14 cosas que me enamoraron (locamente) de Grecia

1. La Acrópolis de Atenas. Uno de los símbolos de Grecia y la primera imagen que asocio a su capital, de ahí que le tenga especial cariño. Situada sobre una cima a 156 metros sobre el nivel de mar, divisable desde casi cualquier parte de la ciudad, es habitual encontrar alguna o varias de sus partes con grúas, ya que el tiempo ha hecho mella y está casi destrozada. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 y el precio de la entrada es de 12 euros. El museo de la Acrópolis, frente a ella, y reinaugurado en 2009, bien merece una visita.

Grecia
Fachada del Partenón

2. Las vistas desde la Colina Licabeto. La Colina de los Lobos debe su nombre a la gran cantidad de estos animales que la habitaban en la antigüedad. Situada en el barrio de Kolonaki, y con 278 metros de altura, desde ella pueden contemplarse las vistas más bellas de Atenas. Para acceder, lo más recomendable es coger el funicular aunque también se puede llegar a pie o en taxi. La mejor hora del día es al atardecer.

Grecia
Vistas desde la Colina Licabeto

3. Naxos. No soy la única que se enamoró de Naxos. Seguir leyendo «14 cosas que me enamoraron (locamente) de Grecia»

Un paseo por Santorini (Grecia)

Santorini fue otra de las paradas de mi periplo por Grecia. Tras la tranquila y apacible Naxos, me encontré con una isla mucho más turística y cara -aunque no tanto como Mykonos-, pero con una belleza y singularidad únicas. Su capital, Thira, se asoma a un precipicio conocido como la Caldera, por la que navegan decenas de cruceros esperando para desembarcar a miles de pasajeros.

Santorini

Su paisaje lo constituyen las características y únicas casitas blancas -impresionante el contraste con la roca casi negra, iglesias ortodoxas de cúpula azul y lujosas joyerías delante de las que pasean los sufridos burros que comunican el puerto con la ciudad y que conviene contratar si no se quieren subir a pie los más de cien escalones que los unen (yo lo hice y es agotador).

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Un paseo por Naxos (Grecia)

Hay lugares de los que te enamoras a primera vista. A veces es el paisaje, la gente, las circunstancias personales del momento o pequeños detalles que te hacen darte cuenta enseguida de que te encuentras en un lugar especial. Eso es lo que me ocurrió cuando llegue a Naxos durante mi aventura en solitario por Grecia. Con apenas 25.000 habitantes -7.000 de ellos en la capital- es la más grande de las Islas Cícladas, aunque una de las menos conocidas y, por tanto, menos turísticas.

Naxos

Su capital, Chora, es en realidad un largo paseo marítimo repleto de pequeños restaurantes con terrazas desde las que disfrutar de inolvidables puestas de sol y de una gastronomía que seduce tanto o más que el paisaje. Al final del mismo se encuentra la Puerta de Apolo, el monumento más representativo de la ciudad, la entrada a un templo que nunca llegó a finalizarse dedicado al dios de la luz. Las vistas desde esta colina mientras atardece son inolvidables.

Naxos

El Kastro es el nombre que recibe la parte vieja, una fortaleza construida en el siglo XIII, que conserva una bella torre de las siete que llegó a tener. Adentrarse en sus estrechas y laberínticas calles es una aventura deliciosa. Entrar es sencillo, pero no tanto encontrar el camino de vuelta. Lo normal es salir por otra vía completamente distinta y desorientado. En ese recorrido hay tiendas de lo más variopintas donde comprar desde libros a recuerdos de la isla, aceite de oliva o unas típicas sandalias.

Naxos

Así fue como me topé con Luccullus Taverna, un encantador establecimiento con una terraza casi de cuento, decorada en tonos azules y velas, tan romántica que por primera vez en mucho tiempo sentí no estar en buena compañía. Su carta ofrece especialidades griegas, con pescados frescos, pulpo a la brasa -que secan antes al sol, como podéis en la foto anterior- y productos autóctonos como queso feta, tomate seco, pimiento verde, pepino o aceitunas. Aún recuerdo esa cena como si fuera ayer, un pequeño aperitivo de mousse de cangrejo y un sublime calamar relleno de espinacas y piñones sobre una base de arroz, que después he cocinado varias veces en España intentando rememorar ese momento. No faltó una frasca de vino blanco…

Cómo llegar a Naxos

Naxos tiene aeropuerto propio con vuelos directos desde Atenas, aunque yo llegué en ferry desde Miconos, tras un trayecto de 40 minutos escasos.

Naxos

Dónde dormir en Naxos

El alojamiento en esta isla es muy económico -nunca he pagado tan poco por una habitación de hotel- y el Sagterra es un dos estrellas con una piscina magnífica y bien situado. La habitación era realmente amplia y disponía de un balcón con vistas al jardín. El único pero, la mala costumbre griega de tener platos de ducha con cortinas que obligan a usar chancletas y casi botas de agua. El precio por noche, 28 euros, incluye desayuno (modesto, pero con huevos y embutidos) y traslado al puerto/aeropuerto.

No puedo enseñaros las playas porque no las visité (aunque he oído maravillas). Preferí darme largos paseos por el pueblo, baños en la piscina y disfrutar de una soledad que, aunque ahora sin J se me haría muy cuesta arriba, he de reconocer que disfruté muchísimo. Ahora sólo espero regresar con él o quién sabe, quizás retirarnos allí cuando nos jubilemos, como Carol.

Un paseo por Miconos (Grecia)

Con menos de 10.000 habitantes, de las más pequeñas de las islas Cíclicas, Miconos es también una de las visitadas de Grecia. Su alocada vida nocturna, cita de turismo gay de alto nivel adquisitivo, la ha convertido en uno de los lugares de moda cada verano para miles de parejas en busca de sol, playas -alguna nudista- y fiesta.

También acoge a turistas despistadas como yo, que tuve la suerte de visitarla en mi periplo por este fascinante país hace años, cuando aún no paseaba de la mano de J, el amor de mi vida.

Miconos

Ciudad pintoresca donde las haya, destaca por la belleza y magia de sus callejuelas estrechas y laberínticas, en las que es muy sencillo perderse, con blancas casas de puertas azules, balcones decorados con cientos de coloridas flores y pavimento de losas oscuras. La proximidad de las viviendas -en algunas es posible tocar la de al lado con tan sólo estirar el brazo-, es para protegerlas del viento y del calor, y en una época no muy lejana también de los piratas.

Miconos

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