‘Sabero: el Reino de las Bocaminas’, por @saborleon

Como antes ocurrió con la Ferrería de la Sociedad Palentino–Leonesa de Minas, la historia de Hulleras de Sabero y Anexas, a punto de cumplir 100 años, tocaba a su fin. Entonces la causa fue la falta de un ferrocarril. Hoy ha sido el Plan del Carbón.

Valle de Sabero
Valle de Sabero

Las concentraciones de las gentes del Valle de Sabero no habían servido para nada. El calendario marcaba: 13 de diciembre de 1991, viernes. La sirena del Pozo La Herrera II, en Sotillos,  sonaba por última vez.  El sentimiento de “esto se acabó” inundaba toda la Comarca y trascendía más allá, hasta León y Valladolid. Un manto negro como el carbón, con sensación a derrota, se posaba sobre las peñas, hasta entonces estratégicas, cuyas entrañas sirvieron para forjar el futuro de las gentes de Sabero. Atrás quedaba la prosperidad del carbón que los proyectos de personajes legendarios en el Valle:  “El Inglés”, Botías, Izaguirre, Domingo López o los inversores del desaparecido Banco Industrial de León, ayudaron a crear la hoy reducida a una  cita en la página de la historia de la Economía Leonesa. Los recuerdos de la infancia, narrados magistralmente por Julio Llamazares en “Escenas de cine mudo”, no volverán. Tocaba sobrevivir.

Minas abandonadas en Sabero
Minas abandonadas

Veinte años después, ¿las minas ayudarán a revitalizar Sabero? Algo ha cambiado:  la rehabilitación y adecuación del  antiguo edificio de  la Ferrería de San Blas en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero, -¡espléndido!- cuenta al visitante la historia de la actividad minera y cómo ha interactuado con el Valle. Es el nuevo filón, que ya se explota. Las “bocaminas” de las Juanita, Sucesiva, La Plata, Englantine, Mariate o Imponderable, han vuelto desde el túnel del tiempo, rescatadas por paisanos del lugar, entusiastas de la riqueza natural que atesora el Valle, para ofrecerse como el  recurso sobre el que se pueda edificar un nuevo futuro.  Ese será el paseo de hoy: La Ruta de  “Las Minas” o de las “bocaminas”, que tanto monta.

Comenzamos el paseo. Encontramos prados y vallinas; majuelos, cerezos montiscos, robles, encinas, hayas, pinos, vacas y una pareja de águilas reales. Todo se aprieta para caber en el cuadro que la naturaleza pinta para los paseantes. Se escucha el latir del campo, estamos en primavera. Hacemos un alto en el punto de mayor altura de la ruta 1.170 metros, desde el que se pueden observar los “jirones” de la explotación a cielo abierto que el ecosistema, por si solo, está cosiendo al paisaje.

Peña Corada
Peña Corada

El camino se abre para ofrecernos una vista de la cara norte del conjunto de  Peña Corada, impresionante con sus 1.835 metros y su perfil más montañero, casi desconocido para los no iniciados, en el que resalta su color de naturaleza viva. Junto a ella,  la peña en la que se localizan los restos del Castillo de Aquilareenclave defensivo establecido por los árabes para la defensa de pasos estratégicos y más tarde conquistado por los cristianos. Por el este el Pico Moro, con su afilado picacho de casi 1.800 metros, bravo en sus formas, nos saluda. Se desciende hasta una explanada que antes fue escombrera de la mina Eglantine, en la que hay una zona de descanso y un mirador. Es la hora del vermú que, como en paseos anteriores, corre a cuenta de Vidal. ¡Gracias Vidal!.

Ahora la montaña se desploma en el tajo que llega hasta el río Esla al que, desde aquí, vemos discurrir mansamente, desembarazándose de las angosturas de las montañas que le vienen acompañando desde su nacimiento, con sus aguas de hielo y color esmeralda. Aleje y Verdiago, con su pinga, son manchas reconocibles en el paisaje. Más al norte, se adivinan las cumbres de Los Picos de Europa,  territorio de leyendas como la que cuentan los lugareños, a su manera, sobre “la bella Europa” raptada por un príncipe astur. Estamos entre  monte, peñas y cielo. Es el momento mágico del paseo; el camino está amortizado.

Bocamina
Bocamina

Hasta llegar a Alejico todo es descenso pronunciado. La senda se estrecha, se hace difícil. Hay que clavar los talones para no caer. ¿Qué pensamientos llevarían los mineros cuando la subían? ¿Y cuando la bajaban? Un día y otro, y otro más, durante años. Llegamos a los restos de la tolva que daba servicio a la Mina Mariate, uno de los hitos del propietario minero Domingo López. Nos sigue acompañando el Esla, que por momentos se hace ruidoso. Ahora es la bocamina de La Imponderable la que sale a nuestro encuentro, con su entorno pintado de color de hierro oxidado, de la que sale un reguero de agua que juega con un  primitivo mecanismo que un paisano del lugar ha instalado. Ya estamos en paralelo al Esla. La foto es para el puente colgante entre Alejico y Aleje que se ofrece para subirse a él y despedir las imágenes de postal que hoy han entrado por nuestras retinas. Volvemos a la civilización. Desde aquí, por el borde de la carretera, hasta Sabero.

Puente sobre el Río Esla
Puente sobre el Río Esla

Como colofón, Carrilleras versus Churrasco en el Restaurante ‘Las Ruedonas’. Dos platos que se convierten en un clásico entre los que no exigen mucho a estas horas, pensados para simplemente atender a los paseantes. El lugar está impregnado de una atmósfera que ofrece intimidad, no chirría nada, el lugar adecuado para finalizar con la charleta del paseo.

Dentro de 100 años, ¿otro personaje, al igual que Julio Llamazares, narrará sus recuerdos de infancia en el Valle de Sabero? Yo espero que sí.

Autor: @saborleon

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