No es tarea sencilla resumir todas las sensaciones acumuladas durante nuestra última estancia en Berlín. Las infinitas posibilidades que guarda la capital germana nos obligan a centrar esta reseña en el barrio de Prenzlauer Berg, ya que lo exprimimos al máximo durante la semana que estuvimos allí alojados. Al estar esta zona ubicada en la parte este del famoso muro, uno espera que las reminiscencias de la herencia soviética estén presentes en cada esquina. Primera sorpresa. Prenzlauer Berg es hoy en día una verdadera representación del movimiento hipster, ya sea por el empuje de sus vecinos, el proceso de gentrificación que padece el distrito o su pasado bohemio y contracultural.

¿Cómo llegar a Prenzlauer Berg?

Prenzlauer Berg

Metros, tranvías, coches y bicicletas en perfecta armonía.

La forma más auténtica de llegar a Prenzlauer Berg es hacerlo en U-Bahn (metro) hasta la parada en superficie de Eberswalder Straße. Antes de bajar al asfalto, el viajero observará una sucesión de pequeños comercios que compiten entre sí por captar clientes a golpe de neón y música estruendosa. Por aquí pasan también varias líneas de tranvía (M1, M10 y 12) y algún autobús, aunque, puestos a hacer el hipster, lo ideal es cruzar este caos de gente montado en una bicicleta, modelo fixie para solteros tatuados o christiania para padres barbudos. Toma como referencia las siguientes calles para patear el barrio: Kastanienallee, Pappelallee y la denominada LSD Viertel (Lychenerstr, Schliemannstr y Dunckerstrasse).

¿Qué ver en Prenzlauer Berg?

Prenzlauer Berg

La antigua fábrica de cerveza reconvertida en recinto cultural

Grandes avenidas para pasear sin rumbo que son, en su mayoría, una sucesión de edificios del siglo XIX rehabilitados a conciencia, respetando las alturas originales y ofreciendo en todo su esplendor bellas fachadas y escondidos patios. Merece la pena adentrarse en las instalaciones de Schultheiss, una antigua fábrica de cerveza reconvertida en complejo cultural con cines, clubes e interesantes museos, como el dedicado a la vida en la RDA. Otras paradas obligatorias: torre Wasserturm, alrededores de Kollwitzplatz o las iglesias de Zion y Getsemané, origen de los movimientos que permitieron la caída del Muro, cuya historia, por cierto, está muy presente en el centro de interpretación Gedenkstätte Berliner Mauer.

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A la entrada del pueblo más bonito de Salamanca, Candelario, se encuentra el mejor restaurante de la localidad, ‘El Ruedo’. En su cocina tradicional destacan platos muy elaborados donde siempre prima el producto de mayor calidad, con verduras de temporada de su propia huerta ecológica, así como carnes, quesos y embutidos ibéricos de la comarca. Destaca su amor incondicional por la micología, con presencia de diferentes especialidades con setas entre su oferta culinaria: sopa de hongos con foie y piñonesrevuelto de rebozuelos con hebras de calamartartar de amanita caesarea y trucha ahumadalagarto ibérico con oreja de Judas y hongoslomo de ciervo con angulas de monte

Tataki de salmón y rebozuelos, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

Boletus con jamón ibérico y parmentier de queso, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

Su amplia carta está pensada para satisfacer a todos los paladares: desde quien busca opciones de ‘toda la vida’, como sopa castellana con huevo escalfado, chuletillas de cabrito lechal o chuletón de morucha, hasta aquellos que preferimos algo distinto: tataki de salmón y rebozueloscarpaccio de ibérico, foie y jamón; milhojas de calabacín con morcilla de Burgos, crema del Casar y galleta de cerealesensalada de melón, menta y salmón ahumado a la crema agriagazpacho de rúcula y manzana ácida con piruleta de queso de cabra

El Ruedo

Carpaccio de ibérico, foie y jamón, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

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De camino al Gran Premio de San Marino de Moto GP pudimos aprovechar un día entero en Bolonia, la bella ciudad que se encuentra al noroeste de Italia, capital de la región Emilia-Romaña. La urbe es de fácil manejo y cortas distancias, aunque no la recomendamos para familias con niños pequeños por culpa del intenso tráfico rodado. Sí creemos que es un destino ideal para estudiantes con beca Erasmus, jóvenes con ganas de marcha o blogueros ligeros de equipaje, como nosotros.

Bolonia

Aceras que parecen palacios

1. La llegada: aterrizamos en el Aeropuerto Marconi, una de las bases más importantes para compañías low cost en el sur de Europa. Está ubicado a unos 10 kilómetros del centro de Bolonia, donde llegamos sin mayores problemas en el Aerobus de la línea TPER por unos 6 euros, con parada muy cercana a la Porta Saragozza, la zona de nuestro apartamento. Si sois tres o cuatro personas en el grupo, quizá os convenga hacer el trayecto en taxi por menos de 20 euros.

Bolonia

Motos, coches, empedrado y soportales

2. La ciudad: mundialmente conocida por el magnífico estado de conservación de su casco histórico, Bolonia es una urbe capaz de trasladarnos a una época medieval, pero, a día de hoy, sólo se entiende como un caos de coches y motos perfectamente organizado. Recomendamos dejarse llevar entre los soportales sin un rumbo fijo, pues merece la pena fijarse en los detalles de su esplendida arquitectura en cada rincón del paseo. También es sede de marcas míticas como Lamborghini o Ducati. Seguir leyendo

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