Conocida como la ciudad más pequeña en la tierra hasta 1977, Durbuy es también una de las más bonitas. Se encuentra a orillas del río Ourthe, al borde de las Árdenas, en la provincia belga de Luxemburgo, en medio del triángulo formado por Lieja, Namur y Marche. Situado en un entorno natural extraordinario, el pueblo está en perfecta armonía con el paisaje circundante.

La parte vieja data principalmente del siglo XVII y sus calles peatonales, serpenteando entre las casas antiguas, son estrechas y empedradas, constituyendo su principal atractivo. Un paseo por el casco antiguo es una verdadera delicia para el visitante.

A pesar de su escasa longitud, cuenta irónicamente con el mayor parque de jardinería ornamental del mundo, con más de 30.000 metros cuadrados y una gran variedad de figuras que incluyen formas animales y humanas.

Este distrito cosmopolita exhibe con orgullo sus riquezas locales para un número creciente de visitantes de todo el mundo encantados año tras año. Atrae a turistas de los Países Bajos, Alemania, Francia, e incluso Suecia y Japón. Nosotros tuvimos la suerte de que fuera incluida en el blog trip  ‘Destino Bélgica’.

Para hacer un poco de historia os contaremos que Durbuy tuvo un papel muy importante en la defensa de la zona hasta el siglo XIV, debido a su ubicación estratégica en la frontera. Tenía enormes murallas y un castillo construido sobre un promontorio rocoso rodeado por el río Ourthe.

Adquirió su estatus oficial como ciudad en 1331, no porque se tratara de una aglomeración importante, sino porque era un centro para el comercio y la justicia. En su entrada, más allá del viejo puente sobre el río, se encuentra el castillo de los Condes de Ursel, edificado en el siglo XI y reconstruido por la familia en el siglo XVII sobre las ruinas de la fortificación feudal anterior. La iglesia de San Nicolás, de los siglos XVII y XVIII, con su pila bautismal del siglo décimo sexto, y el antiguo convento de los Recoletos, son de particular interés.

Durbuy es un centro turístico muy agradable conocido por su excelente comida. Nosotros cenamos en uno de sus restaurantes más atractivos y modernos que, además, es grill y hotel, ‘Victoria’. ¿A que es preciosa la decoración de la mesa?

Nos recibieron con un cóctel a base de granadina, zumo de naranja y vodka, excelente para acompañar un aperitivo compuesto de gazpacho y guacamole.

El primer plato fue un Carpaccio de ternera con camarones, pan de ajo y una salsa buenísima con vino blanco y champiñón.

Le siguió un Filete de trucha a la parrilla con ensalada al curry y patatas al horno, que tenía este aspecto tan sugerente (y sabía mejor).

Como ya sabéis que no soy nada golosa, me gustan los postres que llevan  fruta y las fresas son de mis preferidas. Éste lo componían un vasito con una especie de crema chantilly (perdonad mi ignorancia pastelera) y fresas confitadas, adornado con un bizcocho, helado de nata con bolitas de chocolate y polvo de pistachos. Una verdadera delicia.

El local cuida tanto los detalles que tiene hasta sus propias botellas de agua, con un diseño así de bonito. Ya siento no haberme traído una…

Nos acompañó durante la velada un vino francés, cuya etiqueta ya está en el libro de recuerdos de pasean2. Una cena fantástica, antes de dormir en el Castillo de Modave. ¿Se puede pedir más a la vida?

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