Antes de visitar la República de San Marino debéis saber que su territorio se extiende en poco más de 60 km² y, aunque nosotros estuvimos allí algo menos de 24 horas, os podemos asegurar que nuestro clásico paseo mereció la pena. Llegamos a este mágico enclave procedentes de Bolonia en una rápida combinación de tren, primero, y bus, después, concretamente, desde la estación de Rímini, ciudad al norte de Italia ubicada en la región de Emilia-Romaña. El cercano mar Adriático, junto al majestuoso Monte Titano y las extensos cultivos de la zona, hacen que las vistas sean de esas que quitan el hipo.

San Marino

La belleza del paisaje

El que dicen es el estado soberano más antiguo del mundo tiene una población de 32.743 habitantes y el primero de ellos, que da nombre al país, fue un maestro cantero que se instaló en sus colinas durante el siglo IV forjando una de las comunidades más pacíficas de las que hay constancia documental. Desde 1243 y de manera ininterrumpida son elegidos dos Cónsules o Capitanes Regentes, quienes, por un período de seis meses, hacen las veces de Jefe de Estado. Como curiosidad, cabe destacar que las monedas de euro sanmarinenses, diseñadas por el artista Frantisek Chochola, son muy apreciadas por los coleccionistas.

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El santo picando piedra

A lo largo de la historia hay constancia de numerosos acontecimientos que dan fe del carácter de esta tierra. Por ejemplo, Napoleón Bonaparte ofreció a San Marino la posibilidad de ampliar su territorio, pero, lejos de aliarse con el genio francés, los dirigentes de esta pequeña república prefirieron mantener sus fronteras reforzando así su neutralidad. Garibaldi, cinco décadas después y casi derrotado, encontró cobijo aquí, mientras que Abraham Lincoln, al ser elegido ciudadano de honor, definió al país como “uno de los más honrados”. Durante la Segunda Guerra Mundial 15.000 lugareños protegieron a 100.000 refugiados que huían de los bombardeos.

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Busto de Garibaldi en un cruce de calles

El territorio de San Marino se compone de nueve pueblos denominados “castelli”. Nosotros paseamos por el principal y capital del estado, que esconde tras sus murallas un importante patrimonio arquitectónico. El turista tiene a su disposición un buen número de museos, jardines, palacios, iglesias, basílicas y piedra, mucha piedra, en un espacio que desde lejos parece más pequeño que desde dentro. En la cima, tres fortalezas unidas por un camino hacen las veces de guardianes, mientras que la Piazza della Libertà es el centro neurálgico de esta diminuta urbe, con el Palacio Público, sede del parlamento, por delante, y la Cava dei Balestrieri, por detrás.

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La piedra siempre presente

Nuestra visita coincidió con el fin de semana que se disputa una de las pruebas con más público de todo el Mundial de Motociclismo, en el cercano circuito de “Misano-Marco Simoncelli”. El viernes previo a las carreras los dos pilotos del equipo Ducati, Iannone y Dovizioso, recorrieron las calles de San Marino con sus motos en un espectáculo que sirvió de aperitivo para los aficionados a este deporte. El vídeo con el desfile de las dos estrellas de Moto GP está disponible en este enlace y la crónica de nuestro paso por el paddock podéis leerla vía Blog en Boxes.

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Pincha en la imagen para ver el vídeo

La oferta de alojamiento es bastante amplia, teniendo en cuenta las reducidas dimensiones de esta zona turística. La hospitalidad es marca de la casa y sello de distinción en el sector hotelero sanmarinense. Nosotros nos decantamos por las tres estrellas del Hotel Joli para pasar la noche y disfrutar de sus fantásticas vistas. Lo mejor de su ubicación en Viale D’Urbino es que se puede ir andando a todos los sitios, dato importante si tenemos en cuenta la alta restricción que existe al tráfico rodado debido a la estrechez de la calzada.

En lo que a buen comer se refiere hay que reseñar la influencia de una agricultura con orígenes milenarios, su peculiar interpretación de la pasta italiana a través de los strozzapretis, cappellettis y passatellis, variedad de fiambres o quesos y un amplio abanico local de tintos, blancos y moscatos. Esta peculiar gastronomía pudimos saborearla en ‘Righi la Taverna’ y en ‘La Terraza’, un restaurante panorámico con sabrosos platos y vinos muy cuidados, según se puede observar a continuación en la galería fotográfica.  

Si después de leer esta entrada estáis pensando visitar San Marino, no dudéis en consultar su portal de turismo, revisar las interesantes sugerencias del blog oficial o seguir los perfiles abiertos en las diferentes redes sociales: TwitterFacebook e Instagram. Este destino es ideal para moteros con ganas de curvas, mochileros, familias con niños, amantes de la historia y gastrónomos de paseo, como nosotros. 

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