Un paseo por Rotterdam (Holanda)

Rotterdam es uno de esos lugares que rebosa encanto mires donde mires. Con el mayor puerto de Europa, segundo del mundo tras el de Shanghai, y una población superior al medio millón de habitantes, sufrió un bombardeo en 1940 que dejó 800 muertos y a más de 80.000 personas sin hogar. La posterior ocupación nazi forma también parte de la historia de una ciudad cómoda para recorrer a pie en un par de días con la tranquilidad que conlleva el slow travel. A continuación, os contamos lo que dieron de sí nuestras 72 horas en Rotterdam disfrutando de grandes contrastes arquitectónicos y buena gastronomía, sin ningún tipo de estrés.

Rotterdam
Delfshaven

Ayuntamiento: uno de los pocos edificios que sobrevivió al bombardeo de 1940. Este edificio modernista, con influencias románicas, bizantinas y art decó, fue construido en torno a un jardín interior al que se puede acceder y es sede de la oficina del alcalde de Rotterdam.

Rotterdam
Ayuntamiento de Rotterdam

Calypso: 407 apartamentos de lujo repartidos en 22 plantas en un espectacular edificio de 2012 que, por el diseño de su fachada, da la sensación de estar en movimiento.
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The Manhattan Hotel (Rotterdam)

Manhattan Hotel
Fachada de The Manhattan Hotel

El Manhattan Hotel fue nuestro alojamiento durante la escapada invernal que hicimos a Rotterdam. Situado justo frente a la Estación Central, en un edificio denominado Millenium Tower, es un establecimiento de reciente apertura con todas las comodidades de un cinco estrellas. Su ubicación es perfecta para recorrer la ciudad a pie o en tranvía, ya que está cerca de todas las atracciones turísticas.

Manhattan Hotel
Cama de la executive room

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Cómo ir desde el aeropuerto al centro de Rotterdam

Aeropuerto de Rotterdam-La Haya

Situado a tan sólo 8 kilómetros de la entrada noroeste de la ciudad, el aeropuerto de Rotterdam-La Haya es el tercero más grande de los Países Bajos en número de pasajeros, algo más de millón y medio anualmente. Al no ser demasiado amplio, olvídate de shuttles o trenes subterráneos para moverte entre terminales y camina en busca del cartel que indica la salida hacia los taxis, coches de alquiler o, como en nuestro caso, el autobús 33 cuya parada está a la izquierda.

Autobús 33 para llegar el centro de Rotterdam

Tiene una frecuencia de 10 minutos y cuesta 3 euros. El billete puede adquirirse en el propio autobús o en máquinas expendedoras como las de la foto, que encontrarás de camino a la marquesina. En menos de 20 minutos, estarás en la Estación Central de Rotterdam desde donde es muy sencillo moverse a cualquier otro punto de la ciudad holandesa en metro, autobús, tranvía o caminando. Desde allí, salen también trenes a la mayoría de capitales europeas. Seguir leyendo “Cómo ir desde el aeropuerto al centro de Rotterdam”

Un paseo por Amsterdam

¡Quiero vivir en Amsterdam! Esas son las 4 primeras palabras que vienen a mi cabeza cuando piso por primera vez la ciudad holandesa. Su arquitectura, canales, limpieza y estilo de vida la hacen tan diferente del resto del mundo que, automáticamente, deseas comprarte una bicicleta y echarte a las calles, a descubrir cada rincón.

Un sol espectacular tiene la amabilidad de acompañarnos durante nuestra estancia de cuatro días, lo que invita a pasear sin necesidad de utilizar el transporte público. La red de tranvías es impresionante, aunque reconozco que, por momentos, siento miedo al cruzar algunas calles, pendiente de bicis, coches, motos y tranvías. ¡Qué estrés!

Ser una de las ciudades más permisivas del mundo hace posible que entres en uno de los llamados coffee shop como quien va a la frutería y decide qué tipo de manzana comprar… Al igual que el Barrio Rojo, donde las mujeres exhiben sus cuerpos en escaparates como si de trajes de distintas firmas se tratara. Se fija un precio y el hombre que lo desea pasa a ese pequeño habitáculo donde disfrutará de 15 ó 20 minutos de placer, a pie de calle, con la única privacidad de unas cortinas…

Como punto extremo, el abanico cultural que ofrece Amsterdam es impresionante. Si un museo capta nuestra atención es el Van Gogh. La visita con audioguía -donde conoces los secretos mejor guardados de la vida de este genial artista- la hace imprescindible para cualquier amante del arte o aquel que desee -simplemente- culturizarse.

El detalle

Un capítulo aparte merece el Grand Hotel Amrâth Amsterdam.

Situado a un tiro de piedra de la Estación Central, y por unos 250 euros la noche, puedes disfrutar de una habitación de ensueño con vistas al canal: cama de dos metros con dosel, minibar y Wi-Fi gratuito, amenities de Lanvin, cafetera Nespresso,… y, además, relajarte en su Wellness Center: piscina climatizada, jacuzzi, baño turco… ¡¡Una maravilla!!

La comida

No podemos destacar nada en especial de la gastronomía holandesa, salvo la cerveza, por supuesto. Seguro que existe una buena cocina, pero nosotros no la encontramos. Sándwiches, ensaladas y pasteles fríos nos acompañaron en este viaje. A destacar, un estofado irlandés que comimos en el Guinness Aran Pub bajo un sol maravillo.

Febo, un buen descubrimiento

J ya lo conocía y se lanzó a por ello. La cadena de establecimientos Febo ofrece comida rápida en distribuidores automáticos a precios muy económicos. Croquetas, hamburguesas y patatas fritas son su especialidad. Merece la pena hacer un alto en el camino para reponer fuerzas.

Un par de consejos

No dudéis en adquirir la I amsterdam City Card. Con ella, podéis entrar en casi 40 museos, con ventajas como evitar la larguísima espera para acceder al Museo Van Gogh o descuentos en diferentes tiendas o cafés. ¡Ojo! La visita a la Casa de Anne Frank no está incluida y las colas son infinitas. Mejor que las compréis por Internet para una hora concreta: si os va la aventura, alquilar una bicicleta y ¡¡dad un paseo en barca por los canales!! (una de las mejores maneras de conocer la ciudad).