Hasta el día 20 se celebra ‘De tapas por Madrid’, que cumple ya su octava edición. Ciento once establecimientos participan este año dentro de cuatro rutas diferenciadas por colores: roja, azul, amarilla y verde. Tapa y botellín Cruzcampo por 2,40 euros.

La variedad es de lo más amplia, como ocurrió en la pasada convocatoria, y cada local es un mundo. Los hay que muestran verdadero interés porque este tipo de iniciativas sirva para dar a conocer su negocio para futuras ocasiones y quienes aprovechan para hacer caja ofreciendo una tapa cuya elaboración no va más allá de servir lo que cocinaron por la mañana en una cazuela de grandes dimensiones, como ‘Mesón El Paleto’ y su carne estofada de toda la vida, que han rebautizado como El Hortelano. No hicimos ni foto…

Tampoco se esfuerzan demasiado en ‘Mesón Cubano’, con su Ropa Vieja, la misma de su plato del día que hemos probado alguna vez, aunque servida en esta ocasión sobre una rebanada de pan. Para colmo, cuatro personas en su minúscula barra les supone un tremendo estrés. Pago por adelantado (no vaya a escaparse alguno) y una frase sepultaria: ‘Quien quiera limón para la cerveza, que lo pague’. En fin…

Pero, por suerte, hay quien se lo toma en serio, como ‘Con 2 Fogones’ y su Risotto Yin y Yang, con dos tipos de arroz, blanco con Torta de El Casar y negro con tinta de calamar, acompañado de espinacas con crema, jamón ibérico y chopitos (el nuestro llevaba calamar en su lugar). Cuando llegamos acababan de abrir la cocina y por la espera de veinte minutos el camarero nos invitó a otros dos botellines. Todo un detalle.

Otra sorpresa fue la de Samara, uno de los restaurante egipcios con más solera de Madrid, que ofrece su versión en miniatura del Shawarma de toda la vida, con ternera asada a la brasa de carbón y un hummus realmente sabroso.

En ‘Divina Gula’ han creado este año Tempura de mar y huerta con alioli en blanco y negro, un bocado que combina pimiento de Padrón con calabacín, berenjena y langostino, acompañado de una salsa de wasabi y otra de tinta de calamar. Crujiente y como no podía ser de otra manera, recién hecha.

Buenas intenciones también las de ‘La Jauría’, en la calle de Colón, con su Vieira ibérica en salsa de trufa negra, pero se queda en presentación, ya que se es tan salada que resulta incomible. Como decía la encargada: ‘Se nos ha ido un poco la mano con la sal’. ¿Un poco?

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