A pesar de la nieve y las gélidas temperaturas de estos primeros días de marzo, pasean2 regresó a su hogar para encontrar el calor de la familia y los amigos. Con uno de nuestros blogueros favoritos, muchavida, disfrutamos de una de las apuestas gastronómicas más interesantes que hemos descubierto en Salamanca en los últimos tiempos, Tapas 2.0.

Abierta hace tan sólo un par de meses, esta gastrotasca, como se denominan, se abarrota de visitantes dispuestos a saborear algunas de las cerca de veinte originales propuestas que ofrece su carta, divididas en tapas calientes, frías, ensaladas en vaso, carnes y postres.

La elección es difícil, ya que dan ganas de probarlas todas, pero no nos queda más remedio que hacer una pequeña criba. Compartimos un tomate semiseco, Hinojosa y Santoña, sabrosa mezcla de tomate con escamas de queso y anchoa, con un toque de cebollino y aceite de oliva.

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Caminaba con calma y dando reposo al alma, en compañía de su impagable soledad, la más entrañable amiga hasta los tuétanos siempre, y se encontraba ya el paseante en las afueras del salmantino barrio de Tejares. Enlazadas unas a otras por la cintura, un puñado de rapazas, a grito pelado, desaforadamente, cantaba una disparatada, simpática, hoy semiolvidada, pero antaño popularísima cantilena, medio desgargantándose como para enterar a toda la vecindad de su presencia:

“Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, ¡tralará!… /  Por el mar corren las liebres, ¡tralará!, por el monte las sardinas… /  Me encontré con un ciruelo, ¡tralará!, cargadito de manzanas… / Empecé a tirarle piedras, y cayeron avellanas ¡tralará!… / Con el ruido de las nueces salió el amo del peral… / Niño no tires más piedras, que no es mío el melonar, que es de una señora vieja, ¡tralará!… que habita en El Escorial…”

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¡Quiero vivir en Amsterdam! Esas son las 4 primeras palabras que vienen a mi cabeza cuando piso por primera vez la ciudad holandesa. Su arquitectura, canales, limpieza y estilo de vida la hacen tan diferente del resto del mundo que, automáticamente, deseas comprarte una bicicleta y echarte a las calles, a descubrir cada rincón.

Un sol espectacular tiene la amabilidad de acompañarnos durante nuestra estancia de cuatro días, lo que invita a pasear sin necesidad de utilizar el transporte público. La red de tranvías es impresionante, aunque reconozco que, por momentos, siento miedo al cruzar algunas calles, pendiente de bicis, coches, motos y tranvías. ¡Qué estrés!

Ser una de las ciudades más permisivas del mundo hace posible que entres en uno de los llamados coffee shop como quien va a la frutería y decide qué tipo de manzana comprar… Al igual que el Barrio Rojo, donde las mujeres exhiben sus cuerpos en escaparates como si de trajes de distintas firmas se tratara. Se fija un precio y el hombre que lo desea pasa a ese pequeño habitáculo donde disfrutará de 15 ó 20 minutos de placer, a pie de calle, con la única privacidad de unas cortinas…

Como punto extremo, el abanico cultural que ofrece Amsterdam es impresionante. Si un museo capta nuestra atención es el Van Gogh. La visita con audioguía -donde conoces los secretos mejor guardados de la vida de este genial artista- la hace imprescindible para cualquier amante del arte o aquel que desee -simplemente- culturizarse.

El detalle

Un capítulo aparte merece el Grand Hotel Amrâth Amsterdam.

Situado a un tiro de piedra de la Estación Central, y por unos 250 euros la noche, puedes disfrutar de una habitación de ensueño con vistas al canal: cama de dos metros con dosel, minibar y Wi-Fi gratuito, amenities de Lanvin, cafetera Nespresso,… y, además, relajarte en su Wellness Center: piscina climatizada, jacuzzi, baño turco… ¡¡Una maravilla!!

La comida

No podemos destacar nada en especial de la gastronomía holandesa, salvo la cerveza, por supuesto. Seguro que existe una buena cocina, pero nosotros no la encontramos. Sándwiches, ensaladas y pasteles fríos nos acompañaron en este viaje. A destacar, un estofado irlandés que comimos en el Guinness Aran Pub bajo un sol maravillo.

Febo, un buen descubrimiento

J ya lo conocía y se lanzó a por ello. La cadena de establecimientos Febo ofrece comida rápida en distribuidores automáticos a precios muy económicos. Croquetas, hamburguesas y patatas fritas son su especialidad. Merece la pena hacer un alto en el camino para reponer fuerzas.

Un par de consejos

No dudéis en adquirir la I amsterdam City Card. Con ella, podéis entrar en casi 40 museos, con ventajas como evitar la larguísima espera para acceder al Museo Van Gogh o descuentos en diferentes tiendas o cafés. ¡Ojo! La visita a la Casa de Anne Frank no está incluida y las colas son infinitas. Mejor que las compréis por Internet para una hora concreta: si os va la aventura, alquilar una bicicleta y ¡¡dad un paseo en barca por los canales!! (una de las mejores maneras de conocer la ciudad).

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