‘El Ruedo’ (Candelario-Salamanca)

A la entrada del pueblo más bonito de Salamanca, Candelario, se encuentra el mejor restaurante de la localidad, ‘El Ruedo’. En su cocina tradicional destacan platos muy elaborados donde siempre prima el producto de mayor calidad, con verduras de temporada de su propia huerta ecológica, así como carnes, quesos y embutidos ibéricos de la comarca.

No tiene pérdida

Destaca su amor incondicional por la micología, con presencia de diferentes especialidades con setas entre su oferta culinaria: sopa de hongos con foie y piñonesrevuelto de rebozuelos con hebras de calamartartar de amanita caesarea y trucha ahumadalagarto ibérico con oreja de Judas y hongoslomo de ciervo con angulas de monte

Tataki de salmón y rebozuelos, en ‘El Ruedo’ (Candelario)
Boletus con jamón ibérico y parmentier de queso, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

Su amplia carta está pensada para satisfacer a todos los paladares: desde quien busca opciones de ‘toda la vida’, como sopa castellana con huevo escalfado, chuletillas de cabrito lechal o chuletón de morucha, hasta aquellos que preferimos algo distinto: tataki de salmón y rebozueloscarpaccio de ibérico, foie y jamón; milhojas de calabacín con morcilla de Burgos, crema del Casar y galleta de cerealesensalada de melón, menta y salmón ahumado a la crema agriagazpacho de rúcula y manzana ácida con piruleta de queso de cabra

El Ruedo
Carpaccio de ibérico, foie y jamón, en ‘El Ruedo’ (Candelario)
El Ruedo
Tartar de tomate con crujiente de queso, en ‘El Ruedo’ (Candelario)
Pulpo soasado sobre crema de patata y chips, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

Los postres, todos caseros, no desmerecen el resto del menú: pastel de castañas y chocolate caliente, tarta de queso aromatizada con frutos del bosque, tarta de chocolate caliente con mermelada de naranja amarga y crema de leche, flan de higos o un originalísimo tiramisú ‘deconstruido’.

Tiramisú, en ‘El Ruedo’ (Candelario)
El Ruedo
Tarta de queso y té matcha, en ‘El Ruedo’ (Candelario)

La bodega de ‘El Ruedo’ es acorde a su oferta culinaria. Vinos de la tierra: Viñas del Cámbrico, 575 Uvas, Zamallón Osiris, Hacienda Zorita, La Zorra…, una amplia variedad de riojas y riberas, y pequeñas muestras del Bierzo, Extremadura, Castilla-La Mancha o Costers del Segre, todos ellos a un precio más que competitivo.

Una bodega sorprendente

Y, si buscas menú del día en Candelario, también está disponible de lunes a viernes, con tres primeros y tres segundos a elegir, postre, pan y vino a un precio inmejorable de 12 euros. Y, en fin de semana y festivos, un ‘plato del día’ por 18 euros. Al frente del negocio se encuentra Pepe, que con maestría torera también atiende la barra donde degustar excelentes tapas y una amplia variedad de vinos por copas. Acompañado de su encantador hermano Félix, han apostado por una cocina distinta en Candelario y se han ganado, con creces, nuestros estómagos y el de cualquier turista que se acerca a este incomparable pueblo de Salamanca. No hay visita por nuestra parte donde ‘El Ruedo’ no entre en nuestros planes.

 

‘La Artesa’ (Candelario-Salamanca)

La Artesa
Jardín de verano en ‘La Artesa’

Como sabéis Candelario es, después de Madrid, Salamanca y Léon, nuestra segunda casa. En ella nos sentimos como pez en el agua, paseando por sus empinadas calles, bebiendo de sus fuentes, contemplando los paisajes naturales y disfrutando de su excelente y variada gastronomía.

Ya os hemos hablado de algunos de sus restaurantes, en los que abundan los platos micológicos, guisos típicos de la zona, como el calderillo bejarano, asados o truchas de río. Pero lo tradicional no tiene por qué estar reñido con la innovación, y en ‘La Artesa’ dan buena muestra de ello. La carta es completa y muy variada, con propuestas tan sugerentes como Ensalada de carpaccio de morucha con aliño de turrón y sésamo garrapiñado, Sardina ahumada sobre zorongollo extremeño, Albóndigas de retinto con ragut de calamar o Hígado de pato sobre carpaccio de jamón y coulis de frutos rojos.

Durante la época estival habilitan una carpa en el jardín, convirtiéndolo en un coqueto y romántico espacio en el que disfrutar de los mejores manjares con el único sonido del agua de la fuente que lo preside.

Comenzamos con tres entrantes frescos, de cuidada textura y presentación, y a cada cual más delicioso.

La Artesa
Ajoblanco con langostinos

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‘Fuentes charras y coritas’ (II), por Ignacio Carnero

Tal vez para verificar la certeza del adagio de Ovidio ¿Qué cosa más dura que la piedra? ¿Qué cosa más blanda que el agua? Con todo, las duras piedras se taladran con el agua blanda, el articulista se siente impulsado con relativa frecuencia, durante sus cotidianos deambuleos por toda la rosa de los vientos de la entrañable Salamanca, a acercarse hasta las fuentes más o menos ornamentales que existen en esta ciudad.

A bote pronto, el paseante recuerda la de La Alamedilla, con sus cisnes tontivanos y presuntuosos y sus simpáticos patos. La vetusta fontana del Caño Mamarón. La del paseo y jardines de Las Carmelitas, casi a la sombra del Niño del Avión. La antañona del franciscano Campo de San Francisco, así como la de más reciente creación en la plazuela del Oeste, y la también poco antigua de la Puerta de Zamora, ubicada sobre uno de los refugios antiaéreos que se usaron durante la Guerra (in)Civil española.

La fuente de la recoleta plazuela de Los Sexmeros, esa que luce sendas placas de pizarra con dos muy severas inscripciones varias veces centenarias: Los q dan consejos ciertos a los vivos son los mvertos y AD 1792 Aqvi mataron a un homvre, rvegven a Dios por el. La ignorada por casi todo el común de los mortales no sólo forasteros, sino incluso habitantes de la Ciudad del Tormes, en un rincón único, ameno como pocos, fascinante y paradisiaco, novelesco y poético del Huerto de Calisto y Melibea. En el cual, durante las soledades crepusculares parece que aún transitan, redivivas, las sombras de los personajes de la tragicomedia por excelencia, nacidos a la Literatura por arte de Fernando de Rojas.

Además de las fuentes cantarinas en las plazas de Santa Teresa, de Los Bandos, de La Libertad y en la Glorieta de Béjar, el paseante añora el manantial de La Zagalona -no Cagalona, según el vulgo-, venero hoy desaparecido de la faz de tierra, y que estaba ubicado como a un tiro de piedra de la embrujada Cueva de la Múcheres.

Pocas más, cuyo recuerdo se pierde entre los recovecos de la memoria, pudiendo contarse, pues, con los dedos de ambas manos dichas fontanas, y eso que la capital de la provincia, cuando menos, centuplica en extensión y habitantes a la pequeña población serrana de Candelario, que hoy nos ocupa.

Aparte las regateras que surcan el suelo casi siempre pino y empedrado del lugar, y las auténticas alfaguaras que brotan, reventonas y salvajes, en los montaraces alrededores, ¿cuántas fuentes corren y cantan en su reducido núcleo urbano?

También a bote pronto y a vuelapluma, sin orden ni concierto, bien es cierto, a la memoria del ‘bitacorista’ acude el nombre de la fuente en la cuesta de la Romana, casi a la misma sombra del sol recién estrenado del magnífico edificio del Ayuntamiento. Con sus dos caños cantando día y noche, relajadores, no fue así bautizada porque por esos pagos estuviera avecindada ninguna hija ilustre de la impar Ciudad Eterna, Roma, también conocida por alguno como Salamanca la Grande, sino porque se deseaba honrar con dicha denominación al clásico instrumento llamado romana, que servía para pesar, habiéndose utilizado tal herramienta principalmente cuando la industria chacinera era floreciente en la villa candelariense o corita, que también así es mentada.

La fuente de Las Ánimas, a los pies del cementerio local, con sus aguas risueñas y cantarinas cuando los deshielos primaverales, pese a la gravedad del melancólico recinto que le brinda la sombra de las sombras, de los decrépitos recuerdos y de los olvidos, de las cenizas y el polvo de los que fueron un día, de las cruces, de los rosales, de las siemprevivas y de los lúgubres cipreses y sus murmullos…

La de la Hormiga, en otro cruce de callejas, en honor del minúsculo insecto, cantado en el refranero con paremias como Imita a la hormiga si quieres vivir sin fatiga, Hasta una hormiga muerde si la hostigas, Hormigas con alas, tierra mojada, etc.

Las fuentes, todas rotuladas en bellos azulejos talaveranos, bautizadas con las gracias de Cruz de Piedra, Calle Mayor y la Carretera, sin echarle más imaginación a la cometa, como vulgarmente se dice, sin encerrar más malicia ni intríngulis alguno, son así conocidas por la enorme cruz pétrea que la preside, una; por estar ubicada en dicha vía pública, la segunda; y por encontrarse, a las afueras de la localidad, en la carretera que conduce a Béjar, la tercera.

La de Perales, no sombreada por estos hermosos árboles de la familia de las Rosáceas, productores de peras, como parecería lógico, sino por grandes ramos de hortensias; y la del Barranco, que medio agoniza desde hace bastante tiempo durante los otoños y los inviernos, mientras las nieves cubren la sierra, en la amena cuesta del mismo nombre, que desciende desde el Mirador.

Y por último, la más dilecta para el viajero, que no es otra sino la fuente del Parque, formando monumento al nunca bien pagado benefactor José Agustín Jáuregui. Quien, además de socorros sin cuento a la Asociación Salmantina contra la Mendicidad y alivios de cuantas miserias y dolores de las clases humildes llegaban a su conocimiento, costeó por su sola cuenta en el Cerrado de Pita o Corrito de las Eras, allí en Candelario, la construcción de un magnífico albergue para solaz veraniego de los niños más menesterosos de Salamanca, tanto de la capital como de la provincia, sin escatimar gastos para enseñanza y alimentación de aquéllos durante su permanencia de un mes en la colonia. El cual Jáuregui fue el ‘inspirador’ del Callejero Histórico Salmantino, libro nacido a consecuencia de residir el autor de éste, el firmante del presente, en la vía pública dedicada al prohombre, del que nadie, en absoluto, ni los más sabios y viejos de la Ciudad del Tormes, sabía dato alguno acerca de quien daba a aquella calle su nombre.

En pago, sin embargo, a tamaña munificencia, cierta noche de malos vinos unos vándalos beodos, de esos a los que había que concederles, si existieran, condecoraciones y medallas por imbéciles, por duplicado, porque una de ellas se les perdería, sin duda, de puro mentecatos y borrachos, destruyeron aquellas esculturas que tanto daño debían de hacer al pueblo… Restaurado no hace muchos años el grupo escultórico, cabe confiar que nuevos incivilizados o gamburros no tornen a las andadas en su empeño de echar por tierra la máxima de Ovidio citada al principio, pretendiendo que sus cabezas son más duras que las piedras y que su ignorancia hace más daño que las blandas aguas.

‘Fuentes de Candelario’ (I), por Ignacio Carnero

“Siempre hay nieve en la sierra”… comienza diciendo Eugenio Noel en el maravilloso artículo Cuernos en Candelario, escrito en el primer tercio del pasado siglo, en plena efervescencia de sus campañas antiflamenca, antitaurina, anticlerical y anti todo, en busca de antídotos para tantos males como afligían entonces al país de nuestros pecados, bastante más que cuantos nos aquejan en estos días cada vez más inquietantes.

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Un paseo por Candelario (Salamanca)

Candelario

Si tenemos que elegir otro sitio más para sentirnos en casa, además de Madrid, Salamanca y León, ese lugar es Candelario. A tan sólo 76 kilómetros de la ciudad del Tormes, y ubicada en la sierra de igual nombre, esta villa fue declarada conjunto histórico-artístico en 1975.

Caminar por sus empinadas calles, parando de fuente en fuente, entre las viejas casas señoriales de no más de tres pisos, con balcones de madera y las típicas batipuertas que las protegen de la nieve, es una verdadera delicia para el paseante.

Uno de sus signos más característicos lo constituyen las llamadas regaderas, con sus cristalinas aguas, que pueden ‘programarse’ para limpiar las calzadas en las que se encuentran, así como las colindantes.

J, paseando por Candelario
Regadera

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‘¡Pobres nuestros ricos pepinos!’, por Ignacio Carnero

Dicen ciertas lenguas ociosas y viperinas -aunque el ‘bitacorista’ o ‘bitacoristo’ se resiste a creer el caso comentado-, que la más ínclita de las actuales ministras, de cuyo nombre ya casi nadie quiere acordarse pues en breves meses será ‘ex’ de todo, la cual, de igual modo que el movimiento se demuestra andando, parece ser muy versada, muy erudita, en cuestiones lingüísticas, se refería hace escasas fechas al grave problema surgido recientemente en determinados puntos de Europa con nuestros pepinos y, agárrese, lector, que viene curva, ¡con nuestras pepinas!

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