouse
Balcones de estilo parisino

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Atrio: casa, comida y bodega en Cáceres

Restaurante Atrio
Imagen extraída del blog Mansilla y Tuñón Arquitectos

Acudir a Extremadura en pleno verano puede suponer un agobio para gente del norte como nosotros. Si la convocatoria la hace tu mejor amigo porque quiere celebrar su boda en una finca de la provincia de Cáceres, la cosa cambia. Y si, además, Marta, la editora de Pasean2.com, concluye que la parada en la Capital Gastronómica de 2015 es más que obligatoria, no queda otra que tomar una decisión: ¿comemos en ‘Restaurante Atrio’ y, de paso, nos alojamos allí?

Seis meses antes de la cita hicimos nuestros cálculos y observamos que la oportunidad se presentaba única para experimentar lo que nosotros denominamos «Turismo Gastronómico», y que consiste en viajar, pasear, comer y contar, sin prisas, sin coches, sin niños.

En el momento de escribir esta reseña nos hemos dado cuenta que ‘Atrio’ representa un concepto mucho más amplio de lo que hemos conocido alrededor de esta península y en otros rincones del mundo.

Casa, comida y bodega, así vamos a estructurar esta exigente entrada, pero, antes, permítanme una breve pincelada sobre Cáceres, marco de esta aventura y ciudad Patrimonio de la Humanidad gracias a la herencia histórica sobre la que se asienta: restos del Neolítico, vestigios romanos, legado visigodo, influencia almohade, arquitectura medieval, cuna conquistadora y camino de Sefarad, entre otras muchas referencias que darían para abrir un blog o una enciclopedia, según se mire.

Casa. Este «Relais & Chateaux» de nueve habitaciones y cinco suites se levanta intramuros, concretamente, en la plaza de San Mateo, junto a la iglesia del mismo nombre y al lado del Palacio Ulloa, ambos del siglo XV. ‘Atrio’ es hoy por hoy otra joya arquitectónica salida del prestigioso estudio “Mansilla y Tuñón Arquitectos” para dar cabida a un impresionante restaurante con bajada a la bodega en la primera planta, un hotel de vanguardia en la segunda y una muy calculada piscina en la azotea.

Todas las estancias están equipadas con suelo radiante, televisión Loewe y mobiliario escandinavo de diseño, que unido a los cuadros de importantes pintores contemporáneos, provocan en el viajero la inevitable tentación de resguardarse, de no salir, de quedarse para siempre leyendo un libro, escuchando el lejano bullicio de las calles o simplemente duchándose, con medida, por supuesto.

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Un paseo por la bella ciudad de San Marino

Antes de visitar la República de San Marino debéis saber que su territorio se extiende en poco más de 60 km² y, aunque nosotros estuvimos allí algo menos de 24 horas, os podemos asegurar que nuestro clásico paseo mereció la pena. Llegamos a este mágico enclave procedentes de Bolonia en una rápida combinación de tren, primero, y bus, después, concretamente, desde la estación de Rímini, ciudad al norte de Italia ubicada en la región de Emilia-Romaña. El cercano mar Adriático, junto al majestuoso Monte Titano y las extensos cultivos de la zona, hacen que las vistas sean de esas que quitan el hipo.

San Marino
La belleza del paisaje

El que dicen es el estado soberano más antiguo del mundo tiene una población de 32.743 habitantes y el primero de ellos, que da nombre al país, fue un maestro cantero que se instaló en sus colinas durante el siglo IV forjando una de las comunidades más pacíficas de las que hay constancia documental. Desde 1243 y de manera ininterrumpida son elegidos dos Cónsules o Capitanes Regentes, quienes, por un período de seis meses, hacen las veces de Jefe de Estado. Como curiosidad, cabe destacar que las monedas de euro sanmarinenses, diseñadas por el artista Frantisek Chochola, son muy apreciadas por los coleccionistas.

San Marino
El santo picando piedra

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10 paradas que todo ‘foodie’ debe hacer en Oporto

Los anglicismos mezclados con el castellano nunca nos gustaron, pero ahora que la segunda ciudad más importante de Portugal es un fenómeno trendy, que alguna it girl mediática se ha instalado allí y que, según lo que cuentan influencers como el gran Xixerone, la zona de Bombarda es lo más hipster en la desembocadura del Duero, ahí va nuestra propuesta de 10 paradas para comer en Oporto.

Comer en Oporto
Los lunes al sol sientan muy bien

1. Desayunar un sencillo sándwich con una fría cerveza Super Bock mientras se observa la majestuosa amplitud del Atlántico. Esta opción es posible en alguno de los chiringuitos que abren desde primera hora de la mañana en la Playa de los Ingleses (Foz), entre el Faro de Felgueiras y el Fuerte de San Francisco Javier. En el que estuvimos había Wi-Fi, pero sugerimos desconectar para disfrutar.  Seguir leyendo «10 paradas que todo ‘foodie’ debe hacer en Oporto»

6 pistas gastronómicas para devorar Burdeos

‘La Tupina’: un restaurante encantador donde los haya es éste situado en la Rue Porte de la Monnaie. Abierto en 1968, dispone de varios espacios perfectamente diferenciados para comer en Burdeos: pequeño hotel de cinco habitaciones, café, brasería, tienda delicatessen, bistró de inspiración cretense y restaurante tradicional de comida francesa. Probamos el último de ellos, que ofrece varios menús entre 18 y 74 euros. Nada más entrar, un impresionante fuego donde se cocinan algunos de los platos de su carta, y productos de primerísima calidad expuestos como si de un puesto del mercado se tratase, dan la bienvenida al cliente. Nos decidimos por el menú de 39, con varias propuestas galas más que apetecibles y que incluía tres copas de vino, además de postre. Algunas joyas inalcanzables para el común de los mortales, como un Petrus de 1963, se exhiben en su vinoteca sin ningún tipo de pudor, aunque, eso sí, bajo candado.

Comer en Burdeos
Una cocina muy original

Comer en Burdeos
Huevos «fritos» sobre fondue de pimientos, tomates, cebolla y ajo

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Un paseo por Rotterdam (Holanda)

Rotterdam es uno de esos lugares que rebosa encanto mires donde mires. Con el mayor puerto de Europa, segundo del mundo tras el de Shanghai, y una población superior al medio millón de habitantes, sufrió un bombardeo en 1940 que dejó 800 muertos y a más de 80.000 personas sin hogar. La posterior ocupación nazi forma también parte de la historia de una ciudad cómoda para recorrer a pie en un par de días con la tranquilidad que conlleva el slow travel. A continuación, os contamos lo que dieron de sí nuestras 72 horas en Rotterdam disfrutando de grandes contrastes arquitectónicos y buena gastronomía, sin ningún tipo de estrés.

Rotterdam
Delfshaven

Ayuntamiento: uno de los pocos edificios que sobrevivió al bombardeo de 1940. Este edificio modernista, con influencias románicas, bizantinas y art decó, fue construido en torno a un jardín interior al que se puede acceder y es sede de la oficina del alcalde de Rotterdam.

Rotterdam
Ayuntamiento de Rotterdam

Calypso: 407 apartamentos de lujo repartidos en 22 plantas en un espectacular edificio de 2012 que, por el diseño de su fachada, da la sensación de estar en movimiento.
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‘Jaleo’ o cómo un chef español conquistó Washington

Debo reconocer que uno de los cocineros que siempre me ha llamado la atención lleva por nombre José Ramón Andrés Puerta. Dicho así, pocos sabrán que me estoy refiriendo al chef José Andrés (Mieres, 1969). El motivo de esta admiración reside en tres claves, siendo la primera aquel programa de TVE que, allá por 2005, mostraba una forma de cocinar tan sencilla como bien explicada. La segunda razón es la vinculación de José Andrés al «evangelio» de Ferrán Adriá, ya que el asturiano trabajó en la época dorada de ‘El Bulli’ para luego convertirse en uno de los mejores «discípulos» de aquel templo de la alta gastronomía. En tercer lugar, hay que tomar nota de la increíble trayectoria de este personaje en Estados Unidos, cuya curva ascendente comenzó en 1993 con la apertura en Washington de ‘Jaleo’, su buque insignia y objeto de esta reseña.

Jaleo
Según la RAE: diversión bulliciosa, alboroto, tumulto,…

En julio del año pasado, tuvimos ocasión de visitar de nuevo la capital del imperio. Como es habitual en nosotros, tardamos en decidir cuál sería el restaurante elegido para darnos un capricho comedido, pues, además del precio, valoramos mucho comentarios de otros comensales, la opinión de blogs especializados y por qué no, el tirón mediático del establecimiento. Aunque Marta era muy reacia a una propuesta española (según ella para eso no hace falta cruzar un océano) la balanza se inclinó por ‘Jaleo’, localizado en el 480 7th St NW (muy cerca de la Casa Blanca y no muy lejos del Capitol Hill Hotel), con reserva previa en Opentable.

Jaleo
Atentos al jugador merengue en el centro

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10 razones para subirse al ‘Tren Campos de Castilla’

La temporada pasada tuvimos la oportunidad de conocer uno de los formatos turísticos más interesantes de los que tienen a Madrid como punto de partida. Nosotros siempre hemos sido, y así nos reconocemos, defensores del tren, amantes de la literatura, curiosos del arte, exploradores del buen comer y compatriotas de Castilla y León. Estas 5 características se reunieron hace un año en un fin de semana perfecto y, por ese motivo, os detallamos a continuación 10 razones de peso para subirse al ‘Tren Campos de Castilla’.

1. Porque comienza una nueva edición de sábados y domingos comprendidos entre el 16 de mayo y el 14 de noviembre con el habitual parón en agosto. Durante este período, la iniciativa “Soria Vacaciones” ofrece la oportunidad de conocer lo mejor de la capital castellana y sus alrededores.

Tren Campos de Castilla
Revisor de otra época

2. Porque el viaje empieza y termina en un vagón de tren, concretamente, en la madrileña estación de Chamartín, con sus correspondientes paradas en Alcalá de Henares, Guadalajara y Sigüenza, localidad esta última en la que se subirán al Tren Campos de Castilla unos personajes muy especiales.

Tren Campos de Castilla
Torrezno de Soria

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Japón en 30 bocados (más o menos) inolvidables

Si hay algo que sorprenda en Japón, además de la exquisita educación de sus habitantes y sus impolutas calles, es la gastronomía. Si eres de los que piensa que los nipones se alimentan a base de sushi y tempura, te llevarás una sorpresa mayúscula. En las tres semanas que disfrutamos del Imperio del Sol Naciente, apenas repetimos ningún plato y, si lo hicimos, fue porque sabíamos que tardaremos tiempo en probar otro igual. De esta selección de 30 bocados para comer en Japón, apenas hay 5 que no hicieron disfrutar a nuestro paladar. El resto, para repetir una y mil veces. Juzga tú mismo.

Comer en Japón
Barbacoa japonesa

1. Barbacoa japonesa o yakiniku: una de las opciones más sanas y económicas para comer en Japón, donde cada uno se prepara la carne y verdura al punto deseado y sin apenas grasa. Suele ir acompañada de un bol de sopa y otro de arroz y, dependiendo del corte de la carne, oscila entre 10 y 30 euros por persona.

Comer en Japón
Bento

2. Bento: el take away japonés por excelencia. Imposible marcharse del país sin haberlo probado una o varias veces, sobre todo, si te ves obligado a hacer trayectos en shinkansen, ya que es el bocado más habitual de lugareños y turistas. Dada la comodidad de su envase, resulta de lo más sencillo para comer mientras se viaja y existen decenas de puestos en las diferentes estaciones de tren a lo largo y ancho de Japón. En su interior: infinidad de propuestas a base de ternera, pollo o pescado acompañados de diferentes guarniciones. ¿El precio? Desde 8 euros y, por lo general, acompañados de una bebida. Seguir leyendo «Japón en 30 bocados (más o menos) inolvidables»

Momofuku, el imperio de David Chang

Momofuku Ando fue el creador de la sopa de fideos -o ramen– instantánea elaborada por la empresa Nissin Foods durante la segunda posguerra mundial para paliar la hambruna de la época. Seguro que todos conocéis el envase humeante que durante diez años fue uno de los símbolos más representativos de Times Square. ¿A que sí?

Como homenaje a Ando, el norteamericano David Chang decidió nombrar a su más que exitoso grupo de restaurantes, que nació en 2004 con un modesto local en el East Village neoyorquino, ‘Momofuku Noodle Bar’. En 2006, y tan sólo a un par de manzanas, abría sus puertas ‘Momofuku Ssäm Bar’, al que siguieron ‘Momofuku Ko’ y ‘Momofuku Milk Bar’. En la actualidad, su imperio se ha extendido a Sydney y Toronto, además de ampliar sus establecimientos para otro tipo de negocios, como ‘Booker and Dax’, bar ubicado en la parte de abajo del ‘Ssäm Bar’.

Aunque nos hubiera encantado probar ‘Ko’, con dos Estrellas Michelin, en este viaje de tres semanas por la costa Este de los Estados Unidos, no podíamos permitirnos su menú degustación de 175 dólares, así que nos ‘limitamos’ al ‘Noodle Bar’ y ‘Ssäm Bar’.

Momofuku
Cocina de Momofuku Ssäm Bar

Ssäm Bar

Llegamos casi cuando estaban cerrando la cocina, pero nos dio tiempo a un ‘picoteo’ y a probar la especialidad de la casa, los steamed buns o bollitos al vapor, tan de moda ahora en España. El nombre de este restaurante, situado en el 207 de la calle 13 con la 2ª Avenida, se debe al ssäm, plato coreano que en el que se usa una hoja de verdura para envolver los ingredientes de los que se compone. Aquí lo llaman O.G. Momofuku Ssäm, se sirve dentro de una hoja de lechuga y, a su vez, en el interior de un wrap, formando un bocado tan delicioso como poco fotogénico. Se compone de lomo de cerdo, black beans, arroz y kimchi, en una mezcla de sabores picantes y dulces realmente sorprendente.

Momofuku
Smoked salmon bun

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35 motivos para enamorarse perdidamente de Boston

Boston
Bahía de Boston

El verano pasado pudimos disfrutar de un par de semanas en Boston, capital de Massachusetts, y una de las ciudades con más historia de los Estados Unidos. Ideal para peatones como nosotros, invita a recorrer sus cientos de rincones cámara en mano y ojos bien abiertos para no perder detalle. Hemos recopilado 35 motivos por los que ya se ha convertido en uno de nuestros destinos favoritos al que, a buen seguro, regresaremos en un futuro.

Boston
Acariciando peces raya en el acuario de Boston

1. Acuario (Central Wharf/25 dólares): uno de los lugares perfectos para ir con niños en Boston es el New England Aquarium, que recibe más de un millón de visitantes al año y ofrece la posibilidad de acariciar mantasraya como las de la fotografía, además de otras actividades educativas. En su tanque central, con casi 800.000 litros de agua marina que dan cobijo a alrededor de 700 animales, destacan tortugas gigantes y tiburones, y en la primera planta, un hábitat diseñado para albergar a cerca de 80 pingüinos de 3 especies diferentes. Hay distintas atracciones dependiendo del día de la semana, como espectáculos en vivo con focas y leones marinos o la hora de la comida de los ‘pájaros bobos’. Seguir leyendo «35 motivos para enamorarse perdidamente de Boston»

Ocho visitas a ‘Cocinandos’ en ocho platos para recordar

Si sois lectores habituales de este blog y seguís nuestras redes sociales, conoceréis de sobra la debilidad que tenemos por ‘Cocinandos’, el único restaurante leonés galardonado con una estrella Michelin y a cuyos mandos se encuentra la pareja formada por Yolanda León y Juanjo López. En puertas de una nueva visita, hemos querido recopilar los platos que más nos han gustado en las ocho que llevamos hasta la fecha. Y por qué tantas, os preguntaréis. Muy sencillo: la relación calidad-precio, con un menú degustación por 41 euros, y la opción de maridaje por 16 euros más, es incomparable en la Ciudad del Bernesga y, posiblemente, en toda Castilla y León. Pero, sin duda, el motivo principal es que allí, gracias a la hospitalidad de todo el equipo, nos sentimos como en casa.

Cocinandos
Mini bollo de hongos al vapor

1. Mini bollo chino de hongos al vapor. En ‘Cocinandos’ fueron unos visionarios elaborando los bollitos chinos al vapor que tan de moda se han puesto en la gastronomía española desde hace algún tiempo. Se sirve sobre una minúscula cesta de mimbre y los preparan de diferentes maneras, siendo el de hongos y el de Cecina de León los dos que hemos podido catar hasta ahora, pero es un aperitivo tan sabroso y original que no nos importaría que estuviera presente en cada repertorio.

Cocinandos
Bacalao con guiso de hongos y garbanzos de pico pardal con su jugo

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Un paseo por Washington, capital de los Estados Unidos

Washington es una de las ciudades más fascinantes de los Estados Unidos. Mucho menos turística que Nueva York, y con alrededor de 600.000 habitantes, ofrece al viajero decenas de posibilidades para disfrutar solo, en pareja o en familia. La mayoría de museos son gratuitos, se concentran en una misma zona y están dotados de conexión Wi-Fi libre de pago y contraseña. Aquí te ofrecemos 20 consejos para disfrutar a tope en 2 ó 3 días del centro neurálgico de la política.

Qué visitar en Washington

Washington
Monumento a Abraham Lincoln

1. Monumento a Abraham Lincoln o Lincoln Memorial. Inaugurado en 1922 e inspirado en un templo griego, fue construido para honrar la memoria del presidente número 16 de los Estados Unidos. De piedra blanca y con casi 200 metros de altura, consta de 36 columnas, que representan el número de estados a la muerte de Lincoln, y en sus paredes pueden leerse algunas de sus frases más célebres. Fue allí donde, en 1963, Martin Luther King pronunció su discurso ‘Yo tengo un sueño’, al final de la marcha por el trabajo y la libertad.

2. Monumento a Jefferson. Dedicado al tercer presidente y uno de los padres de la nación, se encuentra en West Potomac Park, a la orilla del río de igual nombre, en línea recta con la Casa Blanca y el Monumento a Washington. En su interior alberga una estatua de Thomas Jefferson realizada por el escultor Rudulph Evans, con una altura de 6 metros y 5 toneladas de peso.

Washington
National Mall, Obelisco y Capitolio (al fondo de la imagen)

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